Publicado originalmente en El Confidencial

Obreros al tajo e investigadores en casa: la ciencia española se rebela contra el Gobierno
Los científicos españoles se sienten discriminados frente a otras actividades ‘no esenciales’: podrían hacer pruebas PCR y volver al trabajo de forma segura, pero están en casa con todo parado

Autor JOSÉ PICHEL

27/04/2020 05:00
Los científicos que trabajan en asuntos directamente relacionados con el covid-19 están en sus laboratorios. Es el caso de dos equipos del Centro Nacional de Biotecnología, liderados por Luis Enjuanes y Mariano Esteban, que intentan desarrollar una vacuna. También hay personal al cuidado de los animales de experimentación y otros trabajadores en tareas mínimas de mantenimiento. Pero son la excepción que confirma la regla: la inmensa mayoría de los investigadores españoles están confinados en sus casas y muchos no entienden por qué. Mientras que la pandemia pone en evidencia la importancia de la ciencia y los empleados no esenciales están acudiendo a sus puestos, las puertas de los centros de investigación biomédica de España permanecen cerradas.

Mónica López Barahona, directora académica del Centro de Estudios Biosanitarios (CEB), se pregunta cuál es el motivo, sobre todo teniendo en cuenta que miles de especialistas podrían estar echando una mano en un asunto clave de la lucha contra el coronavirus: la realización de las pruebas PCR, el método de diagnóstico más fiable. “En cada laboratorio de investigación biomédica, por lo menos hay una máquina de PCR que está sin utilizarse, y las personas que pueden hacerlo están confinadas en sus casas”, denuncia en declaraciones a Teknautas. Multiplicar estas pruebas es esencial para tener más información sobre quién está contaminado, por lo que deberían servir para “establecer un protocolo de desconfinamiento a partir de unos datos sólidos y seguros”.

Científicos españoles desarrollan un método de testeo masivo sin utilizar test comerciales
ALEJANDRO MATA
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Para colmo, “el personal de investigación no puede trabajar a pesar de que en sus propios centros se les puede hacer el test de PCR. Si el lunes se empezaran a hacer los test de PCR a todos los investigadores y técnicos, el miércoles sabrían quién está infectado y quién no y, por lo tanto, podrían incorporarse a su puesto de trabajo”.

El Instituto de Salud Carlos III ha acreditado 13 centros para la realización de estas pruebas, entre ellos, siete universidades, pero decenas más lo han solicitado y están a la espera. Los expertos explican que, básicamente, hay dos problemas a la hora de conceder estos permisos: técnicos y de bioseguridad. Por una parte, estas pruebas requieren varios pasos: purificar el material genético, transformar el ARN en ADN y realizar la PCR en tiempo real; y no todos los laboratorios pueden hacerlo. Por otra parte, es importante que no se contaminen las muestras y que no se contagie quien las manipula.

Sin embargo, los investigadores consideran que los laboratorios especializados en biomedicina cuentan con material y experiencia más que de sobra. “En los centros de investigación biomédica, se hacen PCR todos los días, hasta forman parte de las prácticas de los alumnos”, asegura López Barahona. Además, “no hay ningún problema en cuanto a la seguridad, el único punto de contagio es la extracción del material biológico al paciente, y eso lo hace el personal sanitario, no el investigador, que trabaja con el material genético del virus”.

A la directora académica del CEB le llama especialmente la atención un caso: “El Centro de Investigación del Cáncer (CIC) de Salamanca se ha acreditado por el Ministerio de Sanidad para poder hacer PCR a la población. Sin embargo, a los propios investigadores de ese centro no se les ha practicado la PCR y siguen en sus casas. Es inconcebible”, asegura.

Xosé Bustelo, subdirector del CIC, confirma que “todos los proyectos han sido paralizados” y “solo queda una actividad muy residual que está dirigida a experimentos que implican largos plazos de ejecución y cuya pérdida resultaría irremediable”. Bustelo, que también es presidente de la Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer (Aseica), afirma que, “por supuesto, hay que tener protocolos bien homologados para llevar a cabo los diagnósticos con fiabilidad. Pero eso, honestamente, no es un problema insoluble: los centros de investigación biomédicos hacemos este tipo de trabajos de forma bastante rutinaria”.

Según explica, los procesos de acreditación no deberían haber sido un problema. No obstante, «me pregunto por qué hay que recurrir a tanta burocracia, sobre todo en una situación de emergencia sanitaria como la actual», apunta Bustelo, “los responsables de los centros saben qué medidas hay que tomar y qué controles hay que implementar para asegurar una labor diagnóstica fiable”.

«Estaría bien que, en vez de tanto Twitter, se concentrase más en establecer medidas tangibles en el BOE»

En su opinión, tanto el Gobierno central como las comunidades deberían haber establecido pautas de colaboración, pero, llegados a este punto, “se han perdido 40 días preciosos en luchar contra estas borrascas administrativas”. Además, todas las iniciativas para utilizar los recursos y el personal de los centros de investigación “han partido desde abajo, de los científicos a los gestores”. En otras palabras, “ha sido como gritar ‘Houston, tenemos un problema’ sin tener a un Houston con un plan al otro lado de la línea”.

Por eso, el presidente de la Aseica manda un recado al ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque: «Estaría bien que, en vez de tanto Twitter y tanta exposición mediática con declaraciones vacuas que no se traducen en nada, se concentrase más en establecer medidas tangibles en el BOE».

La paralización de otros proyectos
En esta situación de parálisis, incluso las buenas intenciones gubernamentales pueden ser contraproducentes, advierte López Barahona: “Abrir una convocatoria de proyectos para covid-19 cuando no hay fondos de investigación para otras patologías ha podido fomentar que científicos que no tienen la pericia necesaria en virología soliciten estos proyectos y comiencen ahora a investigar en este campo”.

Mientras, “se está perdiendo potencial intelectual y tiempo” en el campo que cada investigador dominaba. “Estamos viviendo una crisis dramática, pero el cáncer, las enfermedades neurodegenerativas o las cardiovasculares tienen un índice de mortalidad muy superior al covid-19 y los investigadores que se ocupan de ellas están en sus casas. España no se puede permitir este lujo y tirar por la borda experimentos que pueden haber tardado un año en desarrollarse”, asegura. “La investigación lleva en una situación de ostracismo de más de una década en nuestro país, independientemente del color político, hay pocos recursos económicos y ahora sumamos el parón de actividad”, lamenta.

La investigación sobre ictus que desarrolla David Quinto en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid es una de las que pueden verse sepultadas por el tsunami del coronavirus. “Muchos estudios que se han parado podrían haber logrado cualquier tipo de avance biomédico de forma inmediata, y todo se va a retrasar. Yo estaba haciendo neurocirugías en ratas y eso desde casa no se puede hacer”, comenta.

Para colmo, se ve impotente por no poder ayudar tampoco contra el covid-19, ya que se apuntó como voluntario para realizar las pruebas diagnósticas en su centro y en otra lista del Colegio Oficial de Biólogos de la Comunidad de Madrid, pero sigue en su casa esperando a que le llamen. “Estoy capacitado para llevar a cabo PCR porque durante mi tesis me harté a hacerlas”. Aunque reconoce que el trabajo no es exactamente igual, “la técnica es la misma y hay mucha gente preparada, solo harían falta instrucciones para el uso de los EPI, pero en España la burocracia lo para todo”, asegura.

Quinto tuvo que acudir hace unos días a su laboratorio porque saltó una alarma. Era la primera vez que lo pisaba en varias semanas, mientras ve cómo otros trabajadores “no esenciales” acuden a sus puestos, una situación que ve completamente “incongruente”. En su opinión, la mayor parte de la población está yendo a trabajar a pesar de que no utiliza correctamente medidas de seguridad como las mascarillas o los guantes. Por el contrario, “nosotros sabemos emplear los EPI y mantener las distancias en los laboratorios, supondríamos un riesgo menor”, afirma.

Como miembro de la junta directiva de la Federación de Jóvenes Investigadores/Precarios (FJI), este investigador de la Complutense también está preocupado por la paralización de convocatorias públicas que sustentan el sueldo de muchos investigadores. “Se les ha mandado para casa y sus contratos siguen corriendo. Se han prorrogado los predoctorales de último año, pero otros siguen en el limbo”, denuncia. Además, los proyectos tienen fechas de ejecución concretas y “si llega una segunda ola y nos tenemos que volver a confinar, el desastre puede ser mayúsculo”.

«Hay múltiples gastos en los que los grupos de investigación siguen incurriendo, como los salarios, el animalario o los gastos de publicación»

“Es lamentable que la Agencia Estatal de Investigación, que fue ampliamente demandada y defendida por todos los científicos, no quiera ser consciente de que, pese a este periodo de inactividad, hay múltiples gastos en los que los grupos de investigación siguen incurriendo, como los salarios, el animalario o los gastos de publicación”, señala Bustelo. “Aquí se nos llena la boca de decir que la ciencia es importante, que la crisis del covid-19 claramente muestra la necesidad de tener un sistema científico y tecnológico robusto pero, al final, acabamos con la política de desinterés por la ciencia a la que ya estamos acostumbrados”, añade.

Piden una vuelta inmediata
“Muchos de nuestros colegas que trabajan en otros países están en una situación similar, como en Reino Unido, Francia y Estados Unidos”, reconoce el presidente de Aseica. Por el contrario, parece que también hay algunas excepciones, en el propio Estados Unidos o en Alemania. En cualquier caso, “yo creo que ya es el momento de comenzar la desescalada”.

Para ello, considera que hay múltiples formas de conseguir restablecer la actividad de forma segura en los centros: protección, distancias de seguridad, turnos o teletrabajo cuando fuera posible. “Desescalada segura sí, pero tenemos que empezar a trabajar ya, en nuestro caso, ni el cáncer ni los pacientes pueden permitirse tener parada la investigación”, afirma, “pero me temo que siempre es más cómodo no hacer nada”.

“En menos de una semana, podrían estar incorporados todos los investigadores”, asegura la directora académica del CEB, precisamente porque la existencia de máquinas de PCR en los centros de investigación facilitaría el diagnóstico rápido de todos los empleados, «pero si hubiera que establecer prioridades, habría que empezar por quienes pudieran hacer esas pruebas diagnósticas» y, a partir de ahí, “aquellos cuyos experimentos no pudieran esperar más, porque se tira por la borda el dinero y los recursos humanos invertidos”.

“No querría poner a unos investigadores por encima de otros, pero en la línea de no perder recursos, tenemos una necesidad más acuciante de regresar quienes nos dedicamos a cualquier investigación experimental, no solo biomédica”, apunta David Quinto. Este investigador de origen canario pone como ejemplo el caso de los observatorios astronómicos, completamente parados a pesar de la importante inversión en telescopios realizada por otros países en instalaciones españolas. No obstante, cree que para ser justos, todos los investigadores deberían poder regresar a sus puestos cuanto antes, teniendo en cuenta que son quienes generan conocimiento. Quizá la antropología dé algunas claves sobre cómo manejar socialmente la pandemia, opina.

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