Juan Manuel de Prada: “En una época descreída, la rebeldía es creer”

Publicado originalmente en El Confidencial

El gran heterodoxo de la literatura española tiene nueva novela, ‘Lucía en la noche’

JUAN SOTO IVARS

TIEMPO DE LECTURA11 min
07/02/2019 05:00 – ACTUALIZADO:

El escritor Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970) vuelve al ruedo literario con una novela, ‘Lucía en la noche’ (Espasa), donde una relación amorosa se convierte en una suerte de investigación policial. Alejandro Ballesteros, enamorado de Lucía, descubre tras la desaparición de su amada que todo cuanto creía saber de ella era mentira. Todo, quizás, salvo el amor. Hablamos con el autor sobre las relaciones de pareja, los anacronismos y la odiosa maldición de ser hijos de nuestra época.

PREGUNTA. Decía hoy Juan Tallón que pasa algo raro, porque hace como dos meses que un novelista no ha dicho que la novela ha muerto. ¿Tendrá usted ganas de decirlo en esta entrevista?

RESPUESTA. No. Lo que está muerto, fiambre y horrendamente podrido es todo este rollo de la autoficción y la literatura ombliguista, de contar lo que le pasó a tu tío abuelo, que era el jefe de Falange, y todas estas cosas. Eso sí está agotado, pero la novela sólo necesita un poco de chapa y pintura. A la novela le pasa como al Dios de los cristianos, que aunque esté muerto sabe cómo salir de la tumba. La necesidad de que la imaginación piruetee encaramada a unos personajes que nos recuerdan un poco a nosotros pero viven historias distintas va a existir siempre.

P. Usted me parece un inadaptado orgulloso de serlo. ¿Cuál cree que es la postura más sana hoy?

R. Aprendí de mi maestro Chesterton que la única forma de cordura es liberarse de la degradante esclavitud de ser hijos de nuestra época. Un comienzo de salud sería no aceptar que la época en la que vivimos tiene razón. Para un escritor especialmente. Aceptar que la época en la que has nacido tiene razón te castra, te convierte en un eunuco intelectual y creativo. Hay que rebelarse contra esta degradante esclavitud. A partir de ahí uno encontrará muchas fórmulas. En una época descreída, una forma de rebeldía es creer. En una época autojustificativa, la rebeldía es aceptar tus culpas. En una época que vive de forma enloquecida y frenética, la rebeldía es parar.

P. En ‘Lucía en la noche’ nos encontramos con viejos conocidos: Alejandro Ballesteros, Ramiro Cifuentes, la pintora tórrida Rosario Tena. ¿Alejandro Ballesteros es un heterónimo suyo?

R. Podría ser un trasunto. Una especie de alter ego, que me hace gracia que la gente vea como una proyección de mí mismo, pero no lo es. Puede tener algún rastro. Cuando me río de él sí me estoy riendo de mí.

P. Ballesteros ha pasado una época en las tertulias de la tele. Una época que mira con infinito asco, como le pasaba a Octavio Saldaña en ‘Mirlo blanco’. Tengo la impresión de que usted no consigue sacarse la espina de los años que prostituyó en las tertulias. ¿Su regreso está siendo más sano?

R. Siempre me siento incómodo en la televisión porque es acelerada y distorsionadora. He vuelto en pequeñas dosis a un Espejo público por simpatía y admiración hacia su presentadora, y por ese prurito de que parece que tengas que estar visible para que la gente no piense que te has muerto. Pero no me gusta la tele. Allí, las opiniones sistémicas son las que imponen su ley. Siempre está representada gente que va a defender una determinada línea y esto me hace sentir allí un extranjero.

Juan Manuel de Prada. (EFE)
Juan Manuel de Prada. (EFE)
P. Su narrador describe al personaje de Lucía con las mismas palabras que emplea usted en los agradecimientos para describir a su mujer, María Cárcaba. ¿Le ha hecho posible el matrimonio, como a su protagonista, volver a escribir literatura?

R. Sí. Sin duda. Esta es la parte más autobiográfica de la novela. Yo viví una experiencia personal muy dura, un divorcio que me quebró interiormente, y estuve mucho tiempo muy desengañado de la vida y de mi vocación. El encuentro con la que luego fue mi mujer supuso una redención, un renacimiento de muchas cosas que creía perdidas para siempre. Lo que le pasa a Alejandro cuando Lucía aparece en su vida tiene mucho que ver con lo que yo viví.

P. ¿Su mujer es su musa?

R. Sin duda. Aunque la gente idiota considere esto machista, yo creo en la capacidad de una musa. Para mí es extraordinaria. Siempre vemos a la musa como alguien pasivo, pero no lo es. La musa interviene activamente en tu vida y la transforma. La mujer es una redención para el creador. Para el creador que yo soy, quiero decir.

P. Lucía es enigmática, hermética y desconfiada. ¿Ha exorcizado con ella las pequeñas desconfianzas que surgen de la vida en pareja?

R. Es posible. Nunca llegamos a conocer a la otra persona del todo y probablemente eso sea bueno. Creo que la mujer, aunque no tenga una voluntad consciente de ocultar cosas, siempre es un misterio para el hombre que se siente atraído por ella. Tiene algo de ángel, de criatura no terrenal. De hecho, diría que la magia del matrimonio es mantener esa curiosidad y ese misterio.

La poligamia es un síntoma de decadencia social, algo propio de débiles mentales

P. En su novela, la relación de pareja se convierte en un caso policíaco de lo más intrincado. Suerte que Alejandro Ballesteros no es poliamoroso, ¿no?

R. Entonces no habría misterio ninguno. La poligamia es un síntoma de decadencia social, algo propio de débiles mentales. Es un gesto de soberbia desmesurada: nadie es tan importante como para repartirse entre varias personas y tenerlas satisfechas. Es una cosa demente. Revela esa ansiedad y esa compulsividad propia del hombre contemporáneo. Es algo frenético que trata de llenar un vacío monstruoso y aplastante. Lo más verdadero del amor es su intimidad y su exclusividad. Ahí es donde surgen las complicidades y los misterios.

P. Algunos dirán que eso es un anacronismo.

R. Claro, eso dirán. Todo el que se atreve a desafiar el derretimiento mental del hombre contemporáneo en seguida lo quieren convertir en anacrónico. Pues no, es civilizatorio, pedazo de gilipollas. Lo otro te conduce a la disgregación.

P. ¿Por qué?

R. Lo que antes se entendía como comportamientos esquizoides, de personalidad escindida, hoy se trata de presentar como lo normal. Como si la vida fuera un supermercado en el que tú te cambias de identidad cada poco. Unas veces te cambias de sexo, otras de pareja, etc. Son los aspavientos de un gallo descabezado, que es como yo veo al hombre contemporáneo. A las personas las integra el sentido de pertenencia. Sin eso no somos nada, pero la cultura contemporánea y su ideología abyecta te está empujando permanentemente a cambiar. Tratan de destruir el apego, que es lo que nos hacía más fuertes.

P. De hecho, tras la desaparición de Lucía, Alejandro lucha precisamente por conservar el apego. Ella resulta ser una impostora y él emprende una búsqueda. Quiere averiguar quién era ella porque quiere conservar su amor por ella, aunque ella ya no esté.

R. Efectivamente. A él lo rompe la desaparición de Lucía pero lo rompe todavía más descubrir que la Lucía que había conocido era falsa. Que le había mentido. Entonces él, a través de ese intento de reconstruir a Lucía, está tratando de salvar el amor que se habían profesado. Él quiere creer que le mentía en las circunstancias pero no en lo esencial. La búsqueda obsesiva que se inicia tiene ese motor: la obsesión es mantener íntegro ese amor en medio de las mentiras que lo rodea.

Juan Manuel de Prada. (EFE)
Juan Manuel de Prada. (EFE)
P. Pero a medida que sus indagaciones avanzan, aumenta su desazón: cada vez que alguien le da información cierta sobre Lucía, él se siente humillado, casi celoso.

R. Más que celos es la consternación al descubrir que esa persona que amaba confiaba aspectos suyos a otras personas. Esto nos pasa a todos. Todos tenemos un afán posesivo y quien diga lo contrario miente. No solamente en la pareja. Conocemos a un amigo y queremos que sea nuestro amigo por encima otras amistades. Tenemos una necesidad vampírica de poseer al otro por completo. Lucía es un espejo quebrado y esto llena de zozobra a Alejandro.

P. ¿Nadie se expone por completo?

R. Nadie. Somerset Maugham dice que la vida sexual del más anodino de los hombres, expuesta a la luz pública, escandalizaría al hombre más libertino. Hay aspectos de nuestra personalidad que no podemos mostrar. Hay episodios en nuestro pasado que no podemos ni verbalizar. Por eso el sacramento de la confesión tiene tan poco éxito. A la gente le produce rubor abrirse de par en par. Ante el psicoanalista puedes fantasear, pero ante el confesor no. En las relaciones humanas pasa lo mismo: a medida que se crea una intimidad van cayendo velos, pero no creo que lleguemos a desnudarnos del todo. Posiblemente no sea soportable para la otra persona, así que siempre hay un componente de reserva. Por nuestra cabeza pasan cosas monstruosas. A lo mejor deseamos la muerte a alguien. Incluso a alguien querido, por divertirnos, por fantasear. La novela plantea la pregunta de hasta qué punto es saludable querer saber más.

Somerset Maugham dice que la vida sexual del más anodino de los hombres, expuesta a la luz pública, escandalizaría al hombre más libertino

P. Me hablaba de la confesión católica y no he podido evitar pensar en las redes sociales, donde fingimos una confesión pero curiosamente siempre somos virtuosos.

R. Eso es parte de la ola protestante. Es el triste legado de la reforma protestante. Al introducir el libre examen, es decir, la capacidad para reconocer los pecados ante Dios, al final lo que introduce es la libre justificación. Lo que hasta ayer eran pecados que reconocía, ahora, como soy yo el que los examina, se convierten en justificaciones. Me atrevería a decir que la idea de Rousseau de que el hombre es bueno por naturaleza ha sido la más nefasta del mundo moderno. El hombre en realidad está traspasado por el mal pero tiene la libertad y la capacidad para vencerlo. Negar esta idea conduce a todos los disparates que tenemos hoy. La gente, para no reconocer sus faltas, desarrolla una retórica victimista.

P. ¿No es imposible resistirse a la fuerza de la corriente?

R. Remar a contracorriente cansa mucho, pero sólo quien nada a contracorriente sabe que está vivo. Quien se hace el muerto es arrastrado y piensa gilipollezcamente que está vivo, pero se equivoca. Para mí este es el principio de salud mental. Los caminos de la heterodoxia son diversos y fecundos. En lo que no veo ninguna fecundidad es en el sometimiento a los paradigmas culturales de la época que te ha tocado vivir. Y mucho menos en una época terminal como esta.

P. Es lo que dice Camille Paglia.

R. Es una realidad. Se percibe claramente. El desfondamiento de lo que antaño se llamaba civilización occidental es evidente y a nadie se le escapa.

P. Pero la postura heterodoxa conduce al desprestigio.

R. No le demos excesiva importancia. El desprestigio no deja de ser una percepción que otros tienen sobre ti. Un espejismo, como el éxito. Lo primero que tiene que hacer uno es protegerse fortaleciéndose espiritualmente. Es fundamental. Si hoy día tantas personas tienen enfermedades y trastornos ligadas al espíritu, lo que los antiguos llamaban melancolía y hoy llamamos depresión, es precisamente porque la percepción que el mundo tiene de nosotros nos golpea violentamente y nos hunde, nos hace trizas. Uno tiene que saber atrincherarse. Hay que salir de las redes sociales. Hay que mandar a tomar por culo el ruido ambiental. Uno tiene que llevar una vida al margen de las reacciones que provoca lo que uno ha dicho. Esto es muy sano. Vivimos en la época más formidablemente tiránica de todos los tiempos en este sentido.

R. ¿No conduce eso a la soledad?

P. En cuanto a la soledad, ¿sabes lo que pasa? Que cuando te mandan al desierto descubres que en el desierto hay muchos amigos, ¿sabes? Descubres que el desierto está poblado por muchos eremitas como tú. Y un día enciendes una hoguera en el desierto y se apuntan unos cuantos amigos alrededor de ella, y lo vives con una alegría que no pudiste encontrar en la ciudad de la que te han expulsado. Pero es que, además, la gente que se va congregando en torno a esa hoguera va creciendo y entre tanto la ciudad se va quedando vacía. Hay una frase preciosa de Unamuno sobre Don Quijote, donde le compara con una voz que clama en el desierto. Pero dice: no, porque esa voz al final se convierte en una semilla que poco a poco convierte ese desierto en algo habitado. Hay que apartarse del vértigo banal en el que vivimos. El escritor tiene que ver el mundo desde una atalaya. No puede estar metido en el barullo, porque allí te van a sobornar y a corromper.

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Tiempo de magos’: el zarpazo a la filosofía de Wittgenstein, Benjamin, Heidegger y Cassirer

Publicado originalmente en El Confidencial

El filósofo y periodista alemán Wolfram Eilenberger firma una de las mejores historias del pensamiento contemporáneo que se han publicado en los últimos años

DANIEL ARJONA

14/02/2019 05:00 – ACTUALIZADO: 15/02/2019 20:06
Ocurrió en Cambridge en 1929 y fue el examen oral de doctorado más extraño de la historia de la filosofía. En el tribunal examinador se sentaban dos luminarias: Bertrand Russell y G. E. Moore. El estudiante que comparecía ante ellos era un exmilitar austriaco de 40 años que llevaba diez trabajando como maestro de escuela. Sus inicios habían sido fulgurantes, legendarios, pero, tras publicar su primera obra, decidió “haber resuelto definitivamente todos los problemas del pensamiento”, regaló su fortuna familiar y desapareció para ganarse la vida “con un trabajo honrado”. Ahora, ya cuarentón, no tenía medio de vida alguno y se presentaba ante aquellos examinadores que tan bien le conocían y le observaban intrigados. Pero se trataba de un examen, el alumno había presentado como tesis doctoral precisamente aquel mítico y muy oscuro primer libro suyo, y estaban obligados a hacerle preguntas al respecto. ¿Qué había querido decir exactamente aquí? ¿Y aquí? ¿Y aquí? El examinado intentó explicarse, balbuceó, sudó… pero nadie nunca había expresado ideas semejantes a las suyas, ¿a santo de qué seguir esforzándose? Harto, Ludwig Wittgenstein se levantó, se acercó al estrado, dio unas palmadas en el hombro a Moore y a Russell y pronunció esa frase con la que desde entonces sueñan todos los estudiantes de filosofía que defienden su tesis: “No se preocupen, sé qué jamás lo entenderán”. Le aprobaron, claro. ¿Qué otra cosa podían hacer?

‘Tiempo de magos’ (Taurus)
‘Tiempo de magos’ (Taurus)
No es habitual leer libros sobre filosofía narrados con la fuerza y el sentido de la maravilla de una epopeya mítica. Pero tal es precisamente el deslumbrante logro del filósofo y periodista alemán Wolfram Eilenberger en ‘Tiempo de magos. La gran década de la filosofía 1919-1929’ (Taurus). Cuatro pensadores tan explosivos como inhóspitos se sientan a la mesa de este banquete filosófico como cuatro nigromantes invocando a los espíritus de la historia del pensamiento occidental… para después exorcizarlos de un zarpazo e imaginar algo completamente nuevo. Los cuatro son centroeuropeos, tres alemanes y un austríaco: Walter Benjamin, Martin Heidegger, Ernst Cassirer y Ludwig Wittgenstein. Los cuatro han alcanzado en la actualidad una estatura legendaria, como guardianes de un tesoro de ideas que ilumina nuestro presente sin que nadie haya sido capaz de explicar muy bien por qué. Hasta ahora.

Cuatro pensadores tan explosivos como inhóspitos se sientan a la mesa de este banquete filosófico como cuatro nigromantes

¿Qué ocurrió en aquellos excitantes diez años? La historia arranca en 1919, el año en que “el doctor Benjamin huye de su padre, el subteniente Wittgenstein comete un suicidio económico, el profesor auxiliar Heidegger abandona la fe y monsieur Cassirer trabaja en el tranvía para inspirarse”.

¿Qué es el hombre?
En 1919, el autor del ‘Tractatus Logico-Philosophicus’ es un joven trágico que ha visto cómo se suicidaban tres de sus cinco hermanos, que ha combatido en la Primera Guerra Mundial -y ha sido hecho prisionero- con osadía temeraria, siempre en primera línea de fuego, y que decide renunciar a una fortuna familiar de cientos de millones de euros. Cuando su querida hermana Hermione le replica que poner todo su talento a funcionar a medio gas como maestro de escuela es como usar un instrumento de precisión para abrir cajones, Ludwig Wittgenstein le contesta con otra símil dolorosamente hermoso: “Y tú, hermana, me haces pensar en una persona que mira a través de una ventana cerrada y no puede explicar los movimientos peculiares de un transeúnte; no sabe que fuera hay un vendaval y que a ese hombre acaso le cuesta mantenerse en pie”.

Ludwig Wittgenstein
Ludwig Wittgenstein
Ese mismo año, el judío Walter Benjamin deambula junto a su mujer Dora, su recién nacido hijo Stefan y su amigo Scholem por los cantones suizos con angustia creciente y sin blanca tras retirarle su padre su generosa asignación. Mientras tanto Martin Heidegger aprovecha la oportunidad, abandona el cristianismo, se casa con la protestante Elfrie y logra al fin, con la ayuda de su maestro Husserl, la ansiada plaza de asistente con sueldo fijo en la universidad de Friburgo. Ernst Cassirer, por su parte, judío como Benjamin y tal vez el personaje menos conocido y más entrañable de esta historia, frustrado por una carrera académica que no acaba de despegar, reflexiona en los interminables trayectos de tranvía a la Universidad entre el fuego de las ametralladoras en plena revuelta espartaquista en un Berlín de posguerra violento y miserable.

Como héroes de leyenda que pivotan entre la épica y la tragedia, las vicisitudes personales de los cuatro filósofos se suceden y alternan a lo largo de estas páginas al tiempo que asistimos al despliegue de su pensamiento desde un origen común -ofrecer una nueva y radicalmente honesta respuesta a la gran interpelación kantiana “¿qué es el hombre”?- para desembocar en muy distintos puntos de llegada.

Bertolt Brecht y Walter Benjamin juegan al ajedrez en Dinamarca en 1934
Bertolt Brecht y Walter Benjamin juegan al ajedrez en Dinamarca en 1934
El autor de ‘Tiempo de magos’ supera el reto casi inalcanzable de tornar inteligibles ideas arcanas y oscuras. Como a través de una colorida radiografía, emergen los distintos mapas mentales. Benjamin optará por una filosofía que encumbre como razón de ser la crítica artística, reflejo del autocuestionamiento continuo que caracteriza al ser humano. Wittgenstein asumirá que lo que verdaderamente dota de sentido a la vida y al mundo se encuentra fuera de los límites de lo enunciable y abandonará la filosofía. Heidegger, por el contrario, decidirá que no se puede ser otra cosa que filósofo y anunciará la buena nueva de una ciencia originaria del ser previa a cualquier descripción de lo dado. Y Cassirer, a la contra de los anteriores, repudiará toda esencia única y “mala metafísica” que pueda fundamentar el pensamiento y reclamará el valor del lenguaje y lo simbólico para dar cuenta de la naturaleza humana.

Lucha de titanes en la montaña mágica
Volvamos al principio. O al final. El 17 de marzo de 1929, Heidegger irrumpe en el salón de festejos del Grand Hotel Belvédere de Davos donde ha sido convocado para un debate en la cumbre con Cassirer, un choque de titanes entre dos concepciones de la filosofía. El aspirante ha publicado sólo dos años antes ‘Ser y tiempo’, tiene 39 años y un asiento reservado en primera fila pero él decide sentarse atrás junto a la tropa de asalto de estudiantes adeptos que le habían acompañado para hacer saltar por los aires el establishment filosófico. Cassirer le observa en silencio a sus 59 años, en el cénit de su fama y producción tras concluir su imponente ‘Filosofía de las formas simbólicas’. Estaba a punto de empezar “un acontecimiento decisivo en la historia del pensamiento o, como lo reseñó el filósofo estadounidense Michael Friedman, “una bifurcación esencial en la filosofía del siglo XX”. El título elegido por los organizadores del encuentro de Davos, en ‘La montaña mágica’ de Thomas Mann, no podía ser otro: ‘¿Qué es el hombre?’

Ernst Cassirer y Martin Heidegger en Davos en 1929.
Ernst Cassirer y Martin Heidegger en Davos en 1929.
El pobre Cassirer empezó con mala pata pues un gripazo le obligó a pasar en cama la mayor parte del Congreso mientras Heidegger se calzaba los esquíes diariamente para descender por las vertiginosas pistas de los Grisones alpinos junto a sus impetuosos estudiantes. Como todo conflicto generacional, el combate se decidió finalmente a favor del joven Heidegger en una oscura prefiguración de los tiempos terribles que estaban por venir. Porque, como resume brillantemente Eilenberg:

Wolfram Eilenberger
Wolfram Eilenberger
“Era previsible que la vieja pregunta de Kant acerca del hombre condujera, según se asumiera la respuesta de Cassirer o la de Heidegger, a dos ideales completamente opuestos de evolución cultural y política, tomar partido por una humanidad con iguales derechos formada por todos los seres que utilizan los signos [Cassirer] se oponía al coraje elitista de ser auténtico [Heidegger]; la esperanza de una domesticación civilizadora de las profundas angustias del hombre se enfrentaba a la exigencia de exponerse radicalmente a ellas; el compromiso con el pluralismo y la diversidad de las formas culturales contradecía el presentimiento de una inevitable pérdida de la individualidad en esa sobreabundancia; la continuidad moderadora se oponía a una voluntad de ruptura total y de nuevo comienzo”.

Tres años y medio después, al poco de ser nombrado rector de la Universidad de Friburgo el 1 de mayo de 1933 por el nuevo régimen nacionalsocialista alemán, Martin Heidegger escribe una exhortación a los estudiantes alemanes en un artículo periodístico: “Las doctrinas y las ‘ideas’ no deben ser la norma de vuestro ser. El Führer, y sólo él, es la realidad alemana de hoy y del futuro; él es su ley

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Opinión del editor

Demócrates de Temnos al frente de un destacamento en la marcha de los diez mil que relata Jenofonte fue enviado por los generales, en descubierta a investigar lo que ocurría en una zona visible pero desconocida porque este hombre había demostrado su honestidad en otras ocasiones, discriminando con buen juicio lo cierto de lo falso.

Los partidos políticos españoles, parlamentarios y extraparlamentarios, deberían encargar a cazatalentos acreditados – abstenerse pues Esperanza Aguirre y similares – la búsqueda, encuentro y contratación de hombres – y ahora también de mujeres – que tuvieran las cualidades de Demócrates que alaba Jenofonte. Valentía, capacidad de asumir riesgos, y honestidad para discriminar lo verdadero de lo falso e informar sobre ello en consecuencia.

La mentira como comunicación de líderes cuando mitinean, hablan con periodistas o besuquean electores posibles, se ha asentado sin pudor en nuestros políticos electos o futuramente elegibles. Vergüenza da escuchar a gentes pagadas con nuestros impuestos mintiendo con una cara dura de vendedor de elixires en Dogge City, ciudad sin ley en el Congreso, en la Primera, en la Sexta o en Colón, Colón 34 donde una chica muy decente ofrece su habitación en cuplé de raigambre chamberilera.

Propongo a mis amigos, a mis compañeras de trabajo, a mi familia, a quienes lean lo que opino que no voten a quienes vean que mienten o exageran o deformen la realidad de tal manera que pueda uno apreciar que las felonías que atribuye a sus adversarios políticos esconden las que ella o él ha cometido, sin pudor, para llegar a estar donde están.

Por el bien de España, animense y no les voten. Botemosles!

Alberto Revuelta

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La “Ley de Hubble-Lemaître” reconoce al fin el papel del sacerdote belga Georges Lemaître

Publicado originalmente en la revista digital FronterasCTR

28 noviembre, 2018 por fronterasctr

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(Por Leandro Sequeiros) El filósofo de la ciencia Dominique Lambert publicó en Bruselas en 2008 una obra fundamental, Un atome d´Univers (Un átomo de Universo), en la que aporta datos inéditos para comprender la evolución del pensamiento de Lemaître y su concepción de las relaciones entre ciencia y religión. La editorial Sal Terrae publicó en 2015 la traducción del mismo bajo del título Ciencia y Fe en el padre del Big Bang, Georges Lamaître. Esta obra expresa el reconocimiento de la importancia de uno de los más eminentes científicos del siglo XX, ya que fue el primero en proponer, en dos artículos de 1927 y 1931, la primera formulación de lo que con el tiempo se denominaría “el modelo estándar” de la cosmología moderna, modelo que ha sido confirmado en sus análisis, los cálculos y la síntesis. La Unión Astronómica Internacional ha reconocido en 2018 el valor de los trabajos de Lemaître al renombrar la ley de Hubble. La obra responde a una pregunta: ¿cómo una misma persona pudo ser un eminente científico, fuertemente racional en sus trabajos de astronomía, y a la vez ser un sacerdote fervoroso?

Hace unos días, el 5 de noviembre de 2018, leíamos en una nota de prensa el siguiente titular: Recomiendan renombran Ley Hubble en honor a sacerdote que propuso teoría del Big Bang.

En efecto, la Unión Astronómica Internacional (IAU por sus siglas en inglés) votó a favor de una recomendación para renombrar la Ley Hubble como la “Ley Hubble–Lemaître”, en reconocimiento a las contribuciones del sacerdote y astrónomo belga Georges Lemaître a la teoría científica de la expansión del universo.

“Para honrar la integridad intelectual y el descubrimiento sumamente significativo de Georges Lemaître, la IAU se complace en recomendar que la expansión del universo se conozca como la Ley Hubble-Lemaître”, declaró la asociación el pasado 29 de octubre. Durante la 30° Asamblea General de la IAU celebrada en Viena (Austria) en agosto, se presentó y discutió la propuesta para cambiar el nombre de la ley con el nombre del sacerdote al que se le considera padre de la teoría del Big Bang.

Recomendamos la lectura del comunicado difundido por la IAU, en que la Asociación explicó que la iniciativa buscaba “rendir tributo a Lemaître y a Hubble por sus contribuciones fundamentales al desarrollo de la cosmología moderna”.

También deseaba “honrar la integridad intelectual de Georges Lemaître que le hizo valorar más el progreso de la ciencia en lugar de su propia visibilidad”.

Los 11 mil miembros de la IAU que podían votar fueron convocados a hacerlo por una vía electrónica el pasado 26 de octubre. En total votaron 4.060 y de este grupo, el 78% aprobó la propuesta, mientras que el 20% la rechazó y el 2% se abstuvo.

La IAU señaló en su comunicado que el sacerdote publicó un ensayo en 1927 sobre el ritmo de la expansión del universo, pero “la popularidad limitada de la revista en la que apareció el texto de Lemaître y el idioma que utilizó hicieron que su extraordinario descubrimiento pasara desapercibido durante mucho tiempo por la comunidad astronómica”.

Destacaron que el P. Lemaître, miembro de la IAU desde 1925, intercambió opiniones sobre corrimiento al rojo con Hubble durante la 3° Asamblea General de la IAU realizada en Leiden (Holanda) en 1928.

En una conferencia pronunciada en el año 2016 en el Vaticano, el científico británico Stephen Hawking afirmó que “Georges Lemaître fue el primero en proponer un modelo en el que el universo tuviera un comienzo infinitamente denso. Así, pues, él y no George Gamow es el padre del Big Bang”. El pasado 17 de julio, Google dedicó un doodle al P. Georges Lemaître con ocasión del 124° aniversario de su nacimiento.

Una biografía apasionante

En un extenso artículo publicado en Tendencias21 de las religiones, “Una nueva obra descubre el itinerario científico y espiritual de Georges Lemaître” resumía las ideas más destacadas del extenso libro de Dominique Lambert. Su tesis es que la llamada “teoría del Big Bang”, la Gran Explosión que habría originado nuestro mundo, pertenece a la cultura general de nuestra época, pero originalmente fue formulada por el belga Georges Lemaître, físico y sacerdote católico.

Todo el mundo sabe algo de Galileo, Newton o Einstein, por citar tres nombres especialmente ilustres de la física. Pero pocos han oído hablar de Georges Lemaître, el padre de las teorías actuales sobre el origen del universo. Lemaître nació en Charleroi (Bélgica) el 17 de julio de 1894, y murió el 20 de junio de 1966. No fue un sacerdote que se dedicó a la ciencia ni un científico que se hizo sacerdote: fue, desde el principio, las dos cosas. Un libro publicado en 2008, trae a la actualidad la figura y la obra en ciencia y religión de Georges Lemaître.

Georges Henri Joseph Édouard Lemaître fue sacerdote católico y científico belga. Nació en Charleroi en 1894. En 1911 fue admitido en la Escuela de Ingenieros. En verano de 1914 pensaba pasar sus vacaciones yendo al Tirol en bicicleta con un amigo, pero tuvo que cambiar las vacaciones por la guerra en la que se vio envuelto su país hasta 1918. Después de servir como voluntario en el ejército belga durante la Primera Guerra Mundial, empezó a estudiar física y matemáticas, incluyendo la teoría de la relatividad de Albert Einstein.

Después volvió a la Universidad de Lovaina y cambió su orientación: se dedicó a las matemáticas y a la física. Como seguía con su idea de ser sacerdote, tras obtener el doctorado en física y matemáticas ingresó en el Seminario de Malinas y fue ordenado sacerdote por el Cardenal Mercier, el 22 de septiembre de 1923. Ese mismo año le fueron concedidas dos becas de investigación, una del gobierno belga y otra de una Fundación norteamericana, y fue admitido en la Universidad de Cambridge (Inglaterra) como investigador de astronomía.

Físico, matemático, astrónomo y sacerdote

Después de un año en la Universidad de Cambridge con el astrónomo Arthur Eddington y otro en Cambridge, Massachusetts con Harlow Shapley, regresó a su Universidad. Desde octubre de 1925, Lemaître fue profesor de la Universidad de Lovaina. Abierto y simpático, tenía grandes dotes para la investigación y era un profesor nada convencional. Ejerció una gran influencia en muchos alumnos y promovió la investigación en la Universidad. Además, en 1930 se hizo famoso en la comunidad científica mundial y sus viajes, especialmente a los Estados Unidos, fueron ya una constante durante muchos años.

Lemaître se hizo famoso por dos trabajos que están muy relacionados y se refieren al universo en su conjunto: la expansión del universo, y su origen a partir de un «átomo primitivo». En 1927 publicó un informe en el que resolvió las ecuaciones de Einstein sobre el universo entero (que Alexander Friedman ya había resuelto sin saberlo Lemaître) y sugirió que el universo se está expandiendo, según una de las soluciones; por ello Slipher y Wirtz habían observado un corrimiento hacia el rojo de la luz de las nebulosas espirales. En 1931, propuso la idea que el universo se originó en la explosión de un «átomo primigenio» o «huevo cósmico» o hylem. Dicha explosión ahora se llama el Big Bang.

En los años siguientes desarrolló la teoría y participó en la controversia científica y religiosa sobre el origen del universo. Según su estimación, el universo tiene entre 10 y 20 mil millones de años, lo cual corresponde con las estimaciones actuales. Al final de su vida se dedicó cada vez más a los cálculos numéricos. Su interés en los computadores y en la informática terminó por fascinarlo completamente.

Lemaître y la expansión del universo

Las ecuaciones de la relatividad general, formuladas por Einstein en 1915, permitían estudiar el universo en su conjunto. El mismo Einstein lo hizo, pero se encontró con un universo que no le gustaba: era un universo que cambiaba con el tiempo, y Einstein, por motivos no científicos, prefería un universo inalterable en su conjunto. Para conseguirlo, realizó una maniobra que, al menos en la ciencia, suele ser mala: introdujo en sus ecuaciones un término cuya única función era mantener al universo estable, de acuerdo con sus preferencias personales. Se trataba de una magnitud a la que denominó «constante cosmológica». Años más tarde, dijo que había sido el peor error de su vida.

Otros físicos también habían desarrollado los estudios del universo tomando como base la relatividad general. Fueron especialmente importantes los trabajos del holandés Willem de Sitter en 1917, y del ruso George Friedman en 1922 y 1924. Friedman formuló la hipótesis de un universo en expansión, pero sus trabajos tuvieron escasa repercusión en aquellos momentos.

Lemaître trabajó en esa línea hasta que consiguió una explicación teórica del universo en expansión, y la publicó en un artículo de 1927. Pero, aunque ese artículo era correcto y estaba de acuerdo con los datos obtenidos por los astrofísicos de vanguardia en aquellos años, no tuvo por el momento ningún impacto especial, a pesar de que Lemaître fue a hablar de ese tema, personalmente, con Einstein en 1927 y con de Sitter en 1928: ninguno de los dos le hizo caso.

Para que a uno le hagan caso, suele ser importante tener un buen intercesor. El gran intercesor de Lemaître fue Eddington, quien le conocía por haberle tenido como discípulo en Cambridge el curso 1923-1924. El 10 de enero de 1930 tuvo lugar en Londres una reunión de la Real Sociedad Astronómica. Leyendo el informe que se publicó sobre esa reunión, Lemaître advirtió que tanto de Sitter como Eddington estaban insatisfechos con el universo estático de Einstein y buscaban otra solución. ¡Una solución que él ya había publicado en 1927!

Escribió a Eddington recordándole ese trabajo de 1927. A Eddington, como a Einstein y por motivos semejantes, tampoco le hacía gracia un universo en expansión; pero esta vez se rindió ante los argumentos y se dispuso a reparar el desaguisado. El 10 de mayo de 1930 dio una conferencia ante la Sociedad Real sobre ese problema, y en ella informó sobre el trabajo de Lemaître: se refirió a la «contribución decididamente original avanzada por la brillante solución de Lemaître», diciendo que «da una respuesta asombrosamente completa a los diversos problemas que plantean las cosmogonías de Einstein y de de Sitter». El 19 de mayo, de Sitter reconoció también el valor del trabajo de Lemaître que fue publicado, traducido al inglés, por la Real Sociedad Astronómica. Lemaître se hizo entonces famoso.

La fama de Lemaître se consolidó en 1932. Muchos astrónomos y periodistas estaban presentes en Cambridge (Estados Unidos), en la conferencia que Eddington pronunció el día 7 de septiembre en olor de multitud, y en esa conferencia Eddington se refirió a la hipótesis de Lemaître como una idea fundamental para comprender el universo (Lemaître estaba presente en la conferencia). El día 9, en el Observatorio de Harvard, se pidió a Eddington y Lemaître que explicasen su teoría.

El átomo primitivo

Si el universo está en expansión, resulta lógico pensar que, en el pasado, ocupaba un espacio cada vez más pequeño, hasta que, en algún momento original, todo el universo se encontraría concentrado en una especie de «átomo primitivo». Esto es lo que casi todos los científicos afirman hoy día, pero nadie había elaborado científicamente esa idea antes de que Lemaître lo hiciera, en un artículo publicado en la prestigiosa revista inglesa «Nature» el 9 de mayo de 1931.

El artículo era corto, y se titulaba «El comienzo del mundo desde el punto de vista de la teoría cuántica». Lemaître publicó otros artículos sobre el mismo tema en los años sucesivos, y llegó a publicar un libro titulado «La hipótesis del átomo primitivo».

En la actualidad estamos acostumbrados a estos temas, pero la situación era muy diferente en 1931. De hecho, la idea de Lemaître tropezó no sólo con críticas, sino con una abierta hostilidad por parte de científicos que reaccionaron a veces de modo violento. Especialmente, Einstein encontraba esa hipótesis demasiado audaz e incluso tendenciosa.

Llegamos así a una situación que se podría calificar como «síndrome Galileo». Este síndrome tiene diferentes manifestaciones, según los casos, pero responde a un mismo estado de ánimo: el temor de que la religión pueda interferir con la autonomía de las ciencias. Sin duda, una interferencia de ese tipo es indeseable; pero el síndrome Galileo se produce cuando no existe realmente una interferencia y, sin embargo, se piensa que existe.

En nuestro caso, se dio el síndrome Galileo: varios científicos (entre ellos Einstein) veían con desconfianza la propuesta de Lemaître, que era una hipótesis científica seria, porque, según su opinión, podría favorecer a las ideas religiosas acerca de la creación. Pero antes de analizar más de cerca las manifestaciones del «síndrome Galileo» en este caso, vale la pena registrar cómo se desarrollaron las relaciones entre Lemaître y Einstein.

Einstein y Lemaître

El artículo de Lemaître de 1927, sobre la expansión del universo, no encontró mucho eco. Desde luego, Lemaître no era un hombre que se quedase con los brazos cruzados. Convencido de la importancia de su trabajo, fue a explicárselo al mismísimo Einstein.

El primer encuentro fue, más bien, un encontronazo. Del 24 al 29 de octubre de 1927 tuvo lugar, en Bruselas, el famoso quinto congreso Solvay, donde los grandes genios de la física discutieron la nueva física cuántica. Lemaître buscó hablar con Einstein sobre su artículo, y lo consiguió. Pero Einstein le dijo: «He leído su artículo. Sus cálculos son correctos, pero su física es abominable».

Lemaître, convencido de que Einstein se equivocaba esta vez, buscó prolongar la conversación, y también lo consiguió. El profesor Piccard, que acompañaba a Einstein para mostrarle su laboratorio en la Universidad, invitó a Lemaître a subir al taxi con ellos. Una vez en el coche, Lemaître aludió a la velocidad de las nebulosas, tema que en aquellos momentos era objeto de importantes resultados, que Lemaître conocía muy bien y que se encuentra muy relacionado con la expansión del universo. Pero la situación se volvió bastante embarazosa, porque Einstein no parecía estar al corriente de esos resultados. Piccard decidió huir hacia adelante: para salvar la situación, ¡comenzó a hablar con Einstein en alemán, idioma que Lemaître no entendía!

Las relaciones de Lemaître con Einstein mejoraron más tarde. La primera aproximación vino a través de los reyes de Bélgica, que se interesaron por los trabajos de Lemaître y le invitaron a la corte. Einstein pasaba cada año por Bélgica para visitar a Lorentz y a de Sitter, y en 1929 encontró una invitación de la reina Elisabeth, alemana como Einstein, en la que le pedía que fuera a verla llevando su violín (tocar el violín era una afición común a la reina y a Einstein): esa invitación fue seguida por muchas otras, de modo que Einstein llegó a ser amigo de los reyes.

En una conversación, el rey preguntó a Einstein sobre la famosa teoría acerca de la expansión del universo, e inevitablemente se habló de Lemaître; notando que Einstein se sentía incómodo, la reina le invitó a improvisar, con ella, un dúo de violón. Ya llovía sobre mojado.

Otra aproximación se produjo en 1930, en una ceremonia en Cambridge, donde Einstein encontró a Eddington. De nuevo salió en la conversación la teoría del sacerdote belga, y Eddington la defendió con entusiasmo.

Reconocido por Einstein

Einstein tuvo varios años para reflexionar antes de encontrarse de nuevo personalmente con Lemaître, en los Estados Unidos. Lemaître había sido invitado por el famoso físico Robert Millikan, director del Instituto de Tecnología de California. Entre sus conferencias y seminarios, el 11 de enero de 1933 dirigió un seminario sobre los rayos cósmicos, y Einstein se encontraba entre los asistentes.

Esta vez, Einstein se mostró muy afable y felicitó a Lemaître por la calidad de su exposición. Después, ambos se fueron a discutir sus puntos de vista. Einstein ya admitió entonces que el universo está en expansión; sin embargo, no le convencía la teoría del átomo primitivo, que le recordaba demasiado la creación. Einstein dudó de la buena fe de Lemaître en ese tema, y Lemaître, por el momento, no insistió.

En mayo de 1933, Einstein dirigió algunos seminarios en la Universidad Libre de Bruselas. Al enterarse de que Hitler había sido nombrado Canciller de la República Alemana, fue a la Embajada alemana en Bruselas para renunciar a la nacionalidad alemana y dimitir de sus puestos en la Academia de Ciencias y en la Universidad de Berlín. Einstein permaneció varios meses en Bélgica, preparando su porvenir de exiliado. En esas circunstancias, Lemaître fue a verle y le organizó varios seminarios.

En uno de ellos, Einstein anunció que la conferencia siguiente la daría Lemaître, añadiendo que tenía cosas interesantes que contarles. El pobre Lemaître, cogido esta vez por sorpresa, pasó un fin de semana preparando su conferencia, y la dio el 17 de mayo. Einstein le interrumpió varias veces en la conferencia manifestando su entusiasmo, y afirmó entonces que Lemaître era la persona que mejor había comprendido sus teorías de la relatividad.

De enero a junio de 1935, Lemaître estuvo en los Estados Unidos como profesor invitado por el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. En Princeton encontró por última vez a Einstein.

Ciencia y religión en Georges Lemaître

A Einstein le costó aceptar la expansión del universo, aunque finalmente tuvo que rendirse ante ella, porque sus ideas religiosas se situaban en una línea que de algún modo podría calificarse, con los debidos matices, como panteísta. Por tanto, al otorgar de algún modo un carácter divino al universo, le costaba admitir que el universo en su conjunto va cambiando con el tiempo. Los mismos motivos le llevaron a rechazar la teoría del átomo primitivo. Un universo que tiene una historia y que comienza en un estado muy singular le recordaba demasiado la idea de creación.

Einstein no era el único científico que sufría los efectos del síndrome Galileo. El simple hecho de ver a un sacerdote católico metiéndose en cuestiones científicas parecía sugerir una intromisión de los eclesiásticos en un terreno ajeno. Y si ese sacerdote proponía, además, que el universo tenía un origen histórico, la presunta intromisión parecía confirmarse: se trataría de un sacerdote que quería meter en la ciencia la creación divina. Pero los trabajos científicos de Lemaître eran serios, y finalmente todos los científicos, Einstein incluido, lo reconocieron y le otorgaron todo tipo de honores.

Lamaître jamás intentó explotar la ciencia en beneficio de la religión. Estaba convencido de que ciencia y religión son dos caminos diferentes y complementarios que convergen en la verdad. Al cabo de los años, declaraba en una entrevista concedida al New York Times: «Yo me interesaba por la verdad desde el punto de vista de la salvación y desde el punto de vista de la certeza científica. Me parecía que los dos caminos conducen a la verdad, y decidí seguir ambos. Nada en mi vida profesional, ni en lo que he encontrado en la ciencia y en la religión, me ha inducido jamás a cambiar de opinión». Georges Lemaître falleció en Lovaina poco después de oír la noticia del descubrimiento de la radiación de fondo de microondas cósmicas, la prueba de su teoría.

Una relectura actual de Georges Lemaître

El estudio de Dominique Lambert expresa el reconocimiento de la importancia de uno de los más eminentes científicos del siglo XX, ya que fue el primero en proponer, en dos artículos de 1927 y 1931, la primera formulación de lo que con el tiempo se denominaría “el modelo estándar” de la cosmología moderna, modelo que ha sido confirmado en sus análisis, los cálculos y la síntesis.

Si bien esta obra se refiere sobre todo al estudio de su pensamiento científico sin ignorar que G. Lemaître había tenido una vida espiritual muy rica, la de un sacerdote católico fervoroso, todos los elementos de las relaciones entre ciencia y religión de esa época no habían estado todavía explicitados hasta ahora.

La presente obra trata de responder a esas cuestiones todavía poco conocidas. Este estudio refleja los contenidos de un coloquio sobre Lemaître en el que se aportan elementos nuevos debidos al descubrimiento de nuevos documentos inéditos.

Esta obra se presenta como una biografía espiritual, vivida por el eminente cosmólogo desde su formación universitaria hasta el final de su vida en la que fue presidente de la Academia Pontificia de Ciencias. La obra responde a una pregunta: ¿cómo una misma persona pudo ser un eminente científico, fuertemente racional en sus trabajos de astronomía, y a la vez ser un sacerdote fervoroso?

“Queremos mostrar, -escribe Lambert– que Lemaître no es solamente esa estrella de la cosmología contemporánea a quien se cita y se redescubre cada vez más hoy día. Lemaître fue también un hombre de fe y un sacerdote católico excepcional al que la ciencia no había ocultado nunca una fe simple y profunda. […] Es también una estrella que, como aquella de los Reyes Magos, ayudó a más de uno a encontrar el camino pobre y escondido que lleva al Emmanuel” (pág. 18).

Espiritualidad y ciencia: Lemaître

El primer capítulo (“La estrella de la cosmología contemporánea”) resume la obra científica de Lemaître. Este capítulo está escrito de modo muy pedagógico, muestra las opciones y las conclusiones de su trabajo científico y lo sitúa en su contexto. Esto le permite concluir que “Lemaître es una de las figuras centrales de la historia de la física contemporánea”.

El segundo capítulo contiene informaciones muy interesantes procedentes de archivos inéditos. Éstos se refieren sobre todo a la correspondencia de Lemaître con un compañero durante la guerra, Joris van Severen, un hombre poco simpático, nacionalista flamenco de los primeros tiempos que se comprometió con los ocupantes nazis durante la Segunda Guerra mundial. Las relaciones entre Lemaître y este hombre político se limitan al tiempo en que fueron compañeros de armas durante la Primera Guerra. Los avatares de la guerra les había acercado, y su correspondencia muestra la amistad que se fraguó entonces. Las cartas permiten encontrar las primeras intuiciones de Lemaître.

Dominique Lambert, en la obra que comentamos, hace resaltar dos elementos. El primero es que por medio de su amigo Joris, Lemaître tuvo contactos con Léon Bloy, y quedó seducido por el radicalismo de sus posturas y el valor que le daba a la pobreza y a la abnegación. El segundo elemento es que ya aparece en la correspondencia de Lemaître la pasión por unir una visión científica del universo tal como la presenta la física y los textos de la Escritura. Lo hace a partir del texto latino del libro del Génesis según el cual al principio creó Dios la luz. El fiat lux es la primera palabra del Creador y ésta hace reflexionar a Lemaître sobre la luz, ya que como lector de Poincaré, ésta es la que unifica la visión del mundo.

Estos dos elementos están conectados, ya que la exégesis simbólica de Bloy permite a Lemaître unificar las dos perspectivas. De esta correspondencia amistosa y confiada brotan los elementos más importantes que proporcionan un retrato espiritual de lo que vivía Leamaître en aquella época. El ingeniero que había llegado a ser investigador en matemáticas manifiesta que deseaba consagrar a Dios su vida y hacerse sacerdote.

De la exégesis al átomo

El capítulo siguiente (“De la exégesis al átomo: el doble origen de una hipótesis cosmogónica”) es un estudio riguroso de un texto de Lemaître escrito en la época en la que era seminarista. El texto, publicado anteriormente en el coloquio Georges Lemaître, sabio y creyente, se analiza aquí críticamente y se relaciona con los documentos citados en el capítulo anterior. El análisis de este texto muestra que no se trata simplemente de un trabajo escolar de un estudiante de teología, sino la expresión de una voluntad de unir estrechamente ciencia y teología bíblica.

Con un buen conocimiento de la teoría de Einstein, Lemaître ahonda su reflexión con rigor científico: su deseo de unificación le lleva a preguntarse sobre el origen del universo y sobre el estado inicial de la materia. Este capítulo muestra la unidad profunda del pensamiento de Lemaître, ya que gracias a esta visión podrá, años más tarde, proponer una solución rigurosa a los problemas que plantean a la fe, tanto las ecuaciones de la relatividad como la interpretación, en términos de expansión del universo, las observaciones cosmológicas sobre la luz que procede de las galaxias.

La hipótesis expresada en 1931, en el artículo que se considera fundador de la cosmología moderna, tiene en su trasfondo el intento de solución entre el texto bíblico de la creación y los datos de las ciencias. De igual modo, los debates ulteriores de la cosmología, la cuestión del mundo infinito será habitual en las reflexiones de Lemaître sobre el infinito en matemáticas y en física.

El capítulo IV (“Un camino de interioridad: Lemaître y los “Amigos de Jesús””) describe de forma detallada, la fundación de una asociación de sacerdotes, los “Amigos de Jesús”, muy querida por el cardenal Mercier. Esta asociación nace y se desarrolla en Bélgica y en ella se incorporó Lemaître. La espiritualidad de esta fraternidad está inspirada en los textos de Ruysbroek a los que Lemaître dedica una parte de su tiempo para leerlos y meditarlos.

Los tiempos dedicados a la oración y al retiro espiritual son momentos muy importantes en la vida interior de Lemaître para buscar focos de unificación entre la experiencia de fe y los datos de las ciencias. Estos momentos densos alimentan a Lemaître en los tiempos en que más intensamente se dedica a la elaboración científica, como cuando prepara sus trabajos de 1927 y de 1931 que marcan la historia de la ciencia.

Es necesario insistir en que Lemaître no tuvo una sólida formación teológica (entendida como reflexión crítica y sistemática sobre la doctrina de la Iglesia), sino un modo de vivir su experiencia interior que le permite articular la ciencia y la fe y de este modo explicar por qué en “un mundo científico particularmente hostil o indiferente a las cuestiones teológicas, Lemaître era absolutamente contrario a vivir de forma separada su vida de fe y su vida como científico”. Para Lemaître, el comienzo natural del mundo (postulado por el modelo de universo que él mismo propone) no puede ser confundido con “una creación cualquiera en el sentido teológico del término”.

Fe y ciencia en Georges Lemaître

El capítulo V (“Una vida apostólica: Lemaître discípulo del P.Lebbe”) estudia las relaciones de Lemaître con los misioneros belgas en China, y sobre todo, Vincent Lebbe. El profesor de Lovaina tuvo un papel importante en la recepción de jóvenes estudiantes chinos en Europa que incidieron luego en la reconstrucción de la Iglesia en China.

Los capítulos VI (“¿Poner la fe a resguardo de la ciencia? Los dos caminos hacia un Dios escondido”), y VII (“¿Poner la ciencia a resguardo de la fe? El caso Un´ ora”) desarrollan la postura de Lemaître en la época de su madurez. Hay un momento muy importante en la biografía de Lemaître, la del conflicto con el papa Pío XII. Se sabe que en un discurso célebre, el papa había recogido la idea de un universo en expansión –en los años en que esta teoría no había sido confirmada como lo fue veinte años más tarde- para identificar el “punto cero” de la historia del universo y las primeras palabras del Génesis. Pío XII había seguido la interpretación concordista y apologética de Edmund Whittaker

Lemaître expresa su desacuerdo basado en dos argumentos: el primero se fundamenta en su concepción de la vida intelectual. Los discursos científicos y bíblicos no tienen por qué coincidir, pero hay una unidad que procede de la misma naturaleza del espíritu humano: “La unidad no se fundamenta en una síntesis conceptual, concordista, que él rechaza, sino en una dimensión propiamente religiosa de la investigación científica. La ciencia es una investigación de la verdad”.

El segundo argumento de Lemaître hunde las raíces en su formación tomista, que defiende que la cuestión de la eternidad del mundo es un problema abierto en filosofía. Para Lemaître hay “dos caminos”, dos posibilidades. Esta postura, que ya está presente en sus escritos de 1931, puede considerarse la postura de la Academia pontificia de ciencias de la que fue presidente desde 1960 hasta su muerte.

“Parece que –según el autor de este libro – la Iglesia se fue inclinando progresivamente hacia el modelo de Lemaître que es más respetuoso con la autonomía específica de las ciencias”. Esta postura está bien expresada en el anexo (“Universo y átomo”), en el que Lemaître distingue bien entre la singularidad inicial del modelo estándar (que no es el “punto cero” de la historia cósmica) y la noción de creación específicamente teológica.

El conflicto con el papa Pío XII

Un hecho resulta especialmente significativo en este contexto. El 22 de noviembre de 1951, el Papa Pío XII pronunció una famosa alocución ante la Academia Pontificia de Ciencias. Algún pasaje parece sugerir que la ciencia, y en particular los nuevos conocimientos sobre el origen del universo, prueban la existencia de la creación divina.

Lemaître, que en 1950 fue nombrado Presidente de la Academia Pontificia de Ciencias, pensó que era conveniente clarificar la situación para evitar equívocos, y habló con el jesuita Daniel O’Connell, director del Observatorio Vaticano, y con los Monseñores dell’Acqua y Tisserand, acerca del próximo discurso del Papa sobre cuestiones científicas. El 7 de septiembre de 1952, Pío XII dirigió un discurso a la asamblea general de la Unión astronómica internacional y, aludiendo a los conocimientos científicos mencionados en el discurso precedente, evitó extraer las consecuencias que podían prestarse a equívocos.

Lemaître dejó clara constancia de sus ideas sobre las relaciones entre ciencia y fe. Uno de sus textos resulta especialmente esclarecedor:

«El científico cristiano debe dominar y aplicar con sagacidad la técnica especial adecuada a su problema. Tiene los mismos medios que su colega no creyente. También tiene la misma libertad de espíritu, al menos si la idea que se hace de las verdades religiosas está a la altura de su formación científica. Sabe que todo ha sido hecho por Dios, pero sabe también que Dios no sustituye a sus creaturas. La actividad divina omnipresente se encuentra por doquier esencialmente oculta. Nunca se podrá reducir el Ser supremo a una hipótesis científica”.

“La revelación divina no nos ha enseñado lo que éramos capaces de descubrir por nosotros mismos, al menos cuando esas verdades naturales no son indispensables para comprender la verdad sobrenatural. Por tanto, el científico cristiano va hacia adelante libremente, con la seguridad de que su investigación no puede entrar en conflicto con su fe. Incluso quizá tiene una cierta ventaja sobre su colega no creyente; en efecto, ambos se esfuerzan por descifrar la múltiple complejidad de la naturaleza en la que se encuentran sobrepuestas y confundidas las diversas etapas de la larga evolución del mundo, pero el creyente tiene la ventaja de saber que el enigma tiene solución, que la escritura subyacente es al fin y al cabo la obra de un Ser inteligente, y que por tanto el problema que plantea la naturaleza puede ser resuelto y su dificultad está sin duda proporcionada a la capacidad presente y futura de la humanidad”.

“Probablemente esto no le proporcionará nuevos recursos para su investigación, pero contribuirá a fomentar en él ese sano optimismo sin el cual no se puede mantener durante largo tiempo un esfuerzo sostenido. En cierto sentido, el científico prescinde de su fe en su trabajo, no porque esa fe pudiera entorpecer su investigación, sino porque no se relaciona directamente con su actividad científica».

Estas palabras, pronunciadas el 10 de septiembre de 1936 en un Congreso celebrado en Malinas, sintetizan nítidamente la compatibilidad entre la ciencia y la fe, en un mutuo respeto que evita indebidas interferencias, y a la vez muestran el estímulo que la fe proporciona al científico cristiano para avanzar en su arduo trabajo.

Conclusión: Lemaître, Teilhard y Pascal

Los contenidos del capítulo VIII del extenso estudio de Dominique Lambert (“Lemaître, Teilhard y Pascal: convergencias y divergencias”) puede considerarse la conclusión. Lambert sitúa claramente la filosofía de Lemaître en contraste con los otros dos autores, que también se preguntan por las relaciones entre las ciencias y la religión. Si la visión cósmica de Teilhard de Chardin se suele comparar con la de Lemaître, es necesario diferenciar netamente sus perspectivas. Teilhard es un apóstol de la convergencia entre la ciencia y la fe. Lemaître no procede de esta manera: diferencia siempre que son dos caminos diferentes paralelos.

Por otra parte, las semejanzas con Pascal son más clarificadoras. Uno y otro comparten el mismo estilo de vida científica y espiritual: la observación, la geometría, el cálculo en ciencia y, en la vida espiritual, la oración, la entrega, la renuncia. Uno y otro comparten la misma manera de poner de acuerdo la ciencia y la fe: para Lemaître y Pascal el tema de fondo es “el Dios escondido”, para respetar la trascendencia de Dios y la gracia de su revelación. Pero hay una diferencia: la actitud con respecto al infinito. Para Pascal, la percepción del infinito nos sumerge en un mar de terror; para Lemaître, nos empuja hacia la admiración.

El último capítulo pretende hacer una síntesis de la profunda coherencia de la evolución del pensamiento de Lemaître. Es necesario reconocer que hay una evolución en la manera de unificar la ciencia y la fe, pero no hay una ruptura en este proceso. Más aún: las ideas que presiden la construcción del modelo de universo y la búsqueda de una respuesta termodinámica a la expansión del universo, están ligadas a una convicción nacida de lo que la Biblia dice de la luz.

De este modo, el cambio de una actitud de tipo concordista a una distinción racional no es el reconocimiento de un error, sino el fruto de una mejor comprensión de la revelación y de la especificidad del lenguaje bíblico. La luz del Verbo está presente en los dos caminos. De este modo, D. Lambert puede concluir su estudio con estas palabras: “La estrella de la cosmología contemporánea no puede aparentar ser doble. El padre del Big Bang y el Amigo de Jesús no han cesado jamás de ser la misma estrella”.

Leandro Sequeiros, Doctor en Ciencias, colaborador de la Cátedra Francisco J. Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión.

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El gran mitin de Vox en el Tribunal Supremo

Publicado originalmente en El Confidencial

Ortega Smith, secretario general de Vox, será el letrado representante de la acusación de su partido en el juicio oral contra los dirigentes independentistas. Va ser su gran momento mediático
Foto: El secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, en un acto de la formación en Madrid. (EFE)
El secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, en un acto de la formación en Madrid. (EFE)
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS
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26/01/2019 05:00 – ACTUALIZADO: 27/01/2019 19:30
La primera semana de febrero, tal y como ha comunicado el presidente de la Sala Segunda del Tribunal Supremo al Ministerio del Interior, dará comienzo el juicio oral de la causa especial en la que están acusados por delito de rebelión, malversación, desobediencia y sedición doce dirigentes del proceso soberanista por los hechos de septiembre y octubre de 2017 en Cataluña. Entonces el secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, se enfundará la toga de letrado para, desde estrados, ejercer la acusación popular contra los dirigentes no fugados del ‘procés’ (nueve en prisión preventiva y tres en libertad condicional). El partido de Abascal pide las máximas penas para todos los encausados.

El dirigente de Vox dispone de un papel decisivo en la vista oral. Como en España rige el principio acusatorio, si al final del juicio la fiscalía no mantiene la acusación de rebelión y la modifica por otra de menor gravedad, Ortega Smith persistirá en la imputación y obligará así a que la Sala se pronuncie en la sentencia sobre la concurrencia o no del tipo penal más grave que es el de rebelión (hasta 25 años de cárcel).

Karateca, boina verde y montañero: así es el negociador de Vox en la Junta de Andalucía
ROBERTO R. BALLESTEROS
El secretario general del partido de Abascal lidera el equipo que trata de pactar con Ciudadanos y con el PP el programa y los nombres de los nuevos gobernantes regionales

Además, el letrado y secretario general de Vox, tiene derecho como acusación popular a interrogar a los procesados y formularles todas las preguntas, aunque estos no las contesten, que será lo que ocurra. Podrá también preguntar a todos los testigos, entre ellos a Rajoy. Lo mismo respecto de los peritos que sean llamados a declarar. Y pronunciará su informe final elevando sus conclusiones provisionales a definitivas.

El juicio será retransmitido en directo por algunas televisiones —la pública de Cataluña entre otras— y las demás dedicarán amplios espacios a la vista oral que acaparará páginas digitales y de papel y horas de radio. Será un escaparate panorámico para Vox que incidirá con la actuación forense de Ortega Smith en el aspecto clave de su programa político: la confrontación total con los partidos y políticos que propugnan el derecho de autodeterminación. Y todo eso —y algunas sorpresas más que nos deparará la puesta en escena de la vista oral— sucederá hasta el borde temporal del inicio de la campaña electoral de los comicios del 26 de mayo.

En sectores judiciales no hay demasiadas dudas sobre el sesgo que tendrá la acusación del partido representado por Javier Ortega Smith

La posibilidad de ejercer la acusación popular en España es amplísima. No requiere de condiciones especiales más allá de la buena fe procesal. Por eso la Sala no expulsó a Vox de la causa cuando lo pidió el letrado de Jordi Cuixart. Los magistrados reconocen que la acusación popular, por definición, no es imparcial, pero la ley permite esta forma de participación ciudadana en la administración de la justicia. Aunque ha habido reiterados intentos de limitarla para evitar abusos. Intentos que todavía no han cuajado pero que lo harán en un futuro próximo, exigiendo a las acusaciones populares requisitos de legitimación procesal para poder actuar como tales.

Pero, hoy por hoy y sin objeciones legales, Vox se ha encaramado a los estrados del juicio más importante de la democracia española. En sectores judiciales no hay demasiadas dudas sobre el sesgo que tendrá la acusación del partido representado por Javier Ortega Smith: un gran mitin con más contenido político que jurídico. Estas fuentes suponen que la actuación de la representación de Vox será simétrica —por ideologizada— a la de los letrados de algunos de los procesados que tampoco renunciarán a mitinear en la vista oral, y de cuyos patrocinados se esperan también actitudes desafiantes.

No deberían tardar populares y naranjas en estudiar alternativas para no perder terreno ante lo que va a ser una marea de comunicación política

La gestión del juicio va a ser muy difícil para el presidente del tribunal, el magistrado y ponente de la sentencia, Manuel Marchena. Pero, en distintos términos, va a ser peor para el PP y Ciudadanos que tendrán que escuchar y ver durante semanas de qué manera Vox se mantiene en el candelero de la actualidad en un debate que, por la naturaleza de los hechos que se juzgan, tiene también un componente político indudable.

La dirección de Vox intuyó —como lo hiciera la extinta UPyD de Rosa Díez— que la optimización de las facilidades para impulsar las acusaciones populares supone una contribución importante y de bajísimo coste material a la imagen del partido y a la expansión mediática de sus tesis. No deberían tardar los populares y los naranjas (también el asunto concierne al PSOE) en estudiar alternativas para no perder terreno ante lo que va ser una marea de comunicación política de los ‘voxistas’.

Tras su irrupción electoral en Andalucía y con las encuestas de cara, el gran mitin de Vox a través de la intervención procesal de Ortega Smith se producirá en un ‘urbi et orbi’ mediático y en el especialísimo escenario del salón de plenos del Tribunal Supremo, lo que podría disparar sus expectativas electorales. Estamos en vísperas de hechos muy trascendentales para la política española y para el Estado de Derecho.

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“Cuando la próxima gran llamarada solar nos termine alcanzando, se desatará el infierno en la Tierra”

Publicado originalmente en Publico

El doctor Michio Kaku, conocido físico y divulgador, alerta de que podría repetirse una tormenta solar similar a la ocurrida en 1859, la conocida como evento Carrington.

nuevatribuna.es | Clima espacial 26 de Enero de 2019 (13:15 h.)

“Una gran llamarada solar que termine golpeando la Tierra destruirá satélites, paralizará las centrales eléctricas y todo el infierno se desatará, es sólo una cuestión de tiempo que esto termine sucediendo, es algo inevitable”

“Una gran llamarada solar que termine golpeando la Tierra destruirá satélites, paralizará las centrales eléctricas y todo el infierno se desatará, es sólo una cuestión de tiempo que esto termine sucediendo, es algo inevitable”.

En estos duros términos se pronunció en una entrevista radiofónica esta semana ‘costa a costa’ en EEUU el conocido físico Michio Kaku.

Nueva advertencia ésta que se viene a sumar a las múltiples que se han venido intensificando en las últimas semanas por parte del propio Ejército de los Estados Unidos (como su Electromagnetic Defence Task Force, y con el Cuerpo de Marines preparándose para caso de tormenta solar extrema por orden escrita del Subsecretario de la Marina de EEUU), por el Consejo Nacional Asesor para las Infraestructuras Críticas (“Sobreviviendo a un Apagón Nacional Catastrófico”), o el propio Foro Económico Mundial al incluir ahora también las tormentas solares como una de las tres principales amenazas para el mundo en 2019.

Así el Dr. Kaku señaló que las llamaradas solares en esta escala son raras: solo atacan una vez cada 100 a 200 años, pero puntualizando que el último de estos grandes fenómenos nos golpeó en 1859 (hace ya 160 años) y el planeta podría recibir otro impacto solar pronto.

“Hablo de un worst-case scenario. Hasta ahora hemos esquivado la bala, hasta ahora hemos podido evitar llamaradas de saldo, pero que no se olvide que esas grandes llamaradas solares son como balas y las manchas solares son como rifles. Piensen en rifles disparando balas al espacio exterior y fallando el blanco de la Tierra. Por supuesto que el espacio exterior es bastante grande, pero uno de estos días una de estas llamaradas solares golpeará la Tierra, como sucedió en 1859, y todo el infierno puede desatarse”.

Desde España la organización de protección civil que lleva ocho años ya tratando de concienciar a instituciones públicas y ciudadanos de la necesidad de adoptar medidas de resiliencia y autoprotección es la AEPCCE, la Asociación Española de Protección Civil para el Clima Espacial y el EMP.

A su trabajo y previsión se debe que ya desde 2011 exista, al menos, un Decálogo de Autoprotección para la ciudadanía ante los fenómenos extremos de la meteorología espacial. Decálogo éste que fue adoptado oficialmente después, en 2012, por la Protección Civil de Extremadura como recomendación para toda su población civil y tomado como ejemplo de buena práctica por el propio Congreso de los Diputados en su primera resolución reconociendo la amenaza de este riesgo natural, adoptada por unanimidad.

Y a ellos se debe, también, que contemos ahora, por primera vez, con un completo manual de autoprotección familiar ante este tipo de fenómenos extremos “Tormenta solar: Guía de Autoprotección Familiar”.

El propio Parlamento Europeo acaba de admitir a trámite su petición para que, por primera vez, sea la Unión Europea la que defina una “Estrategia de la UE ante el clima espacial y el EMP”, como ya hizo EEUU, y se aborden numerosas cuestiones pendientes para mejorar la seguridad de los 500 millones de ciudadanos europeos ante este tipo de grandes emergencias.

Así desde la AEPCCE rechazan hablar de “infierno en la Tierra” como hace ahora el conocido físico norteamericano, pero sí que reconocen que es un riesgo de muy alto impacto potencial “ante el que no podemos seguir actuando en nuestro país como si no existiera en términos de planificación de emergencias”.

Y reconocen abiertamente su preocupación por la “total pasividad” que se viene mostrando desde hace años desde el Gobierno de España: “En nuestro país se ha malgastado demasiado tiempo ya haciendo las cosas mal”, señalan, “se debe rectificar 180 grados y apostar decididamente por un impulso real de la resiliencia institucional y de la autoprotección ciudadana ante este tipo de escenario de gran escala nacional. Y cuanto antes se comience, mejor”.

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Opinión del editor

Una señora diputada canaria en el Congreso le espetó ayer a la ministra de Hacienda que el hemiciclo donde se encontraban no era las 3000 viviendas de Sevilla. Le reconvenida la soltura del verbo de la señora Montero fustigando a independentistas y derechas por igual a cuenta del debate presupuestario.

Desde 2013 presto mi servicio de abogado pro bono, gratis total, en las 3000 viviendas, voluntario integrado en el Comité René Cassin que funciona desde 1993 y entre cuyos fundadores estuvo don Juan María Bandrés. En 2018 hemos intervenido en casi doscientos casos de personas a quienes se les exige una única condición: no tener un euro. Pobres de solemnidad que era como se decía cuando servidor era chico. Por tanto escribo, incluso físicamente in situ ahora, en las 3000.

Gracias a la bondad del Eterno las 3000 no son el Congreso de los Diputados. Todos los congresistas perciben saneados ingresos superiores en cualquier caso a los 4000 euros mensuales más gabelas y otras lindezas protocolarias gratis. Aquí o no tienen nada ( ut talis) cobran pensiones entre los 280 y los 360 euros al mes. Y las personas y familias que obtienen tras esperas sin cuento y burocracias de impedimento dirimente, la renta mínima de inserción andan por los cuatrocientos al mes, seis meses al año.

También gracias a la misma bondad, las 3000 no son el Congreso. Allí puede uno escuchar a diputados portavoces de partidos con saneadas subvenciones mentir con cara de cemento, olvidar la palabra dada, insultar como el buscón de Baroja a otros diputados, alardear de lo que no han sido capaces de hacer, aumentarse los sueldos y otros beneficios y no acordarse ni una puta vez de las pensionistas viudas de las 3000, de las familias monomaternales de las 3000, de los dependientes de las 3000, de las mujeres nigerianas que sobreviven de milagro en las 3000.

Llevamos cuarenta años de Congreso con legislaturas democráticas una tras otra. Las 3000 está aquí. Las personas sufren aquí, los delincuentes andan por aquí, la policía no está aquí y la comisaría aprobada aquí, la han puesto fuera por arte de don Zoido, diputado ahí y del señor Marlasca, ministro ahí.

No. Gracias al Eterno las 3000 no somos el Congreso de los Diputados. En eso acierta la señora diputada canaria.

Alberto Revuelta.

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Opinión del editor

Hoy festividad de santa Eulalia de Barcelona que en el mandato imperial de Daciano murió degollada después de sufrir tormento. La delicadeza de los servicios de secretaria de la Sala Segunda del Tribunal Supremo ha hecho coincidir el inicio del plenario contra los políticos catalanes responsables de la preparación y declaración unilateral de independencia estatal y proclamación de la republica en el territorio del Principado.

Lamentarse ahora de lo que pudo hacerse y no se hizo por los políticos presentes en el Parlamento y controladores de los partidos políticos allí representados carece de lógica y sentido. Ni siquiera los políticos presos y los procesados que gozan de libertad pueden asombrarse de lo ocurrido, salvo que su ingorancia e inconsciencia fuera supina. La capacidad de prever va en el sueldo y en el cargo.

El Tribunal Supremo ha extremado las medidas tendentes a que todo ciudadano español, independentistas inclusive, y todos los extranjeros que deseen observar lo que ocurre en la sala donde se celebra el juicio pueda hacerlo. La señal televisiva la mantiene y facilita el propio TS. Eso no es posible hacerlo en la mayoría de los países europeos.

El desarrollo de las sesiones, las declaraciones de testigos y documentos, las pruebas de convicción que se hayan presentado o puedan presentarse, harán vivir el adagio latino forense que reza “MINIMA CIRCUMSTANCIA VARIAT IUS”. La más insignificante de las circunstancias, puede hacer cambiar la situación jurídica.

Ojo pues a la larga mano de la realidad, del azar, de la necesidad o de la intervención de santa Eulalia.
Apollinaire exploró en sus relatos el sentido de lo fabuloso, de lo mágico y de lo maravilloso encontrándolo entre lo cotidiano. Quizá encontremos lugar para su crónica al salir de una de las sesiones del Supremo.

Y los energúmenos comunicadores, políticos, y gentes del común alteradas , deberán tomar eunatrol que es un ácido de soda empleado en medicina para combatir los cálculos biliares.

Alberto Revuelta

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La historia verdadera, y apenas contada, de Fernando de Magallanes

Publicado originalmente en El Confidencial

Los portugueses apuestan por conmemorar la ruta Magallanes-Elcano pero ¿cuál es la verdadera historia de este noble explorador que pudo dar la vuelta al mundo?

ÁLVARO VAN DEN BRULE

TIEMPO DE LECTURA9 min
26/01/2019 05:00 – ACTUALIZADO: 27/01/2019 05:04
“Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad”.

-Joseph Goebbels

Ante el debate abierto sobre la propuesta del ministerio de cultura portugués sobre la inclusión del Proyecto de la Ruta Magallanes a la UNESCO como patrimonio de la humanidad, arrogándose de forma unilateral el gobierno luso aquella grandiosa hazaña de circunnavegación al globo terráqueo –algo sin precedentes en la historia conocida–, y sin que haya ningún fundamento a mi entender sobre su supuesta participación; como español y hermano de los portugueses, nuestros vecinos de toda la vida en esta vivienda llamada Iberia, casa común de nuestras dos naciones, me gustaría hoy desdecir los argumentos que este departamento de la administración lusa maneja a mi juicio de forma sesgada e injusta, ante un acontecimiento en el que no tuvieron ninguna intervención, y si acaso, habría sido para sabotear en todo momento el proyecto del que fue hijo de esta ilustre, distinguida y antigua nación, de la cual, este escribano se enamoró hace mucho tiempo por el carácter afable de sus gentes, su educación inusual en un mundo cada vez más carente de ella y su saudade, melancólica y sabia serenidad de pueblo grande donde los haya.

El viaje de Magallanes y Elcano comenzaría en el año 1519, como así lo consignan los escritos en las crónicas de Antón de Pigafetta –el cronista embarcado en la expedición– en un lunes por la mañana temprana de un espléndido 10 de agosto. Cuando la escuadra embarcó todo lo necesario para aquel increíble proyecto de exploración, reto colosal para las posibilidades náuticas de la época y por las incertidumbres que se atisbaban ante la magnitud de la apuesta, una tripulación compuesta por 237 hombres inició el despliegue de velas de trinquete. Esta aventura hacia lo desconocido y la ambición de los propósitos que la presidían duraría hasta el 6 de junio de 1522 en una de las odiseas más dramáticas que un grupo humano hubiera padecido jamás.

Se le conoce por su faceta de explorador, pero tocaba otras teclas, como la de marino profesional y militar con conocimientos de cosmografía

Muertes por inanición, escorbuto, enfermedades solapadas por desnutrición, avitaminosis generalizada, sabotajes por parte de un resentido rey portugués que no aceptaba su mal perder ante la Corona de Castilla, deserciones, traiciones y todo un corolario de contratiempos variopintos entre ellos el enfrentamiento a la cruel naturaleza y su subproducto, los humanos, convirtieron aquella expedición en una antología de los horrores que culminaría en uno de los más grandes hechos históricos conseguidos por esta contradictoria especie que igual que es capaz de crear grandeza lo es de crear horror.

Un noble explorador portugués
Hernando de Magallanes era un noble portugués con un cúmulo de sueños comprimidos, que en la cabeza de un humano con aspiraciones potentes y ese nivel de fantasía propia de las gentes que como Ícaro, vuelan alto, parecían un lugar atestado de ahogo y frustración sin salidas de escape ni termostato a la vista. Esencialmente, aún hoy, se le conoce todavía por su faceta de explorador, pero tocaba otras muchas teclas, tal que era la de marino profesional y militar con amplios conocimientos de cosmografía (había estudiado un tiempo en la famosa escuela de Chagres fundada por Enrique el Navegante).

Tras ser humillado por su rey en una sucesión de desaires y ninguneado cuando le exponía sus proyectos para el engrandecimiento de Portugal apostando por nuevas vías marítimas, el soberano maltrató al marino con indolencia e incluso con crueldad, sin los mínimos de cortesía debidos hacia un noble que lo había dado todo por Portugal. Sus pretensiones iniciales pasaban por solicitar una carabela para viajar a las Indias y tras el desprecio manifiesto del monarca luso acabaría apelando a un aumento de su magra pensión de lisiado. Nada de ello le sería concedido y sin embargo los asistentes a aquella denigrante audiencia quedarían conmovidos por la frialdad del rey impasible.

Manuel I de Portugal era un rey sin luces aferrado al oropel del cargo y con un desdén y arrogancia más propias de un grosero afortunado y venido a más. Sin modales, sin capacidad diplomática, sin consejeros de nivel (si alguno opinaba diferente no salía en la foto). Magallanes apostató literalmente de su patria desnaturalizándose como portugués y renunciando a la ciudadanía de la tierra que le alumbró, cruzó la demarcación fronteriza para venir (como Cristóbal Colón lo hizo en su momento) a intentar poner en valor su proyecto de rodear el mundo y buscar un camino más corto presentándose al monarca español Carlos I de España. Pero una cosa era la intención y otras las probabilidades de que esa ansiada reunión se dieran. Ya sin obligaciones legales para con su tierra y rey, despreciado por su insolente monarca, Magallanes, que había dejado de ser portugués por propia voluntad, se sintió liberado para abrirse al mundo.

Enfrentado a su propio rey decidió apostatar de su patria voluntariamente y se presentó al monarca español Carlos I, que le nombraría adelantado

Desanimado pero al tiempo esperanzado, Magallanes llegaría a Sevilla el 20 de octubre del año 1517, acudiendo a la Casa de Contratación para intentar conseguir los permisos necesarios que le permitieran armar una nao y tirar “palante” con su mundo fantástico. Para su desgracia, la administración de esta añeja institución clave en la organización del comercio con la América recién descubierta le hizo un par de chicuelinas y una verónica para rematar. Razón no les faltaba a aquellos probos funcionarios, pues las islas Molucas en principio eran posesiones portuguesas según el Tratado de Tordesillas, gracias a un documento fechado en 1494 mediante el que el Papa había dividido el Océano en dos partes a través de una línea imaginaria. Julio II en 1506 –sucesor del Papa Alejandro VI, el Papa Borgia– dirimió así las diferencias que se estaban dando entre las dos naciones con clara vocación marítima.

Tras esperar un año empobrecido y al borde del colapso personal ante la indiferencia de la burocracia, finalmente sería llamado a capítulo por Carlos I de España. El emperador le nombraría adelantado –título muy codiciado en los predios de la exploración en aquellos tiempos–, por la Monarquía Hispánica. Para rematar, se le otorgó el titulo adicional de capitán general de la ‘Armada para el descubrimiento de la especería’. Casi nada…

Al servicio del rey de España
Ya al servicio de Carlos I, tal que un 22 de marzo de 1518, ambos, el marino soñador y el emperador de todas las cosas, se darían un apretón de manos. En el contrato figuraba que recibiría el título de capitán, una paga de 50.000 maravedís, y la concesión del quinto real y una veinteava parte de las rentas producidas en todas islas que descubriera. En el verano de 1519 los preparativos ya habían finalizado y las cinco naos cedidas por la Corona estaban prestas a zarpar desde el puerto de Sevilla,

Manuel I estaba muy bien informado por una tupida red de espías. Ordenó a su embajador Álvarez Costa para convencer a Magallanes y persuadirlo de su error alegando que era una ofensa flagrante contra su rey, pero al paciente y perseverante marino le habían salido canas en el trayecto. En los meses posteriores, llegarían noticias de que los portugueses planeaban asesinar a Magallanes para así boicotear su viaje. Para Portugal, la especiería era el secreto mejor guardado de la nación y la base de sus negocios con Europa. En caso de ser abordada una embarcación portuguesa, automáticamente se lastraban planos y bitácora y se arrojaban al mar.

Después de dos años de retrasos, boicot y palos en las ruedas del sueño del renunciante a su madre patria, aquel profesional de la lectura de las estrellas y los vientos iniciaría una de las gestas más grandes que la condición humana haya afrontado a lo largo de la historia.

En 1519 al mando de la expedición que descubriría el canal natural navegable tan ansiado por los marinos de la época, paso que actualmente recibe su nombre, el Estrecho de Magallanes, y no sin antes padecer un fuerte amotinamiento por parte de la tripulación (leer el maravilloso libro del malogrado Stefan Zweig, ‘Magallanes, el hombre y su gesta’), aparece en el horizonte del Océano Pacifico siendo él y sus hombres la única referencia en aquel inmenso vacío comprimido entre dos azules.

Aquel profesional de la lectura de las estrellas iniciaría una de las gestas más grandes que la condición humana haya afrontado en su historia

Magallanes estaba convencido de que en base a sus cálculos el archipiélago de las Molucas se hallaba en la zona de influencia española. Algo nada improbable pues en torno a ello y con las nuevas configuraciones cartográficas, había una enconada controversia en torno al Tratado de Tordesillas. Según el trazado del meridiano fantasma acordado en el tratado, este enorme centro de producción de especias debería corresponder a Castilla. Pero aquello estaba a punto de convertirse en un “casus belli”, por lo que se relajó la presión sobre este tema buscando otro tipo de compensaciones.

El rey Manuel de Portugal, que se subía por las paredes ante su metedura de pata, no cesaría en su empeño por darle un buen susto a Magallanes. Diego López de Sichera era su comandante en jefe en las Indias, y a él, le ordenaría enviar media docena de naves contra los exploradores españoles, pero quiso la fortuna que los turcos armaran un “pollo”en Adén, teniendo que acudir el comandante portugués a combatir a los del turbante, abandonando así la persecución de los intrépidos españoles.

La primera vuelta al mundo
Todos los intentos de torpedear aquella apuesta de osados no impedirían a estos audaces marinos culminar finalmente la primera vuelta al mundo, que se completaría en septiembre de 1523, tras recorrer más de 14.460 leguas (unos 70.000 km) yendo siempre de este a oeste. El día 8 de septiembre era lunes. Una ingente cantidad de público en medio de una algarabía atronadora miraba cómo 18 famélicos cuerpos bajaban al muelle en condiciones de deterioro flagrante. Rápidamente se les daría verduras cocidas y vino con miel en abundancia para recuperarse de aquella odisea vivida en el infierno. Magallanes había muerto en las Filipinas cerca de Mactán combatiendo a los nativos y el vasco Elcano se había hecho cargo de aquella heroica expedición.

Sebastián Elcano.
Sebastián Elcano.

Lo sucedido fue una empresa estrictamente castellana. Se intentó llegar a las Molucas por un camino diferente al portugués que contorneaba África a través del Cabo de Buena Esperanza, atravesando el Índico para llegar al sudeste asiático. Magallanes y Elcano lo consiguieron tras pérdidas humanas insoportables rubricando una de las hazañas más increíbles en la historia de la navegación.

¿Qué reclaman nuestros hermanos portugueses después de haber desahuciado a uno de los suyos? Por favor, un respeto.

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Aprendiendo de Podemos

Publicado originalmente en El Confidencial

Su vida interna ha confirmado la ley de hierro de la oligarquía de Michels: cualquier organización con necesidades técnicas y organizativas acabará sucumbiendo al uso de la jerarquía para satisfacerlas

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, aplaudido tras su intervención ante el pleno del Congreso. (EFE)
RAFA RUBIO

TIEMPO DE LECTURA8 min
27/01/2019 05:00 – ACTUALIZADO: 28/01/2019 21:02

Hace 65 millones de años, un meteorito de 10 km de diámetro impactó contra la Tierra. Aunque los científicos coinciden en señalar esa fecha como la de la extinción de los dinosaurios, que habían dominado la tierra durante 160 millones de años, algunos apuntan que ya en ese momento la situación era insostenible: el dramático cambio de clima estaba conduciendo a los dinosaurios hacia su extinción.

La conjunción entre las condiciones climáticas, la colisión y una serie de erupciones volcánicas que siguieron a la misma provocaron un cambio radical en el ecosistema. Se redujo la luz, aumentaron las temperaturas… Los seres vivos que querían sobrevivir tuvieron que esforzarse por adaptarse a un mundo en el que la fuerza y el gran tamaño habían dejado de ser instrumentos de poder y se habían convertido en obstáculos para la supervivencia. Los inmensos dinosaurios se habían extinguido, mientras que otros seres, como salamandras, ranas, serpientes y algunos mamíferos de menor tamaño, habían sobrevivido. Y por supervivientes, estaban obligados a evolucionar.

Cuando la competición entre los partidos apenas tiene consecuencias para la toma de decisiones solo cabe esperar que derive hacia el teatro

Millones de años después, otro ecosistema, el de la democracia, se ha visto alterado por la globalización y la revolución tecnológica. También se ha visto golpeado por la crisis económica. La transformación de la intermediación, que afecta a industrias tan variadas como los viajes, la música, el transporte o los alojamientos, ha llegado también a la política. Entre los actores principales que han entrado en crisis están los partidos políticos, gigantes que monopolizaban hasta hace poco la vida pública, como instrumentos principales de legitimación institucional, de la que llegamos a conocer como “democracia de partidos”.

Por el contrario, como señala Mair, la “democracia de audiencia” es más fuerte cuando los partidos son débiles y más débil cuando los partidos son fuertes. Cuando la competición entre los partidos mayoritarios apenas tiene consecuencias para la toma de decisiones solo cabe esperar que derive hacia el teatro y el espectáculo. Y cuando la política se convierte en entretenimiento es difícil mantener partidos fuertes y no es sorprendente que estos se conviertan en un mero entretenimiento para los espectadores.

Todos ellos, clásicos y recién llegados, tratan de sobrevivir, adaptándose a la nueva situación.

Nacen
La política tradicional se está transformando. Lo están haciendo los anclajes partidistas y las identidades tradicionales. Aparecen nuevas formas de articulación política, que compiten con los partidos tradicionales. La oferta electoral es cada vez más diversa, y conjuga movimientos, agrupaciones, asociaciones… fórmulas electorales que se popularizan alrededor, o en contra, de los partidos, pero que encuentran en este ecosistema de cambio una oportunidad propicia.

La política tradicional se está transformando. Lo están haciendo los anclajes partidistas y las identidades tradicionales

Las barreras de entrada en política para estas nuevas organizaciones son más bajas que nunca. Hoy en día resulta fácil ponerse en contacto con otras personas en estructuras organizativas temporales de orientación electoral. También lo es darse a conocer, a través de la retroalimentación permanente entre los medios de comunicación y las herramientas de comunicación directa. Todo esto permite dar a luz sin mucho dolor a nuevos “partidos”.

Estos tienen en común el hiperliderazgo, mezcla de ideas claras, personalismo y carisma. Articulan, bajo una ideología ecléctica como paraguas, una heterogénea coalición de intereses dispuestos a compartir marca política. Aprovechan el ambiente de transformación sociopolítica en el que nacen y dan sus primeros pasos. Y utilizan con acierto las herramientas que les proporciona la revolución tecnológica. Se adaptan a los cambios culturales que estas generan en las organizaciones sociales, gracias a los cuales los mediadores tradicionales quedan relegados mediante mecanismos de comunicación directa y simplificada, rápida capacidad de reacción y amplia presencia en los medios.

Se van consolidando así auténticas maquinarias electorales, que comparten con los partidos clásicos su orientación a la conquista del poder. En cambio, estos partidos tradicionales están cada vez menos arraigadas en la sociedad y más orientados al gobierno. Como señala Mair, han pasado de ser actores sociales a actores estatales.

Crecen
Para estas nuevas organizaciones la fase de crecimiento resulta más difícil. Más allá de la tensión permanente del periodo electoral, en el que sus estructuras y su lógica les permiten moverse como pez en el agua, los nuevos partidos tienen que encontrar la forma de sobrevivir a la rutina diaria y conseguir ser un instrumento de transformación social, en función de las expectativas generadas.

Votantes nuevos, partidos viejos y coaliciones Jamaica
ISIDORO TAPIA
Cuando un sistema bipartidista eclosiona hacia uno multipartidista, suelen producirse dos resultados: los votantes se polarizan, mientras que las coaliciones se multiplican
Y aquí llega el momento de la madurez organizativa, el momento de definirse. Entonces cobra todo su sentido la advertencia de Karl Rove, el que fuera consultor político de referencia de George W. Bush, conocido por algunos, no sin malicia, como ‘Bush’s Brain’, que en sus memorias ‘Courage and Consequence’ señala que en política, la estrategia es solo el 20% del éxito, el otro 80%, señala, tiene que ver con la organización. Como señalaba Manfredi, es en la descripción del programa político o el plan de gobierno, la relación con los electores, los partidos y los demás actores políticos del sistema de representación o la organización de los cuadros intermedios donde se va consolidando el proyecto y adquiere identidad más allá de sus liderazgos.

Y se suicidan
Decía Alexander Pope que “Los partidos políticos no mueren de muerte natural. Se suicidan”. Estos nuevos actores políticos, tras su irrupción explosiva, se debaten, en su evolución, entre adoptar los mecanismos de organización de los partidos a los que buscan sustituir, o mantenerse en la inestabilidad de los mecanismos democráticos que les llevaron hasta aquí. Se produce una paradoja. Mientras los partidos políticos tratan de imitar, al menos en las formas, a los nuevos movimientos políticos, estos comienzan a mirar con envidia los mecanismos de organización interna de los partidos tradicionales. Se confirma así aquel principio básico que cantaba hace años Silvio Rodríguez: “Siempre hay quien quisiera ser distinto, nadie está contento con lo que le tocó”.

Mientras los partidos políticos tratan de imitar a los nuevos movimientos, estos miran con envidia los mecanismos internos de los partidos tradicionales

Son los mismos elementos que han facilitado su éxito inicial los que pueden dificultar su consolidación posterior. El hiperliderazgo, tremendamente exitoso en las primeras fases, puede cegar el desarrollo de la organización, al hacer más difícil la conceptualización, el diseño y la ejecución del proyecto político. Los partidos de masas se enfrentan en las redes a masas indisciplinadas y los partidos de cuadros a bases de militantes que desean participar activamente. El viento sociopolítico que impulsó al partido en sus inicios puede cambiar de dirección, dejando al partido sin la tensión política imprescindible para mantener su alternativa. La misma tecnología que propicia la flexibilidad y la temporalidad de la acción, sin perder eficacia en la coordinación y cierta frescura inicial en la toma de posiciones, se enfrenta a la dificultad de reproducir en las sedes la lógica de las redes. Y esa agregación temporal de intereses diversos, particularizados, que acogía demandas fragmentadas bajo una misma marca, o liderazgo, genera inconsistencias y contradicciones. No solo el voto se ha vuelto más volátil y desligado, también los partidos.

La crisis de Podemos: aviso a navegantes
La vida interna de Podemos ha sido una confirmación de la clásica ‘Ley de hierro de la oligarquía’ de Michels según la cual cualquier organización con necesidades técnicas y organizativas acabará sucumbiendo al uso de la jerarquía para satisfacerlas. Podemos no es una excepción, incluso los partidos-movimiento, que en su origen dieron la sensación de que se podía romper con la estructura jerárquica de los partidos, han terminado por centralizar la organización en su cúpula dirigente. Acaban combinando el relato popular y participativo con una férrea organización de arriba abajo y la progresiva centralización de su liderazgo, en un equilibrio permanente entre la maximización de sus posibilidades electorales y el control que la cúpula ejerce sobre el proyecto.

Durante un tiempo, la capacidad de la cúpula de establecer la agenda y beneficiarse de su mayor presencia mediática para ejercer como juez y parte en cualquier decisión, tenía como consecuencia que abrir el partido fuera el mejor mecanismo para mantener el control: mantener la participación abierta acaba por mantener a la oposición dispersa. Así ha ocurrido hasta que el enfrentamiento ha alcanzado a los miembros fundadores y los miembros del comité de dirección. En este nuevo enfrentamiento, los más débiles, que hasta el momento no habían dudado en aprovechar su lugar en la cúpula para ejercer el control sobre el partido, pasan a denunciar la organización de la que se beneficiaban hasta ahora.

Si aspira a ser una redistribución radical y masiva del poder, la nueva política tiene que ir más allá de nuevas marcas y el uso eficaz de nuevos canales

Las diferencias entre el decir y el hacer han ido agigantando la diferencia entre la marca y el producto. Las respuestas en el plano de los mensajes y de las formas no se corresponden con el fondo, y no suponen cambios en la organización o los objetivos. Queda demostrada la inutilidad de tratar de resolver problemas políticos mediante respuestas meramente comunicativas.

Si aspira a ser una redistribución radical, generalizada y masiva del poder, la nueva política tiene que ir más allá de nuevas marcas, nuevas caras y el uso eficaz de nuevos canales. Para cumplir eficazmente con su función representativa debe asumir nuevos procedimientos, nuevas formas de organización y nuevas formas de liderazgo colaborativo, que le permitan gobernar y hacer políticas públicas capaces de dar respuesta a las nuevas y complejas exigencias sociales. Lo que puede funcionar para alcanzar el poder es cada vez más insuficiente para ejercerlo.

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