PADRE DANIEL MARTIN

Publicamos esta Nota, escrita por Joaquín Domínguez Pereira, voluntario en Caritas de las Tres mil viviendas, en el Polígono Sur. Ingeniero de Caminos y “viajado por el mundo”, aporta aquí una realidad que suele permanecer en la oscuridad. Bienvenido

Notas cortas

PADRE DANIEL MARTIN

2014

Conocí al Padre Daniel Martín en 1959 a bordo del “Istanbul”, entre Marsella
y Haifa. Escribí entonces una larga Nota en la que entre otras muchas cosas hablaba de nuestro encuentro. Copio a continuación los párrafos en los que me refería a él.

“Nos acomodamos en un camarote maloliente y recalentado, con media docena de jóvenes franceses que iban a pasar sus vacaciones estivales trabajando en kibbutzim. Había también
varios grupos de chicas que ocupaban camarotes reservados para mujeres. Enseguida sonó la campana llamando a la cena y nos fuimos todos corriendo para el comedor. Yo apenas había
comido unos sandwiches en un puesto ambulante de la isla de If y aunque habíamos desayunado estupendamente, café, riquísimos croissants y baguettes con mantequilla, en un café próximo al
Consulado, tenía un hambre más que regular. Compartimos mesa, una mesa larga con bancos de madera a ambos lados, con un grupo de jóvenes franceses y con un sacerdote vestido con hábito
carmelita que merece párrafo aparte.

Realmente se trataba de un caso curioso. El P. Daniel Martín, que así se llamaba el carmelita, había nacido en Varsovia en el seno de una familia judía. En 1939, cuando las tropas nazis
asesinaron a sus padres y hermanos, escapó por los pelos refugiándose en un convento de Carmelitas. Poco a poco, en el trato diario con los frailes del convento fue instruyéndose en la
religión católica llegando no sólo a convertirse al catolicismo sino a profesar en la Orden del Carmen. En 1959, veinte años después del pogrom, pidió a sus superiores ser trasladado a Israel pensando que como hijo de judía tenía derecho a la nacionalidad israelí y que sería autorizado a ejercer su ministerio.

La realidad fue muy distinta pues sólo pudo conseguir un visado turístico para una estancia de 90 días. Su llegada a Israel originó una gran polémica. Parte de la prensa se puso a su favor por lo que pudo renovar su permiso de residencia aunque no consiguió la nacionalidad.

Teníamos grandes dificultades para entendernos pues él no hablaba más que polaco y yiddish y, por supuesto, hebreo, hasta que descubrimos que podíamos conversar, y también rezar, en latín, lengua que yo había estudiado durante los siete años de bachillerato y que desgraciadamente ha sido eliminada de los planes de estudio de nuestros hijos.

Aquella primera noche, con un tiempo magnífico aunque la brisa del mar nos obligó a ponernos los chalecos, nos quedamos charlando en cubierta después de cenar. Pronto transcendió la historia del padre Martín, acercándose a nosotros muchos chicos y chicas franceses
interesados por su vida en Polonia.

Aunque Simón y yo nos multiplicamos en nuestra labor de intérpretes del francés al latín, la cosa no daba más de sí y con harto sentimiento por parte de
todos tuvimos que dar por terminada la tertulia.

Durante mi estancia en Israel le visité varias veces en su convento de Haifa, en Monte Carmelo, en el valle de El-Muhraqa, edificado sobre la gruta de Elías, donde también vivía un
español, un hermano lego de Navarra, que nos entretenía mucho contándonos historias de la guerra de la independencia de Israel que él había vivido con gran intensidad. En una de mis visitas me impuso el escapulario del Carmen, en el altar de la gruta, en una ceremonia que para mí fue especialmente emotiva.

El relato completo a continuación.

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