La ‘rave’ es el mensaje

Publicado originalmente en La Vanguardia

Miquel Molina
Director adjunto
03/01/2021 00:12Actualizado a 03/01/2021 09:39
El término rave comienza a usarse, referido a fiestas, en el Londres alternativo de los 50 y los 60, cuando músicos como el autodestructivo Keith Moon, batería de los Who, son considerados ravers por sus juergas infinitas. Sesenta años después, la palabra rave , reinterpretada, sigue refiriéndose a las fiestas sin fin, como la que se ha prolongado durante 40 horas seguidas en Llinars del Vallès. Cambia la música, cambian las bebidas y las sustancias, cambia el decorado, pero el espíritu es el mismo… hasta cierto punto.

Hasta cierto punto, ya que el contexto tiene en este caso un papel determinante a la hora de juzgar a sus responsables. En el Swinging London, las raves surgieron como una revolución de vitalidad frente a la triste Inglaterra de posguerra. En tiempos de prepandemia, la fiesta sin fin ha servido a los jóvenes para desacatar pacíficamente el rutinario tránsito entre la noche y el día. Pero el contexto en que se celebró la rave de Llinars, con la curva de contagios desatada, incorpora otra motivación: sublevarse contra las restricciones sanitarias. Al hacerlo de manera tan consciente, muchos asistentes se pusieron al nivel de los negacionistas que en Michigan o Wisconsin se enfrentaron sin mascarilla a los gobernadores demócratas. ¿Cuál es la víctima de su rebeldía? Un sistema público de salud que dentro de unos días tendrá que desvivirse para atender a algunos de ellos o a sus familiares, porque el virus no perdona las imprudencias. Es aquel punto donde lo ácrata y lo neoliberal se dan peligrosamente la mano. Es una actitud esta que no tiene nada que ver con la de la mayoría de los jóvenes, que están sacrificando noches y vacaciones de sus mejores años por el bien de todos. Porque la solidaridad puede considerarse, también, un acto de rebeldía.

Asimismo, resulta difícil de entender que los Mossos hayan tardado tanto en desactivar esa bomba de contagio, por mucho que se alegue que hacerlo con pocos medios podía suponer un peligro mayor. Ni siquiera queda el consuelo de saber que se será implacable con los infractores: tal como publicó el equipo de A Fondo de este diario, muchas de estas multas no llegan a cobrarse. ¿Se podía lanzar un mensaje peor en vísperas de una nueva vuelta de tuerca que va a empobrecer aún más a empresarios y asalariados?

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