El indulto

Publicado originalmente en La República de las Ideas

JOSÉ LUIS MANZANARES | 25/09/2018

Los delitos de rebelión tienen normalmente una motivación política, como ocurre, salvando las distancias, con los delitos de terrorismo, pero no son por ello delitos políticos sino delitos comunes: asesinatos, daños, golpes violentos de estado, etc. En tanto se considere que para la declaración
unilateral de independencia en Cataluña se recurrió a la violencia, habrá un delito cuyos responsables no se convierten en presos o penados políticos por la motivación de su conducta. Hasta aquí la cuestión es bastante clara pese a los interesados lamentos, plataformas y engañosas campañas de concienciación, casi siempre alimentadas con dinero público para mayor escarnio.

El hecho de que los problemas políticos demanden soluciones fundamentalmente políticas no significa que mientras tanto haya barra libre, o casi, para delinquir, aplicando o no nuestra legislación penal o interpretándola con la vista puesta en las consecuencias políticas de la actuación judicial. Todas la soluciones políticas están abiertas, pero con los límites infranqueables de la Constitución y el Código Penal. Y así llegamos a la institución del indulto, a caballo entre la Justicia y la Política.

Esta manifestación del derecho de gracia, la única recogida en el vigente Código Penal, se confía formalmente al Jefe
del Estado pero a propuesta del Gobierno conforme a lo dispuesto en la Ley del Indulto de 1870. A su tenor, la
jurisdicción penal cede legalmente ante el Poder Ejecutivo algunas competencias en el cumplimiento de las penas. La
cuestión es, por lo tanto, muy delicada, pero en cualquier caso no parece prudente especular en este momento, según y dónde, sobre el posible vaciado de las penas que en su día pudieran imponer los jueces por los delitos del proceso independentista catalán.

Valga adelantar, sin embargo, que la concesión de la repetida gracia sólo puede responder a “razones suficientes
de justicia, equidad o conveniencia pública”, de forma que esta última sería sin duda la única relevante políticamente en relación con el proceso catalán. Las otras dos estarían mejor
ubicadas en una especie de perdón judicial, del que hay ejemplo en otros países.

En fin, también para hablar del indulto convendría atenerse al principio de oportunidad. Como decían los romanos
“distingue tempus concordabis iura”.

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