OPINIÓN DEL EDITOR DEL 22/06/2020

El verano comenzó ayer a las 23h. 44m. que fue cuando el Sol alcanzó su máxima declinación norte establecida en 23º 26´14″. Esta es la altura máxima a la que llega el Sol en su recorrido aparente por la eclíptica alrededor de la Tierra, estableciendo el solsticio de verano. En ese valor, 23º 26´14″ de latitud  Norte está establecido el Trópico de Cáncer, un paralelo de 36.768 km. que pasa por Hawai,Méjico, Sahara Occidental, Mauritania, Mali, Argelia, Níger, Libia, Chad, Egipto, Arabia Saudita, E.A.U., Omán, India, Bangladés, Birmania, China y Bahamas. Todos los habitantes de esos países que vivan en esa latitud, hoy a las 12 horas, hora civil del lugar, tendrán el Sol encima de sus cabezas y no proyectarán sombra sobre la Tierra. El texto en cursiva no es mío, se lo copio al capitán de marina mercante, y muy querido Emilio Fernandez Sánchez, a quien agradezco el pie para aterrizar tras esta largo y proceloso navegar tratando de contar parte de lo que nos ha ocurrido sin caer en lo que ya dicen otros, a veces sin sustancia alguna. Mounier, francés, filosofo, iniciador de caminos personalistas en su materia nos avisaba del «realismo como extremismo». Y Juan de la Cruz, el medio fraile de Teresa de Cepeda y Ahumada, dejó una brújula infalible en todos los tiempos y para todo hombre que sea en extremo realista : «Para ir a donde no sabes, has de ir por donde no sabes». Dejamos legalmente el estado de alarma, pero estamos alarmados y el que no lo está es lerdo de condición y estropeará su vida y la de otros, a poco que se descuide. Nos dicen los comunicadores, los políticos y hasta algunos científicos que entramos en la nueva normalidad. La normalidad se produce por la norma que hace normal lo anormal. Lo anormal es la expansión de un virus normal, hay millones en el magma de la realidad, que nos ha sorprendido en la confiada normalidad de que somos infalibles e inefables. A lo que volvemos es al «hasta mañana si Dios quiere» , sea ese dios un miembro del Olimpo, uno de los del Imperio Romano, el Dios de los cristianos, de los judios o de los musulmanes, o ninguna divinidad, sino el azar, la casualidad, las leyes desconocidas, la oscura aparición de los monstruos que asedian la vida. Lo que es normal es que nosotros hemos cobrado conciencia cierta de que no hay norma que sirva para afrontar los virus con normalidad. Los miles de compatriotas muertos en las UCIs del mejor sistema sanitario del mundo, los miles de ancianos acogidos, pagando, a las empresas y organizaciones que gestionan o poseen residencias, que habrá que volver a llamar asilos tal como nos han contado lo ocurrido en muchísimos de ellos, nos están diciendo que la normalidad es la realidad extrema del principio de indeterminación. El Roto lo escribió para nosotros en 2011: El inconveniente de esta edad de oro de la comunicación y de la información es que no hay medio de saber lo que sucede. Y José Yoldi en El País del 6 de junio de ese mismo año 2011, citaba a Nietzsche: Hay almas esclavizadas que agradecen tanto los favores recibidos que se estrangulan con la cuerda de la gratitud. Somos ciudadanos, somos los soberanos de este Estado, seamos ciudadanos soberanos y exijamos que nuestros representante nos respeten y se respeten. Sin estado de alarma. Con la Ley. Alberto Revuelta

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