La increíble política petrolífera de Trump, Irán y el estrecho de Ormuz

Publicado originalmente en Publico

NAZANÍN ARMANIAN

29/07/2018
“No haga algo que sea estúpidamente peligroso”. Es la moraleja de la fábula del león (símbolo del imperio persa) y el ratón utilizado por el presidente de Irán, Hasan Rohaní, en respuesta al ultimátum que Trump ha dado a todos los países del mundo para que dejen de comprar el petróleo iraní antes del 4 de noviembre, si no quieren ser sancionados. Este día, EEUU además impondrá nuevos castigos a Irán que afectarán a todas sus transacciones financieras, estrangulando la economía y la nación iraní. “Si Irán no puede exportar su petróleo, nadie podrá”, advierte Teherán. Bloqueará el Estrecho de Ormuz y luego EEUU sufrirá la “madre de todas las guerras”: “¡Mueran los filisteos conmigo!”, Dijo Sansón, el primer suicida de la historia.

“Nunca, nunca, amenace a EEUU”, twitteó Trump, que cree que tensando la situación con la fórmula coreana, podrá conseguir que Irán se arrodille. ¿Es posible un encuentro entre Trump y Jameneí? La visita de Akbar Velayatí, el asesor de la política exterior de Jameneí a Kremlin dos días antes de la cumbre de Helsinki, mostraba que Vladimir Putin está haciendo de canal de contacto entre Irán y EEUU. En caso de fracasar esta vía, podrán utilizar BATNA (siglas en inglés de la “Mejor Alternativa a un Acuerdo Negociado”), la técnica que nació tras la crisis de los misiles del 1962 que consiste en hacer una propuesta viable ante la imposibilidad de alcanzar un acuerdo negociado. Así, los soviéticos retiraban los misiles de Cuba si EEUU hacían lo mismo en Turquía, evitando una guerra nuclear.

Los iraníes son muy cautos. Los contactos directos entre las autoridades de la República Islámica (RI) y EEUU han existido desde siempre: Con el Irangate se revelaron, aunque fueron Obama y Rohaní que no ocultaron su conversación telefónica. Ahora, la RI afirma que Trump había llamado a Rohaní en ocho ocasiones, pero él no ha contestado, posiblemente por el clima creado por la propia RI que tacha de traición a cualquier contacto, aún virtual, con el Gran Satán. Sin embrago, la grave situación actual ha hecho que desde la periferia del poder se esté exigiendo a los gobernantes empezar a negociar directamente con Donald Trump. “Si [los incrédulos] se inclinan por la paz, acéptala tú también y encomiéndate a Dios” afirma el Corán (Al Anfál-61), a pesar de que no haya ninguna garantía de que el EEUU respete su firma y su palabra. En 2003 Gadafi aceptó el desarme de Libia: en 2011 OTAN le mató, entregando el país a los terroristas, violadores y esclavistas.

Mientras el presidente Rohaní propone una cumbre de los líderes del Golfo Pérsico para bajar la tensión, los militares sólo hablan de guerra: les sirve para exportar la profunda crisis interna, hacerse con el poder ejecutivo al estilo de la república islámica-militar de Pakistán, y realizar una nueva purga política: durante la guerra con Irak (1980-1988), entre decenas de miles de activistas políticas que fueron arrestados y ejecutados, se encontraba el comandante de la Armada iraní Bahram Afzali (1938-1984), por pertenecer a la organización militar del Partido Tudeh (comunista) y la falsa acusación de espionaje para la Unión Soviética, cuando protegía el Golfo Pérsico de la agresión de EEUU e Irak.

La verdadera intención de Trump
Las presiones de Israel y los sobornos de Arabia Saudí no explican la ofensiva de Donald Trump hacia Irán que está llevando al mundo al borde de una catástrofe.

Para el Trumpismo la clave de mantener el estatus de superpotencia de EEUU, además de su poderío militar, más que adueñarse de los recursos naturales de otros pueblos (como pretendía Bush), está en dominar el mercado de energía, como lo ha hecho Rusia, según Trump, y así conseguir grandes ventajas geopolíticas. ¿Cómo hacerlo? Extraer los inmensos recursos fósiles -carbón, petróleo y gas-, del propio país y no para conseguir la independencia energética, sino ocupar el mercado de los rivales y hacer que todo el mundo dependa de EEUU. Las medidas de Trump para convertir el gobierno en un proveedor de armas y vendedor global de combustibles fósiles han sido:

Declarar la política energética una cuestión de seguridad nacional, por lo que los ecologistas, los pueblos nativos, agricultores y aquellos se opongan a al plan de construir una gigantesca red de infraestructuras (carreteras, puentes, etc.) que desmontará sus vidas para llevar sus recursos del interior a las costas, serán perseguidos.
Colocar la explotación “sin complejo medioambientalista”, así como el uso de los combustibles fósiles, incluido carbón, en el centro de su estrategia política.
Expulsar a los principales exportadores de gas – Irán, Rusia y Qatar el mercado, por captar a sus clientes. También lo hizo Obama: ofreció el gas de EEUU a Europa, tras imponer sanciones al gas ruso en 2014. Trump afirma que va a vender “millones y millones de toneladas métricas carbón” a los ucranianos.
Tomar una veintena de medidas anti-ecológicas en favor una explotación sin piedad de los recursos naturales, como despreciar el Plan de Energía Limpia de Obama que preveía recortes drásticos en el uso del carbón; imponer fuertes aranceles a la importación de paneles solares; repudiar el Acuerdo de París; aprobar el oleoducto Dakota; revocar la norma que impedía verter escombros a los ríos y revisar las normas de perforación en alta mar.
Aumentar la producción petrolera de EEUU a 10.7 millones de barriles de petróleo (Mbps) en 2017.

El paso siguiente será obligar a los habitantes de la tierra, si no quieren ser exterminados, a que sólo coman barbacoa para utilizar el carbón de EEUU.

En este mapa, Irán, que es la primera reserva mundial de gas y la cuarta del petróleo, ha reducido la exportación de su oro negro de 6 mpd en 1976 a 2,8 de hoy.

¿Puede Irán cerrar el Estrecho?
Sí, y sería el último recurso de Teherán, como si fuera usar una bomba nuclear.

El canal que lleva el nombre la divinidad iraní del mazdeísmo es el más importante del mundo: lo cruzan cada día 14 petroleros, transportando 18 mbp del petróleo de los países del Golfo Pérsico y el gas licuado de Qatar (al que Trump intenta chantajear) a los mercados internacionales.

El Estrecho de Ormuz pertenece a Irán y Omán, aunque La Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar (1982) lo considera un pasaje internacional al ser la única puerta que conecta los países del Golfo Pérsico al mar libre. Por lo que ni obliga ni exige a los submarinos a salir a la superficie para mostrar sus banderas, posibilitando que los sumergibles nucleares de Francia e Israel pasean libremente por este golfo. Ni en los tiempos de guerra Irán y Omán podrían suspender el “derecho de tránsito” internacional, aunque sí controlar el tráfico e inspeccionar o confiscar los barcos comerciales. Cerrar el estrecho es igual de ilegal que imponer sanciones económicas y asesinas a toda una nación, como las que impusieron la ONU-EEUU a Irak, matando a dos millones de personas.

Irán, ante su desventaja militar, podrá emprender una “guerra de guerrilla marítima”, cerrando el estrecho, aunque sólo sea por unos días, esparciendo miles de minas, utilizando misiles anti buque, atacando las fuerzas de la OTAN en Afganistán, Irak, Turquía, Azerbaiyán, los países árabes del Golfo Pérsico y activando la red de comandos formados desde hace décadas en diferentes países del mundo.

En el medio, no faltará una ciberguerra: en 2010 EEUU e Israel enviaron el virus Stuxnet a dos centrales nucleares iraníes, y Teherán en 2016 paralizó los sitios web y las operaciones de 46 bancos en los EEUU y atacó las plantas petroquímicas sauditas. Es una ventaja para Irán que Trump haya eliminado el cargo de Coordinador de Seguridad Cibernética.

En cuanto al choque militar, ambos países se enfrentaron cuando en el abril del 1988 Saddam Husein, respaldado por Washington, cortó las exportaciones de petróleo iraní en el Golfo Pérsico. Irán atacó un buque estadounidense y la armada de este país incendió plataformas petroleras iraníes y destruyó gran parte de su flota. Hoy aquel incidente parecerá un juego de niños.

¿Nueva crisis energética?
EEUU tomará la acción de Irán como la casus belli y podrá aprovechar la misión de “reabrir el estrecho” para bombardear los centros del poder de Irán, con el “modelo libio”. Mientras, se duplicaría el precio del barril, teniendo en cuenta que, además de la salida de Irán del mercado, Venezuela, Libia y Tanzania están en crisis y Arabia saudí no será capaz de enviar barriles adicionales al mercado durante un largo tiempo.

Una subida que beneficiará a EEUU y Arabia y perjudicará a China, – importador del crudo iraní y saudí-, quién por primera vez reprendió a Teherán: “hacer más en beneficio de la paz y la estabilidad en la región”. Beijing, que rechazó elevar el estatus observador de Irán en la Organización de Cooperación de Shanghái, está negociando con la India para crear un “club de compradores de petróleo”. Rusia puede revender el petróleo iraní a Europa (que actúa como colonia de EEUU), y China puede hacer lo mismo con Nueva Delhi.

Trump ultima la creación de la OTAN-Sunnita, invitando a los países árabes a reunirse en otoño en Washington. La ‘demócrata’ Hillary Clinton también dijo en 2015 que si llegaba al poder “demolería Irán”. Es difícil derrotar con tanta alegría a un poderoso estado que tiene 15 países como vecinos.

Las inexistentes armas de destrucción masiva de Irán son el pretexto de la nueva gran guerra. Aún estamos a tiempo: si Europa actúa con responsabilidad, garantizando la compra del petróleo iraní.

¿Podrá un ejército de hormigas vencer a un elefante? Mejor no hacer experimentos.rata’ Hillary Clinton también dijo en 2015 que si llegaba al poder “demolería Irán”. Es difícil derrotar con tanta alegría a un poderoso estado que tiene 15 países como vecinos.

Las inexistentes armas de destrucción masiva de Irán son el pretexto de la nueva gran guerra. Aún estamos a tiempo: si Europa actúa con responsabilidad, garantizando la compra del petróleo iraní.

¿Podrá un ejército de hormigas vencer a un elefante? Mejor no hacer experimentos.

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Jueces y juezas para la democracia denuncian la falta de rigor en nombramientos del Tribunal Supremo

Publicado originalmente en Publico. Nueva Tribuna.

El Pleno del Consejo General del Poder Judicial ha efectuado el 24 de julio de 2018 varios nombramientos de magistrados del Tribunal Supremo, en sus Salas Segunda y Tercera.

Las juezas y jueces españoles se sitúan a la cabeza, por delante del resto de sus compañeros europeos, cuando mayoritariamente creen que durante los últimos años algunos jueces y juezas en España han sido nombrados o promovidos sobre la base de criterios distintos a la capacidad y experiencia

La encuesta realizada por la Red Europea de Consejos de Justicia entre juezas y jueces europeos sobre su percepción de independencia arroja, entre otros, un dato revelador. Las juezas y jueces españoles se sitúan a la cabeza, por delante del resto de sus compañeros europeos, cuando mayoritariamente creen que durante los últimos años algunos jueces y juezas en España han sido nombrados o promovidos sobre la base de criterios distintos a la capacidad y experiencia.

Juezas y Jueces para la Democracia ha suscrito un documento con propuestas para la mejora de la Justicia, junto con el resto de asociaciones judiciales, al que posteriormente se han adherido las asociaciones de fiscales. En la propuesta tercera se señala en materia de nombramientos de altos cargos judiciales: Definir previamente los perfiles de los puestos a cubrir. Proceso transparente, con fijación de unos criterios objetivos basados en el mérito y capacidad e igualdad de género. Limitación de mandatos: el nombramiento será prorrogable por una sola vez. Exigencia de motivación no solo respecto a los méritos del designado/a sino también en su relación con los de los demás aspirantes. En los nombramientos de magistrados del Tribunal Supremo y presidentes de Tribunales Superiores de Justicia será precisa una mayoría cualificada.

Juezas y Jueces para la Democracia denuncia que los nombramientos recientemente efectuados no se ajustan en algunos casos a los principios de mérito y capacidad sostenidos por el precedente ejercicio profesional de cada uno/a de los candidatos/as, habiendo sido preteridos candidatas con una aquilatada e ininterrumpida experiencia profesional en órganos colegiados.

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La eternidad no es lo que era

Publicado originalmente en El Confidencial.

MANUEL CRUZ

28/07/2018 05:00

Aquí, en Cataluña, a lo que algo dura un poco más de la cuenta enseguida le llaman eterno. Creo que fue Carod Rovira quien acuñó la expresión “empate eterno” en la época en la que CiU y PSC andaban estancadas en muy parejas preferencias del electorado y él pretendía que ERC fuera clave para permitir el desempate. Pero no es este el único caso que se puede mencionar de tan peculiar interpretación de la eternidad.

Cuando falleció Tito Vilanova, el sucesor de Pep Guardiola en el banquillo del Barça, en la capilla ardiente instalada en el Camp Nou podía leerse, bajo la foto del fallecido, la frase “eterno para siempre”, en lo que no dejaba de constituir una curiosa redundancia (si eterno es aquello que, por definición, no tiene principio ni fin, el “para siempre” resultaba de todo punto reiterativo).

El homenaje a Tito Vilanova en el Camp Nou, donde puede leerse “Tito, eterno siempre”.
El homenaje a Tito Vilanova en el Camp Nou, donde puede leerse “Tito, eterno siempre”.

Sin duda llama la atención que muchos de esos políticos que en la primera década del presente siglo hablaban en tales términos, ahora hayan cambiado de registro a propósito del nuevo empate que existe en la sociedad catalana entre secesionismo y constitucionalismo. Si de verdad se creían lo que entonces decían, ahora deberían proponer una nueva articulación de las fuerzas políticas que permitiera salir del bloqueo institucional en el que se encuentra sumida Cataluña. En cambio, lejos de proponer eso, parecen estar haciendo una apuesta que, como poco, entra en contradicción con sus premisas pasadas. Porque, en efecto, desde hace un tiempo hablan de insistir en el esquema preexistente, el que precisamente ha abocado al empate, solo que intentando “ensanchar la base social” de los suyos. Con este nuevo planteamiento abandonan, es cierto, un esquema de imposible justificación, el de la eternidad, pero para incurrir en otro que también está lejos de ser obvio.

Y es que en la historia, por definición, todo es contingente y finito (por eso es historia), y las apariencias de necesidad o de eternidad no pasan de ser un espejismo engañoso. Un espejismo destinado a consolar o a reforzar —en este punto resulta obligada a la referencia a Gramsci—, pero engañoso al fin. De la apariencia de eternidad, que se da, desde luego, se podría decir lo mismo que decía el poeta simbolista francés Hénri de Régnier acerca de la eternidad del amor: “el amor es eterno mientras dura”. Pero aceptar la finitud de algo para, a continuación, atribuirle a su particular duración un signo predeterminado no pasa de constituir la sustitución de un mito, el de su eternidad, por otro. En este caso, por el mito del progreso.

Porque, en efecto, los defensores de acabar con el empate actual a base de considerar asegurada la victoria futura dan por descontado el signo de la evolución que seguirá la realidad. Y así, repiten afirmaciones del siguiente tenor: si en tan poco tiempo —el que ha durado el ‘procés’— ya hemos llegado hasta aquí, con un ligero empujoncito más alcanzaremos por fin la meta soñada. El argumento es calcado, cambiando las referencias, del que me presentaba a finales de los años sesenta, recién ingresado yo en la facultad de Filosofía y Letras de la UB, aquel responsable del PSUC que me hacía proselitismo para captarme para la organización: si en los cincuenta años que han transcurrido desde la revolución rusa, un tercio de la humanidad ya vive en países socialistas, estate seguro, me subrayaba con énfasis, que para cuando venga a acabar el siglo XX el planeta por entero habrá abrazado la causa del socialismo.

“No cabe prejuzgar la deriva de los acontecimientos en la historia y hacerlo no deja de ser una variante específica de pensamiento mítico, la progresista”

Cosas semejantes pensaban sin duda los secesionistas quebequenses tras su segundo referéndum o buena parte de los independentistas vascos en la época de máxima euforia del Plan Ibarretxe, por poner solo un par de ejemplos en los que gustan de mirarse los secesionistas catalanes, y ahora unos y otros están como están. Evoluciones ambas que si algo acreditan es que no cabe prejuzgar la deriva de los acontecimientos en la historia y que hacerlo no deja de ser una forma de incurrir en una variante específica de pensamiento mítico, la progresista.

Por supuesto que alguien podría argumentar que a estas alturas resulta francamente difícil continuar manteniendo una idea tan ingenua y lineal del progreso, sobre todo a la vista de las numerosas refutaciones que un convencimiento de este tipo ha padecido desde hace un tiempo. Pero no se olvide que una de las características del fanatismo es precisamente la de ser inmune a la refutación. Baste con constatar el nulo efecto disuasorio que tuvieron sobre el electorado independentista en las autonómicas de diciembre de 2017 los sonoros fracasos que acababan de sufrir las promesas de sus líderes (con la huida de Cataluña de las principales empresas o la nula solidaridad con la recién nacida república catalana por parte de ningún estado europeo).

Un grupo de personas votan en el referéndum sobre la independencia de Cataluña. (EFE)
Un grupo de personas votan en el referéndum sobre la independencia de Cataluña. (EFE)
Probablemente, tamaña resistencia a la falsación solo sea explicable atendiendo al hecho de que, en el caso del independentismo, el pensamiento mítico de matriz progresista se dobla de pensamiento mágico, uno de cuyos rasgos fundamentales es, como se sabe, el convencimiento de que la mente crea mundo, produce realidad. Pues bien, no deja de ser una variante de este pensamiento el que lleva a sostener a tantísimos independentistas que su sentimiento funda derecho. Y así, proclaman sin pestañear y reiteradamente que, puesto que no se sienten españoles, no son españoles (como si el pasaporte o el DNI fueran cartas de amor, y no documentos civiles). O que, dado que se sienten independientes, son ya realmente independientes. No otros eran, a fin de cuentas, los términos en los que se expresaba hace poco una portavoz de ERC, Marta Vilalta al afirmar: “votamos República, decidimos República, proclamamos República, nos sentimos República [sic], pero no la hemos podido desplegar”.

Tal vez tenga razón Daniel Gascón cuando señala que lo que ha ocurrido en Cataluña no ha sido un golpe de Estado tradicional, sino un golpe de Estado posmoderno, pero entonces habría que añadir, para acentuar la especificidad de lo ocurrido entre nosotros, que dicho golpe se ha apoyado en un pensamiento mágico que, en sentido propio, no atiende a razones porque él mismo funda su propia racionalidad. De ahí que no solo las refutaciones resulten irrelevantes, sino que incluso las propias contradicciones carezcan de la menor importancia, sin que generen la más mínima sombra de preocupación o inquietud.

“¿A qué viene seguir reclamando el derecho a la autodeterminación si, según su propio relato, ya ha sido ejercido por los ciudadanos catalanes?”

Únicamente de esta manera se entiende que los independentistas puedan hacer en público determinadas afirmaciones sin que nadie entre los suyos parezca percibir la inconsistencia de lo afirmado. Así, en el fragmento antes citado de la portavoz de ERC se afirmaba, además de la intensidad del sentimiento independentista, alguna otra cosa, de indudable interés añadido en la medida en que señalaba con claridad el punto del presunto trayecto ascendente hacia la cima de la independencia en el que nos encontramos. Porque si, como declaraba esta mujer, el referéndum ya tuvo lugar, el pueblo catalán tomó su decisión y la república ya ha sido proclamada, quedando ahora tan solo pendiente “hacerla efectiva”, todo eso significa, en suma, que la autodeterminación ya se ha ejercido y ahora es cuestión de (correlación de) fuerzas su materialización. Pero entonces, ¿a qué viene seguir insistiendo y reclamando como cosa pendiente el derecho a la autodeterminación si, según su propio relato, tal derecho ya ha sido ejercido por los ciudadanos catalanes?

Tal vez lo que de veras debería preocuparnos a todos no es que los secesionistas hayan ganado la batalla del relato, algo que a estas alturas nadie parece dispuesto a discutir, sino que hayan podido hacerlo con un relato errático, trufado de contradicciones, renuncios y promesas incumplidas. Digámoslo, si se prefiere, de esta otra manera: que pueda llegar a proponerse como enésima hoja de ruta ¡un cuarto! referéndum (contando las llamadas plebiscitarias) de presunta autodeterminación, sin que quienes se atreven a formular la propuesta alcancen a sentir ni siquiera un ligero rubor en sus mejillas, resulta, como indicador de la salud política de una comunidad, decididamente alarmante. Nada es eterno, desde luego, pero habrá que convenir que el ‘procés’ empieza a parecerlo. Eterno para siempre, añadirían algunos a buen seguro.

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Está confuso pero yo sueño

2018-07-27

“Está oscuro pero canto porque la mañana va a llegar”, proclamó el poeta Thiago de Mello en la época sombría de la dictadura civil-militar de 1964.
“Está confuso pero sueño” digo yo en estos tiempos no menos sombríos. El sueño nadie te lo puede quitar. Él anticipa el futuro y anuncia el mañana.

Nadie puede decir lo que va a ser de este país después del golpe parlamentario-jurídico-mediático de 2016. Está escuro y todo está confuso, pero yo sueño. Este sueño está rondando por mi cabeza desde hace muchos días y he resuelto expresarlo para alimentar nuestra inquebrantable esperanza.

Sueño ver un Brasil construido desde abajo hacia arriba y desde dentro hacia fuera, forjando una democracia popular, participativa y socio-ecológica, y reconociendo a la naturaleza y a la Madre Tierra como nuevos ciudadanos con derechos.

Sueño ver al pueblo organizado en redes de movimientos, un pueblo ciudadano con competencia social para generar sus propias oportunidades y moldear su propio destino, libre de la dependencia de los poderosos, recuperando su autoestima.

Sueño ver plenamente realizada la utopía mínima de comer al menos tres veces al día, de vivir con decencia, de asistir ocho años a la escuela, de recibir por su trabajo un salario que satisfaga las necesidades esenciales de toda la familia, de tener acceso a la salud básica y después de haber trabajado durante toda una vida, recibir una jubilación digna para enfrentar serenamente los achaques de la vejez.

Sueño ver celebrado el matrimonio entre el saber popular, hecho de experiencias, y el saber académico, hecho de estudios, construyendo entre ambos un país para todos, sin excesos y también sin carencias.

Sueño ver al pueblo celebrando sus fiestas con mucha comida y alegría, bailando su San Juan, su Bumba-meu-Boi, su samba, su frevo y su espléndido carnaval, expresión de una sociedad sufrida, pero que se encuentra en la fraternura y en la celebración alegre de la vida.

Sueño ver a los que han sido condenados a perder siempre, sentirse victoriosos porque el sufrimiento no fue en vano y los hizo madurar para construir, junto con otros, un Brasil diferente, uno y diverso, hospitalario y alegre.

Sueño contar con políticos que se abajan para estar a la altura de los ojos del otro, despojados de arrogancia, conscientes de representar las demandas populares, haciendo de la política cuidado diligente de la cosa pública.

Sueño poder andar por ahí de noche sin miedo a ser asaltado o víctima de balas perdidas, pudiendo disfrutar de la libertad de hablar y criticar en las redes sociales sin ser inmediatamente ofendido y difamado.

Sueño contemplar nuestras selvas verdes, nuestros inmensos ríos regenerados, nuestros soberbios paisajes y la biodiversidad preservada, renovando el pacto natural con la Madre Tierra que nos da todo, reconociendo sus derechos y por eso tratándola con veneración y cuidado.

Sueño ver al pueblo místico y religioso venerando a Dios como le gusta, sintiéndose acompañado por espíritus buenos, por fuerzas portadoras de la energía cósmica del axé, dando un carácter mágico a la realidad, con la convicción de que, al final, por causa de Dios, Padre-y-Madre de infinita bondad y misericordia, todo va a salir bien.

Sueño que este sueño no sea sólo un sueño sino una realidad dichosa y factible, fruto maduro de tantos siglos de resistencia, de lucha, de lágrimas, de sudor y de sangre.

Sólo entonces, solamente entonces, podremos reír y cantar, cantar y bailar, bailar y celebrar un Brasil nuevo, el mayor país latino del mundo, una de las provincias más ricas y bellas de la Tierra que la evolución o Dios nos entregaron.

Así lo quiere el brasileño y Dios nos ayude.

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Peridis El País.

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10 cosas poco conocidas sobre Einstein

Publicado originalmente aishlatino.com

Y cuál consideró su “mejor día”.
por Yvette Alt Miller
Albert Einstein es conocido por su famosa teoría de la relatividad, su fórmula sobre la intensidad de la energía E=mc2, y por ser uno de los científicos más brillantes de todos los tiempos.

Muchos conocemos datos generales sobre su vida: nació en Alemania en 1879, en una familia judía. Se hizo famoso de joven con su revolucionaria obra sobre la física de las partículas y huyó de la Alemania Nazi en 1933, cuando llegó al Instituto para Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, lugar en el que enseñó hasta su muerte en 1955.

A continuación, te cuento diez cosas menos conocidas sobre este brillante físico que pueden llegar a sorprenderte.

1. Sus padres se preocuparon porque de niño no hablaba.

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Hay muchos mitos sobre Einstein. A menudo dicen que no habló hasta los cuatro años y que de niño no aprobó matemáticas. Es cierto que le llevó tiempo desarrollar el habla. Una maestra de guardería les dijo a sus padres que no llegaría a ser gran cosa. Sin embargo, a los dos años Einstein comenzó a aprender a hablar, para alivio de su familia.

Respecto a su supuesto fracaso matemático, un rabino de Princeton, New Jersey, (donde Einstein formaba parte del cuerpo de facultativos), le mostró a Einstein un recorte de un periódico que afirmaba que “el matemático más grandioso del mundo no aprobó matemáticas”. Einstein se rió y corrigió el artículo: “Antes de los 15 años ya sabía a la perfección cálculo diferencial e integral”.

2. De niño fue intensamente religioso.

La familia de Einstein no era observante. De hecho, durante su infancia en Munich Einstein asistió a una escuela local católica (Posteriormente recordó haber ayudado a sus compañeros de clase con las tareas de religión). Sin embargo, a los nueve años Einstein desarrolló un amor por el judaísmo. Comenzó a respetar kashrut, Shabat e incluso inventó las plegarias que cantaba camino a la escuela.

Si bien no conservó este nivel de observancia durante su adultez, Einstein siempre estuvo orgulloso de ser judío. En 1933, un mes después de que Hitler fuera elegido Canciller de Alemania, Albert Einstein y su esposa Elsa abandonaron Alemania.

3. La visita de un estudiante de medicina encendió su interés por la ciencia.

Los padres de Einstein continuaron con la antigua tradición judía de invitar a estudiantes pobres a una comida cada semana. Cuando Einstein era pequeño, todos los jueves iba a cenar en su casa un estudiante de medicina judío llamado Max Talmud.

Max Talmud fue la primera persona que le mostró a Einstein libros de ciencia, de los que no había ninguno en la casa de sus padres. Einstein, que tenía diez años en ese entonces, devoró las obras de Charles Darwin y la clásica serie de cinco volúmenes El cosmos, un intento para describir el mundo físico, de Alexander von Humboldt, y leyó la popular serie de veinte volúmenes Science for the People, de Aarón Bernstein. Había nacido el amor de Albert por la ciencia.

4. Le regaló el dinero del Premio Nóbel a su exesposa.

Einstein viajó a Suiza para sus estudios universitarios, donde asistió al Politécnico de Zúrich. La única mujer en su clase de física era una serbia llamada Mileva Maric. Se casaron en 1903, cuando Einstein tenía 23 años. Su unión fue infeliz. Albert le ofreció a Mileva una inusual ganga: si alguna vez ganaba el Premio Nóbel, le daría todo el dinero del premio. A cambio, le pidió el divorcio. Mileva lo pensó durante una semana y luego aceptó.

Años después, en 1921, Einstein ganó el Premio Nóbel de física y le dio el dinero del premio a Mileva.

5. Einstein luchó en contra del racismo.

Después de huir de la Alemania Nazi hacia Estados Unidos en 1933, Einstein adoptó la causa de oponerse al racismo en los Estados Unidos. Se hizo amigo del actor Paul Robeson y juntos iniciaron la Cruzada Norteamericana para Terminar con los Linchamientos. En 1937, cuando el hotel en Princeton, New Jersey, donde vivían los Einstein, se negó a darle una habitación a la famosa cantante negra Marian Anderson, Albert y su esposa Elsa invitaron a la Sra. Anderson a quedarse con ellos. Desde entonces, siempre que Marian Anderson visitó Princeton, se hospedó con los Einstein.

En 1946, Einstein publicó un desafío a los ciudadanos de su nuevo país: “¿Qué… puede hacer el hombre de buena voluntad para combatir este prejuicio tan profundamente arraigado? Debe tener el coraje de fijar el ejemplo con sus palabras y sus actos”. Durante toda su vida Einstein fue un ejemplo, considerando a los negros como amigos, dando clases en colegios tradicionalmente negros y hablando en contra del racismo.

6. El “día más grandioso” de su vida ocurrió en Israel.

En 1921, Einstein y el químico (y posteriormente primer presidente de Israel) Jaim Weizmann viajaron a los Estados Unidos para recaudar fondos para un audaz y novedoso plan: el establecimiento de una nueva universidad judía en la Tierra de Israel. “Siento una intensa necesidad de hacer algo por esta causa” le escribió Einstein a un amigo.

Dos años después, Einstein visitó el Monte Scopus de Jerusalem, donde estaban construyendo el campus principal de la nueva universidad. Lo invitaron a hablar desde “el atril que lo espera desde hace dos mil años”. Después Einstein escribió sumamente emocionado: “mi corazón se deleita” con el crecimiento de la Universidad Hebrea.

Albert y Elsa recorrieron la tierra de Israel y una multitud se reunió adonde fuera que hablara. “Considero que este es el mejor día de mi vida” afirmó Einstein.

7. Apareció en la propaganda nazi antisemita.

Después de huir de Alemania en 1933, un mes después de la elección de Hitler como Canciller de Alemania, Einstein habló en contra de la barbarie de los nazis.

Los nazis hicieron circular en Alemania un panfleto condenando el vuelo de Einstein como un acto de ingratitud y aseguraron que dijo mentiras en contra de Hitler. El panfleto terminaba nefastamente describiendo a Einstein como “no colgado”, aludiendo a que sería asesinado apenas volviera a pisar Alemania.

8. Einstein sorprendió a otros científicos al insistir en la existencia de Dios.

Einstein insistió en que su investigación científica y su entendimiento posibilitaron su creencia en Dios, en lugar de socavarla.

En una ocasión, en una cena festiva en Berlín, Einstein sorprendió a sus compañeros de mesa con la siguiente declaración: “Hagan el esfuerzo de entender con nuestros limitados recursos los secretos de la naturaleza y descubrirán que, detrás de todas las leyes y las conexiones discernibles, queda algo sutil, intangible e inexplicable”.

Años después en Princeton, explicó su persistente creencia en Dios utilizando términos más simples. Cuando un estudiante de sexto grado le escribió a Einstein y le preguntó si los científicos rezaban, se tomó el tiempo para contestarle: “Todo el que está involucrado seriamente en la búsqueda de la ciencia se convence de la presencia de un espíritu en las leyes del universo, un espíritu sumamente superior al hombre, y uno en cuya presencia nosotros, con nuestros modestos poderes, debemos sentirnos humildes…”

9. Pudo haber un “Presidente Einstein”.

De Israel. A Einstein le ofrecieron en dos ocasiones la presidencia de Israel, un rol principalmente ceremonial como jefe de gobierno en el estado judío. En ambas ocasiones, rechazó el honor.

La primera vez fue en 1948, cuando el embajador israelí en los Estados Unidos, Aba Eban, llamó a Einstein para ofrecerle el cargo. Einstein sonrió y se negó, contestando: “Sé un poco sobre la naturaleza, pero casi nada sobre los seres humanos”.

Se lo volvieron a pedir en 1952. En esa ocasión, Einstein escribió una carta formal explicando que carecía de la experiencia necesaria para ayudar a gobernar y que “la edad avanzada” estaba “dejando huellas en mis fuerzas”.

10. Sus últimas palabras fueron sobre el estado judío.

Al final de su vida, Einstein habló aún más abiertamente en apoyo del sionismo y las causas israelíes. A los 73 años, al reflexionar sobre su vida, Einstein declaró: “mi relación con la judería se convirtió en el vínculo humano más fuerte una vez que entendí con absoluta claridad nuestras precaria posición entre las naciones”.

En la mañana del miércoles 13 de abril de 1955, Einstein se encontró con el cónsul israelí para rever un discurso televisado que planeaba para celebrar el octavo aniversario de la fundación de Israel. Escribió una oración sobre la posibilidad de que Israel hiciera la paz con sus vecinos árabes, y luego se quebró. La salud de Einstein se debilitó y murió cinco días después. Su discurso, las últimas palabras que escribió, quedaron inconclusas.

Las obras citadas incluyen:

Bucky, Peter A. The Private Albert Einstein. En colaboración con Allen Weakland. Kansas City: Andrews and McMeel, 1992.
Dukas, Helen and Banesh Hoffmann. Albert Einstein: The Human Side. Princeton, NJ: Princeton University Press, 1979.
Einstein, Albert, Out of My Later Years. Secaucus, New Jersey: The Citadel Press, 1956.
Folsing, Albrecht. Albert Einstein. Traducido al inglés por Ewald Osers. New York: Penguin Books, 1997.
Isaacson, Walter. Einstein: His Life and Universe. New York: Simon & Schuster, 2007.
Neffe, Jurgen. Einstein. Traducido al inglés por Shelley Frisch. New York: Farrar, Straus and Giroux, 2007.
Pais, Abraham. Einstein Lived Here. Oxford: Clarendon Press, 1994.

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Inger Enkvist: “La nueva pedagogía es un error. Parece que se va a la escuela a hacer actividades, no a trabajar

Publicado originalmente en EL Pais

24 JUL 2018 – 13:38 CEST
Lleva más de cuatro décadas dando lecciones, tanto en el ámbito universitario
como el del instituto. Una experiencia que ha servido de espoleta para sus
investigaciones sobre el arte de enseñar. Esta catedrática emérita de español en
Suecia aborrece la llamada “nueva pedagogía”, que otorga más iniciativa a los
alumnos en el aula, y defiende una enseñanza más tradicional. La tarea principal
de la escuela debe ser, según ella, dar una base intelectual a los ciudadanos.

EL SILENCIO REINA en la calle adoquinada en la que
reside Inger Enkvist en Lund, una de las ciudades más
antiguas de Suecia, con una de las universidades más
importantes del país nórdico. Nadie diría que a pocos
minutos andando está el centro urbano. Esa calma
llega hasta el interior de su apartamento, un –
entresuelo con grandes ventanales y un jardín trasero
comunitario. Su despacho, luminoso y lleno de libros,
es un reflejo de su idea de cómo hay que entregarse a
cualquier tarea intelectual: con orden, concentración,
siguiendo unas normas…, leyendo.
Mientras la mayoría de los expertos educativos
cuestionan la utilidad que tiene memorizar datos en la
era de Google y abogan por terminar con las hileras
de pupitres, las asignaturas y dar más libertad a los
alumnos, Enkvist (Värmland, Suecia, 1947) defiende la
necesidad de volver a una escuela más tradicional,
donde primen la disciplina, el esfuerzo y la autoridad
del maestro. Su punto de vista cuestiona los
postulados de esa nueva pedagogía, pero también se
distancia de aquellos que creen que la escuela es una
fábrica de alumnos en serie y que debe centrar sus
esfuerzos en competir con otros centros para
ascender en las clasificaciones mundiales.
Comenzó su carrera educativa como profesora de
secundaria y ahora es catedrática emérita de español
en la Universidad de Lund. Ha centrado su
investigación en la obra de Mario Vargas Llosa y Juan
Goytisolo, y ha escrito ensayos sobre José Ortega y
Gasset, Unamuno y María Zambrano. Ha publicado
varios libros sobre pedagogía —como La buena y la
mala educación (Encuentro, 2011)— y cientos de
artículos, además de haber asesorado sobre la
materia al Gobierno sueco. Sentada en el salón de su
casa, Enkvist conversa en español sobre cómo cree
que deberían ser las escuelas, mientras bebe un zumo
de bayas servido con una jarrita de barro recuerdo de
Segovia. Hablando con ella no cuesta nada
imaginársela en su colegio, de niña, sacando muy
buenas notas.
¿Cómo recuerda su escuela? Era pública y

tradicional. No tengo malos recuerdos. Quizás había
algunas clases aburridas, pero así es a veces la vida.
Los alumnos llegaban a su hora y no había conflictos
con los profesores. Suecia me dio una educación
gratuita y de calidad.

Los tiempos han cambiado. ¿Sigue valiendo la
disciplina de entonces? La relación entre padres e
hijos se basa más que nunca en las emociones.
Tenemos una vida más fácil y queremos que nuestros
hijos también la tengan. Pero la escuela tiene que ser
consciente de que su tarea principal sigue siendo
formar intelectualmente a los jóvenes. La escuela no
puede ser una guardería, ni el profesor un psicólogo o
un trabajador social.
¿Cuál debe ser la finalidad de la enseñanza infantil?
Debe ser muchas cosas, pero su tarea principal es dar
una base intelectual. Dar conocimientos a los jóvenes,
prepararlos para el mercado laboral, trasmitirles una
cultura y proporcionarles una idea del orden social,
porque la escuela es la primera institución con la que
se encuentran los niños y es importante que vean que
hay unas reglas, que el maestro es la autoridad y que
hay que respetarlo tanto a él como a los compañeros.
Pero la tecnología hace más difícil controlar a unos
niños hiperestimulados. Siempre ha habido
dificultades en el aprendizaje. Hace 50 años era que
había que andar una hora para llegar al colegio o
proporcionar comidas nutritivas. Hoy se trata de la
enorme cantidad de estímulos. El nuevo desafío es
controlar el acceso al móvil y al ordenador para que
se concentren. Las escuelas que prohíben el móvil
hacen bien. En casa, los padres deben vigilar el
tiempo de uso de la tecnología. Prohibir es muy difícil
porque se crean conflictos, pero un padre moderno
debe saber decir que no. Debe resistir.
Hay pedagogos que afirman que la escuela
tradicional es aburrida y educa a niños sumisos, y

que hay que aprender a aprender. La escuela es un
sitio para aprender a pensar sobre la base de los
datos. Lo de insistir en aprender a aprender sin hablar
antes de aprendizaje es una falsedad, porque no
podemos pensar sin pensar en algo. Sin datos, no hay
con qué empezar a pensar.

¿La escuela no debería ser un lugar donde pasarlo
bien? La satisfacción de la escuela debe estar
vinculada al contenido: entrar en una clase y que te
cuenten algo que no sabías. Pero hay que saber que
para entender algo nuevo hay que hacer un esfuerzo.
Además, es fundamental que el maestro nos enseñe a
leer y también cómo comportarnos. Es imposible
aprender bien sin que haya orden en el aula. Esa es la
base principal: comportamiento, lectura y aprecio por
el conocimiento.
¿Qué opina de la tendencia de poner cojines en el
aula para que se tumben los alumnos? Eso es
engañar a los jóvenes. Para aprender a escribir, un

niño tiene que sentarse bien, mirar hacia delante,
tener hoja y papel, concentrarse… Aprender puede ser
un placer, pero, insisto, requiere un esfuerzo y un
trabajo. Hay que decírselo a los niños. Si no, les
estamos engañando. Tocar el violín, por ejemplo, no
es fácil. Requiere mucha práctica. Los estudios del
psicólogo sueco Anders Ericsson mostraron que se
necesita un esfuerzo prolongado para mejorar en
cualquier cosa. Para ser bueno en algo tienes que
dedicarle 10.000 horas. Y hay que hacerlo de forma
consciente y trabajar con un maestro. Su investigación
avala la idea tradicional de una escuela basada en el
esfuerzo del alumno bajo la dirección de un profesor.
Algunos dicen que no hace falta memorizar porque
todo está en Google. Esa es otra falsedad. Google es
un instrumento genial. Es de gran ayuda a los adultos,
porque sabemos lo que buscamos. Pero para quien no
sabe nada, Google no sirve de nada. Hay intelectuales
que andan por ahí diciendo que estudiar geografía no
les fue útil. Creo que se han olvidado de cómo y
cuánto aprendieron en la escuela. Afirmar tales cosas
es una falta de honradez con los jóvenes. Y
minusvalorar la importancia en sí de la vida
intelectual del alumno.
¿En qué consiste la nueva pedagogía que critica
usted? La nueva pedagogía es un pensamiento que se
ve por todas partes en Occidente. Suecia lo puso en
marcha en los sesenta. C0nsiste, por ejemplo, en la
poca gradación de las notas, por lo que muchos
piensan que para qué estudiar mucho si no se va a
reflejar en el expediente. Se da mucha importancia a
la iniciativa del alumno, se trabaja en equipo y,
mientras desaparecen los exámenes, aparecen los
proyectos y el uso de las nuevas tecnologías. En
general, parece que se va a la escuela a hacer
actividades, no a trabajar y estudiar. Se da más énfasis
a lo social que a lo intelectual. En España esa
tendencia empezó a llegar más tarde, con la LOGSE en
1990. Creo que es un error. Por una parte, los alumnos
con más capacidades no desarrollan todo su potencial
y, por otra parte, los que tienen una menor curiosidad
natural por aprender no avanzan. Además, muchos
gustos son adquiridos, como la historia, la lectura o la
música clásica. Al principio pueden resultar
aburridos, pero, si alguien insiste para que tengamos
una primera toma de contacto, es posible que acaben
gustándonos. Ahora muchos jóvenes eligen sin haber

conocido y, claro, eligen lo fácil.
España es uno de los países de la OCDE que más
horas dedican a los deberes. ¿Sirven de algo?
Cuando la jornada es muy larga, como en España, no
tienen sentido. Si un estudiante está cansado, poner
deberes no mejora su rendimiento. Hay que buscar un
número óptimo de clases por la mañana, cuando está
más despierto, darle un tiempo de descanso y, por la
tarde, quizás una tarea de repaso de lo que ha hecho
durante ese día. Un buen ejemplo es Finlandia, donde
los alumnos entran a las ocho de la mañana y salen a
las dos de la tarde, incluido el almuerzo; salvo los
jueves, que salen a las cuatro de la tarde.
De niña era usted una gran lectora. ¿Cómo
despertar ese placer si un niño no está interesado?
Era una lectora compulsiva. Nadie tuvo que insistir
para que cogiera un libro. Pero hay niños que lo
necesitan. Quizás al principio hay que forzarles un
poco, animarles para que se conviertan en lectores de
ocio. ¿Cómo se hace eso desde la escuela? Comprar
buenos libros para la biblioteca y recomendar uno
cada viernes. Un alumno puede contar lo que ha leído
esa semana. Hacer pequeñas competiciones para ver
quién ha leído más. Medir cómo aumenta su
vocabulario. Y explicar que la lectura les permitirá,
cuando sean adultos, desenvolverse mejor. Si los
alumnos empiezan a leer, casi todos van a descubrir
que es un placer. Pero necesitan horas. Se calcula que
en la mayoría de los países se dedican 400 horas en
primaria al aprendizaje de la lectura. Para ser un buen
lector hacen falta 4.000 horas. Es imposible encontrar
tanto tiempo en clase. Tienen que hacerlo en casa. Lo
que pueden y deben hacer los padres es leer con sus
hijos: apoyar la lectura y servir ellos mismos de
modelo.

Pero las humanidades están perdiendo peso. Se dice
que el mañana estará dominado por la tecnología y las
ciencias naturales, y que lo histórico no es importante.
Además, las pruebas PISA [exámenes organizados por

la OCDE que evalúan las competencias de alumnos de
15 años en ciencia, matemáticas y lectura] no tienen
en cuenta las disciplinas humanísticas porque es
difícil comparar esos conocimientos entre países, así
que la voluntad de competición les lleva a poner más
énfasis en las materias que entran en PISA y
descuidan las demás. Tanto en la escuela como en la
familia se debe dar más énfasis a las humanidades.
¿La visión de PISA es la de una escuela que debería
funcionar como una empresa? La OCDE es una
organización económica y analiza la educación desde
esa perspectiva. Lo que PISA no revela es si hay buen
ambiente en el aula, si se inculcan buenos principios
de trabajo, si se enseñan bien las humanidades, las
ciencias sociales, las materias estéticas como el arte y
la música, que son esenciales. PISA es una prueba
muy específica que analiza algunas cosas. Las
escuelas y los países deberían defender que ellos
ofrecen mucho más que eso.
En sus libros señala a Finlandia como uno de los
grandes modelos. La educación de Finlandia ha sido
tradicional, aunque hace dos años el Gobierno puso
en marcha un programa más parecido al de Suecia,
porque mi país tiene un rendimiento escolar inferior,
pero disfruta de un comportamiento económico
superior y ha creado empresas tecnológicas como
Spotify y Skype. El Gobierno finlandés parece pensar
que con un poco de desorden sus colegios serán más
creativos. No lo creo.
¿Finlandia era tradicional? No hay exámenes en la
educación obligatoria ni los había antes de esa
reforma que menciona. Hay que repensar la fobia a
los exámenes. El examen ayuda a centrarse en un
objetivo. Que tal día tienes que saber estos
conocimientos. Un buen profesor enseña cosas a los
alumnos, repasa con ellos y les pone algunas pruebas.
Y construyen otras enseñanzas sobre lo ya aprendido,
así que esos conocimientos vuelven a salir más
adelante. No pone un examen sobre algo sin
importancia. Con las reválidas pasa lo mismo. Son una
meta clara. Ayudan a tener una visión global.
En Finlandia no se compara tanto a los colegios,
algo habitual en España. ¿Es así? En Finlandia siguen
con la tradición de confiar en sus profesores. Cuando

hay un control estatal del rendimiento y se hacen
comparaciones entre las escuelas, el ambiente se
enrarece. Para los profesores, genera estrés y rencor
hacia quien te controla.
¿Cómo debe ser un buen profesor? Responsable y
bien formado. Debe creer en el poder del
conocimiento. Uno no es buen profesor solo por lo
que sabe de la materia, ni solo porque sabe ganarse a
los alumnos. Hay que combinar ambos elementos:
atraer a los alumnos a la materia para enseñarla
adecuadamente. Hay que reclutar a profesores
excelentes en los que puedan confiar alumnos, padres
y autoridades. Y a no ser que haya una situación
grave, debemos dejarles trabajar.

¿Cómo ha sido su experiencia en clase? El alumno

tiene que respetar las indicaciones del profesor, hacer
las tareas y, por ejemplo, no mentir. Antes, mentir era
muy grave. Ahora parece que no pasa nada. He visto a
jóvenes que se inventan motivos para justificar por
qué no han hecho un trabajo, que escriben de forma
poco legible para generar dudas o discuten todo el
rato con los profesores. Sé lo desagradable que resulta
que un alumno intente mentirte. Lo he visto, en el
instituto y en la universidad. Cuando un profesor
siente que no se le respeta, que intentan engañarle, se
rompe toda relación de enseñanza.
¿Qué hacer con los niños que molestan y no dejan
trabajar a los demás? Eso es un tabú. Se considera
poco democrático. Se dice que hay que dar una
oportunidad a todos. Pero ¿qué pasa cuando un niño
conflictivo no deja trabajar a los demás, cuando se ha
hablado con él y con los padres pero no rectifica? Hay
que ponerlo en un grupo aparte a ver si así se da
cuenta y cambia.
¿Y los niños que se esfuerzan, pero no llegan al
nivel? Se les puede dar clases de apoyo. Y ofrecer
itinerarios diferentes, como ocurre en el caso de
Singapur.
¿Y repetir curso? Hacer repetir a un niño a veces
sirve y a veces no, porque cada uno es diferente. A mí
me gusta el sistema de Singapur, donde el lema es que
cada niño pueda llegar a su nivel óptimo. Para ello hay
diferentes formas de conseguirlo: una vía digamos
normal y otra vía exprés. La segunda incluye más
contenidos en menos tiempo. Algunos dicen que es
menos democrático, pero yo creo, al revés, que es más
democrático porque conviene al niño, a la familia y al
Estado. Y hay menos abandono escolar, un problema
mucho más grave.
¿No se aprende también por imitación? Es decir,
¿los adelantados pueden tirar de los que se quedan
atrás? Funciona cuando el grupo tiene de media un
buen nivel y un buen profesor. Y si los que se tienen
que integrar son pocos y quieren hacerlo. Si no, lo que
suele pasar es que los que no quieren trabajar
arrastran a los demás.
El bilingüismo que combina el inglés y el español
prolifera en los colegios españoles. ¿Habría llevado

a sus hijos a una de estas escuelas? Primero,
analizaría otras opciones. Aprender inglés está bien,
pero hay que preguntarse qué dejamos de aprender de
otras materias. Tengo dudas. Creo que se puede
aprender bien inglés con algunas horas de clase sin
sacrificar otros conocimientos, como por ejemplo las
ciencias. En Suecia no se empieza con el inglés hasta
los 9 o 10 años.

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¿Pueden subsistir los moderados?

Publicado originalmente en el EL Confidencial.

Algo de maximalismo ha ganado los congresos del PP y del PDeCAT, pero no
es seguro que la moderación sea un anacronismo

Marta Pascal y Soraya Sáenz Santamaría. (Montaje: El Confidencial)
Joan Tapia

25/07/2018 05:00
La elección de Pablo Casado se puede interpretar —simplificando— como la victoria de la derecha del PP y el
retorno del aznarismo. La purga de Marta Pascal en el congreso del PDeCAT, como la liquidación de una
tentativa de secesionismo liberal y moderado frente al maximalismo de Carles Puigdemont.
Sergi Pàmies, agudo escritor, levanta acta de una derrota de la moderación y un triunfo del “populismo
patriótico” en ambos congresos. No habla de la América de Trump y saca una conclusión que, pese a ser
exagerada por su enfoque literario, merece una reflexión: “La nueva política será caníbal o no será”.
Soraya y Marta son moderadas, pero también herederas de una tendencia a la brusquedad política
La primera reflexión es que Soraya Sáenz de Santamaría y Marta Pascal son moderadas respecto a sus
contrincantes. Pero ambas son también las herederas de una apuesta por la brusquedad y simplificación
políticas y de un cierto desprecio del consenso. Marta Pascal es heredera de la CDC de Artur Mas, que pasó
del pragmatismo catalanista de cada día, el llamado ‘peix al cove’, fuera cual fuera el vago objetivo final, a un
independentismo dogmático que sostenía que Cataluña debía desconectarse de España en 18 meses (a partir
de 2015) para poder sobrevivir. No exagero, está en las malditas hemerotecas.
Pero Marta Pascal y sus amigos —que han visto la política europea a través del grupo parlamentario liberal—
han sacado las conclusiones más elementales del fracaso del 27-O (y de la condena europea) y estaban
rumiando cómo, sin abjurar de los principios, se debía gobernar Cataluña de forma efectiva y —para ello—influir en la política española.

Puigdemont prepara una opa hostil a ERC en octubre con la ayuda de la ANC
A. Fernández. Barcelona
El ‘expresident’ presionará a los republicanos con la ANC, uno de sus mayores aliados para promocionar su
nuevo instrumento político: la Crida Nacional per la República
Soraya Sáenz de Santamaría era la jefa de estado mayor de Mariano Rajoy, un político que para afianzarse en
el PP y derribar a Zapatero hizo de la discrepancia con el Estatut elaborado en el Parlament catalán, y
corregido (Alfonso Guerra dijo cepillado) ya en las Cortes españolas, la madre de todas las batallas y una
cruzada callejera. Y que incluso lo recurrió masivamente ante el Tribunal Constitucional cuando ya había sido
votado —con gran mayoría y alta abstención— por el electorado catalán. ¿Merecía un Estatut, cuya aplicación
siempre sería vigilada por el Constitucional, una cruzada y las artes de Federico Trillo para lograr una
sentencia que llegó cuatro años después y que fue recibida como una agresión en Cataluña? José Montilla —
nada sospechoso de independentismo— advirtió, ya antes de la sentencia, del creciente sentimiento de
desafección en Cataluña.
Es posible que si Rajoy no hubiera llegado al ‘cruzadismo’ contra el Estatut, hoy todavía siguiera gobernando.
Y su mayor error fue no desinflamar el conflicto cuando al final desbancó a Zapatero y obtuvo mayoría
absoluta. Aunque Artur Mas, que se creía invencible e infalible, no se lo puso nada fácil.
¿Merecía la discrepancia con el Estatut ser convertida en la madre de todas las batallas?
Pero Soraya también representó el intento de Rajoy —tras volver a ser investido a finales de 2016— de buscar
un acuerdo o un apaño que evitara el choque de trenes. Era demasiado tarde y el independentismo se había
creido su propaganda. Pero Rajoy y Soraya se resistieron —por su experiencia, temieron que el remedio fuera
peor que la enfermedad— y no recurrieron a un 155 suave (aunque la violación de la legalidad comportó una
intervención musculada de la Fiscalía y la judicatura) hasta el último momento. Había otros que pedían —sin
especificar demasiado— soluciones más enérgicas o más milagrosas.
Marta Pascal y Soraya Sáenz de Santamaría son moderadas frente a sus contrincantes, frente a Puigdemont y
Pablo Casado (aderezado si quieren por Aznar). Pero han sido víctimas también de la crispación provocada
por decisiones precipitadas, rupturistas y basadas en un cálculo político a corto de sus jefes. De Artur Mas
cuando decidió que una sentencia del Constitucional era motivo suficiente para decir que no había solución
dentro de España y para, de paso, intentar conseguir mayoría absoluta en las elecciones catalanas de 2012
(intento frustrado, porque perdió 12 diputados). Y de Mariano Rajoy cuando convirtió el desacuerdo con el
Estatut en una cruzada ideológica y populista contra el nacionalismo moderado catalán —cuando CiU fue
hasta 2010 un factor de equilibrio en la política española— y, de paso, derribar a Zapatero. Tampoco lo consiguió, porque cayó después por la crisis económica.

Casado invita a Aznar a sumarse a su proyecto: “La experiencia es un grado”
Á. Collado
Casado ha reivindicado el legado de todos los presidentes que ha tenido el partido y ha defendido en todo
momento a José María Aznar, de quien fue jefe de gabinete ya siendo expresidente
Quizá la lección de las dos derrotas del fin de semana sea que cuando los líderes de dos fuerzas potentes y
responsables (Rajoy y Mas) se deslizan por la pendiente de la precipitación y el oportunismo algo maximalista,
luego la marcha atrás y el retorno a la moderación son muy complicados. El maximalismo, cuando se libera de
las fronteras del consenso, adquiere vida propia y ni sus mismos creadores lo pueden disciplinar. Pujol dijo un
día que era fácil sacar la pasta del tubo de dientes pero que volver a meterla era imposible.
La pregunta relevante es si la derrota de las moderadas del fin de semana, herederas de líderes que por error
o por lo que sea se separaron de la moderación y del consenso, marca tendencia y podemos concluir que la
moderación es ya un anacronismo y la política española y catalana está condenada a ser dominada por el
‘populismo patriótico’.
Puede ser, pero nada es menos seguro. Primero porque en España el Gobierno de Pedro Sánchez apuesta
por la desinflamación. Es cierto que gobierna sin mayoría y que una actitud contraria y decidida de los
diputados del PDeCAT, bajo el control ahora de Puigdemont, podría desestabilizarlo. JxCAT rechaza la
rectificación doctrinal pero tampoco tiene claro dónde quiere y puede ir en el mundo real. En la práctica, parece
estar optando por una doble via que el ‘president’ Torra —colocado por Puidemont— reafirmó tras la cumbre
con Pedro Sánchez: firmeza en defender el derecho de autodeterminación y acuerdo para volver a poner en
marcha la comisión bilateral Estado-Gemeralitat, que no se reunía desde hace siete años. Es complicado e
incoherente, sí, como la vida misma. Y ayer —dos días después del congreso del PDeCAT— Torra pidió una
reunión urgente de la Junta de Seguridad y Elsa Artadi afirmó que no querían desestabilizar a Pedro Sánchez
mientras dialogara.
Es difícil controlar el maximalismo oportunista cuando el monstruo ya ha salido de la botella
Por otra parte, la última encuesta del CEO, el CIS de la Generalitat, así como otras anteriores de ‘El Periódico
de Cataluña’ y de ‘La Vanguardia’, indican que Puigdemont no es el líder nacionalista más valorado, que ERC
ganaría unas elecciones y que la nota obtenida por el Gobierno y los políticos españoles, aunque sigue siendo
baja, experimenta una mejora sensible. Es posible que el maximalismo no sea hoy la opción preferida del
secesionismo. Puigdemont es radical pero no tonto, y debe ser cauteloso al administrar su dominio sobre
JxCAT y el PDeCAT. Quizás espera el próximo juicio contra los políticos presos, que desde luego no será un
factor de estabilidad.
Respecto al PP, es cierto que Casado ha ganado colocándose a la derecha de Rajoy y de Soraya, y ayer
mismo recibió a Aznar en Génova. Pero la victoria de Casado es también un voto de protesta de significación
plural contra la exvicepresidenta de un Gobierno que ha perdido el poder y un deseo de renovación. Y es
posible que, a la hora de las elecciones, Casado tenga en cuenta que los votantes del PP, que en todas las
encuestas preferían a Soraya (ahí están las de ‘El Mundo’), no son los militantes ni los compromisarios del
congreso, y que si quiere ampliar su electorado, lo que puede ganar en Vox es muy poco frente al voto
moderado —a veces fluctuante— que decide las elecciones. Los congresos de un partido se ganan
poniéndose la camiseta de militante. Las elecciones, sabiendo conectar con los propios electores —menos
doctrinarios— y seduciendo a los de otros partidos con los que se tienen fronteras. En el caso del PP, además
de los de Vox —pocos—, los de Cs y los centristas del PSOE.

Sábado de criba: así es como Soraya y ‘la Marta’ perdieron la partida
Nacho Cardero
Tras los acontecimientos de este fin de semana, amenaza tormenta en Cataluña. También en Madrid. Rajoy se
va, Puigdemont se queda. Al final han ganado los duros
Es cierto que en los congresos del fin de semana las candidatas moderadas perdieron y que se impuso en el
PP y en el PDeCAT un cierto ‘populismo patriótico’ (de patrias diferentes), pero está lejos de haberse probado
que la moderación sea un anacronismo. Es más, las encuestas detectan —en España y en Cataluña— un
cierto deseo de consenso y de una salida negociada. Lo que sí es cierto es que también hay mucho
escepticismo sobre la posibilidad y la voluntad de alcanzar un pacto equilibrado. Lo que Fraga, Suárez, Pujol,
Felipe y Carrillo lograron en 1978 parece hoy casi un imposible. Y lo que no es menos cierto es que el
congreso del PDeCAT parece favorecer la hipótesis de un adelanto electoral.

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España debe aceptar la extradición de Puigdemont

Publicado originalmente en blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com

La decisión de la Justicia regional alemana de extraditar a España a Puigdemont por el delito de ‘malversación’ debe, una vez acabados los recursos a la Corte superior y si se
mantiene la sentencia, ser aceptada y de manera inmediata por el Gobierno de España y por el juez Llarena para que el
expresidente catalán entre en prisión preventiva y pueda ser juzgado por dicho delito de malversación lo que le acarrearáuna condena de 12 años de prisión.

Y todo ello y al margen de que dicha extradición, acordada en Alemania, excluya el delito de la rebelión que pretendía la Justicia española. Y a pesar también de los efectos
colaterales que la decisión germana pudiera tener para el resto de procesados en el golpe de estado catalán de 27-O que están en prisión preventiva y pendientes de juicio. Lo que en ningún caso tiene que afectar a los juicios orales que se acercan donde se les imputan delitos de rebelión, malversación y desobediencia.
E Incluso y siguiendo la senda marcada por la jueza Carmen Lamela en la Audiencia Nacional la Fiscalía española podría rebajar, durante la vista del juicio oral en el Tribunal
Supremo, el delito de rebelión al de la sedición. El que incluye penas de hasta 15 años de prisión, a las que habría que añadir las que les corresponda por la malversación y la desobediencia. Un juicio este ya en ciernes que podría
celebrarse antes del de Puigdemont.
Además el Tribunal Supremo podría, una vez que Puigdemont cumpla la condena por malversación, volver a procesarlo por los delitos de la rebelión (o sedición) y desobediencia si Puigdemont al salir de la cárcel se queda en España más de 30 días. De lo contrario tendría que
volver a huir tras haber cumplido una severa condena de 12 años de cárcel.

Por todo ello el Gobierno de España y el juez Llarena deberían aceptar la inmediata extradición de Puigdemont por
malversación, lo que incluye la prisión preventiva inmediata por claro riesgo de fuga hasta que se celebre su juicio y
luego tendrá que cumplir la condena pertinente, seguramente de 12 años de prisión.

Y a no olvidar que con el inmediato traslado de Puigdemonta España y su ingreso en prisión preventiva se pone punto final al aparato de propaganda del golpismo catalán tanto en Europa como en la escena internacional, O sea y como dice el dicho popular: ‘pájaro que vuela a la cazuela’.

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Aforamiento no es inviolabilidad: el caso del Rey emérito

Publicado originalmente en Ok Diario

Teresa Freixes13/07/2018 18:52

Como suele ser habitual en las monarquías democráticas actuales, en las que la Jefatura del Estado no ostenta poder político y, en consecuencia, sus actos deben ser refrendados, los reyes o reinas gozan de lo que se denomina “irresponsabilidad” en el desempeño de sus funciones, lo cual se traduce en inviolabilidad frente a la exigencia de responsabilidades. En este sentido, el artículo 56 de la Constitución española, en su tercer párrafo dispone que “la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64, careciendo de validez sin dicho refrendo, salvo lo dispuesto en el artículo 65, 2” —relativo al nombramiento de los miembros de la Casa Real—. La inviolabilidad es, pues, una prerrogativa real que implica que al monarca no se le pueden imputar, mientras lo sea, responsabilidades por los actos que realice puesto que no es él quien las asume sino quien los haya refrendado —Presidente del Gobierno, ministros o Presidente del Congreso según lo dispuesto en el art. 64 CE—. Aquí, en este punto, cabe preguntarse si podría el monarca ser responsable por los actos no realizados en el ejercicio de sus funciones, puesto que al no haber necesitado refrendo, que es la institución que traslada la responsabilidad al refrendante, sería entonces el rey quien fuera responsable de los mismos.

La Constitución nada dispone al respecto y en las monarquías constitucionales parece existir una costumbre o convención constitucional favorable a la no exigencia general de responsabilidades a los monarcas que no gobiernan. No es así en el caso de las Jefaturas de Estado republicanas, ya que quienes las ostentan tienen actuación política y poderes concretos, legalmente establecidos, y cuya responsabilidad suele estar prolijamente regulada. En nuestro ordenamiento jurídico, no tenemos precedentes que nos sirvan de orientación y, además, el problema que ha originado que nos preguntemos ahora por ello deriva de actuaciones del actual Rey emérito, no del actual Rey reinante. La abdicación de Juan Carlos I se hizo efectiva mediante la Ley orgánica 3/2014, de 18 de junio, que desarrolla lo previsto en el art. 57.5 de la Constitución Española. Con anterioridad, ya la Ley Orgánica del Poder Judicial había sido reformada, añadiéndosele un artículo, el 55 bis, por el que se atribuyó a las salas Civil y Penal del Tribunal Supremo, el enjuiciamiento de las acciones civiles y penales dirigidas, entre otros, contra el Rey que hubiera abdicado. Con ello, se disponía que el Rey, en cuanto finalizara su mandato mediante la abdicación, perdía la inviolabilidad que la Constitución atribuye al Rey reinante, otorgándole a su vez el aforamiento ante el Tribunal Supremo.

El Rey emérito, pues, no tiene inviolabilidad en cuanto tal, pero sí goza de aforamiento, o cualidad de no poder ser juzgado más que por el Tribunal Supremo. Puede, pues, ser juzgado por todo aquello que sea posterior a la fecha de su abdicación, el 18 de junio de 2014, es decir, a partir de la entrada en vigor de la Ley que la sanciona, porque así se dispone en la propia Ley Orgánica a que nos referimos, pero no por lo que hubiera realizado durante su mandato, ya que no es posible atribuir responsabilidad con carácter retroactivo, en lo penal porque constituye un principio general que las normas de esta naturaleza no pueden ser retroactivas y, en lo civil, porque ello hubiera tenido que ser expresamente establecido.

El aforamiento ante la Sala Civil y la Sala Penal implica que no sólo tiene responsabilidad por la presunta comisión de delitos, sino también por los ilícitos de carácter civil/mercantil o de otra naturaleza que hubiera, hipotéticamente, podido cometer. No estando regulado, con carácter específico, procedimiento alguno para estos casos, les serán de aplicación las disposiciones que se establecen en las leyes de procedimiento aplicables según la naturaleza de la imputación y/o investigación que se tenga que realizar al respecto. En este punto, a falta de regulación singular, el Rey emérito está sujeto al mismo procedimiento que cualquier otra persona, pues lo único que tiene establecido como diferente es que el caso se substancie ante el Tribunal Supremo.

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