HUMOR DEL ETERNO Y OBISPO DE CADIZ

Según el señor Einstein, Dios no juega a los dados. Es evidente que permite
actuar con humor a hombres y animales. La burra de Balaan es un caso de
humor animal. La encerrona de Tamar a su suegro Judá haciéndole padre
de dos de sus hijos Farés y Zara, después de ser por dos veces su nuera, es
un caso de humor femenino.
¿Y qué tiene que ver con esto el señor obispo de Cadiz y Ceuta?. Tiene que
que ver. En los años de su episcopado ha logrado fastidiar a buena parte de
sus curas, hacer saltar indignado y dolido a un canónigo de su catedral, a
escandalizar a voluntarios de asociaciones benéficas, a sufrir a personas que
ha despedido de sus trabajos. Recientemente ha conseguido nombrar a un
ecónomo, un administrador vamos, que ha terminado obligando al prelado a
reconocer que desconfía de sus párrocos porque pueden estar relacionados
con el blanqueo de capitales. ¡Un primor!.
El humor del Eterno, ha hecho que tras el galimatías de la desconfianza de
su excelencia con los párrocos gaditanos a cuenta del perraje, hayase
conocido que uno de los curas que el prelado ha hecho venir allende los
mares por no fiarse del clero local, ni era cura ni era ná, clericalmente
hablando. Y lo ha tenido de párroco en Jimena de la Frontera siete meses y, ¡qué ojo!, lo ha ascendido a dirigir dos feligresías en Media Sidonia, que
fuera sede episcopal en el siglo IV. ¿Cómo es posible que un obispo que desconfía de sus curas se traiga laicos
a presidir eucaristías, confesar, casar, predicar y administrar moribundos
como si estuvieran ordenados in sacris?. Pero ¿qué clase de personas
colocan los nuncios y el Papa de Roma, éste o su antecesor, al frente del
sufrido pueblo cristiano?. La falta de sindieresis de tales prelados, es pareja
a quienes los proponen, los examinan y nombran.
Cuando se ha descubierto el desafuero, el tal reverendísimo, no ha tenido
ocurrencia mejor que decirle a los cristianos católicos de Jimena y de Medina que no se preocupen que él – iluminado por un espíritu tal cual el que le sopló al oído que el cura que no era cura y que nombró para varias parroquias era cura y como tal se desenvolvería – les garantiza ahora que las misas dichas por un impostor son válidas y legítimas, que las confesiones que un sinvergüenza con estola están bajo secreto sacramental aunque el tal
descarado no haya recibido el sacramento del orden, que tenía licencia para enseñar la doctrina de la Iglesia que no conocía y para administrar a los
moribundos un viático no consagrado. Todo eso lo garantiza su excelencia
reverendísima con la misma credibilidad que le otorga el haberlo traído,
nombrado, trasladado y mantenido.

¿En manos de que clase de líderes religiosos estamos?. La inútil soberbia
demostrada por este caballero que gasta mitra, debería ser suficiente para
que la Sede Apostólica lo destituyera de su función episcopal y lo mandara a
hacer ejercicios de humildad primero y de ojeo después.
¡Qué lince, Madre del Rosario, patrona de Cadiz, qué lince!.
Alberto Revuelta.

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