CRISPACIÓN

¡Caray!, ¡como está el patio! Se levanta uno tan tranquilo y, mientras desayuno, enciendo el televisor y todos los días se me echan encima los tristes y angustiados augures de lo cotidiano, comentaristas con comentario cada día más enfebrecido. ¡Ay, lo que ha dicho, ay, lo que ha hecho! Aterrorizado me tienen. Creo que estoy adelgazando por momentos porque me atraviesan el desayuno entre las tripas y el corazón me salta como locomotora desbocada. Un sin vivir, os digo.
Menos mal que por prescripción facultativa (y es que mi médico es de los de antaño, sabios, no de las enfermedades, sino de la salud) debo salir a pasear todos los días. Y hay que ver qué contraste: los papás llevan a sus hijos al colegio sin el mayor recelo, se paran a comprar el periódico, saludan a los vecinos, hacen cola en los cajeros de los bancos, se toman su cafetito en la terraza del bar, esperan a que se ponga verde el semáforo, los conductores esperan al verde salvo algunos desdichados a los que el trabajo les trae a mal traer, cantan los mirlos su amable, pero intimidatorio, canto primaveral, una viejecilla se entretiene en ver las flores del jardín, los guardias caminan a paso lento, suena a lo lejos la sirena de alguna ambulancia, los comerciantes abren sus negocios sin ningún temor, los camareros caminan a buen paso para atender a los clientes, dos enamorados se besuquean en un banco sin ninguna prisa porque tienen todo el día por delante…
Pero como políticos y periodistas, cada uno por la cuenta que les tiene, patalean, gritan y pregonan que existe una gran crispación en nuestra sociedad, no hago más que preguntar ¿donde la ven?
Al salir de casa yo esperaba ver los colegios cerrados, las iglesias ardiendo, las manifestaciones chocando a lo bestia, los guardias armados hasta los dientes, y cosas así. No sé si estoy ciego o si la crispación es solo cosa de un teatrillo que se montan unos y otros para seguir viviendo del cuento. El caso es que, a primera vista, parecen gente seria o, a lo mejor, es que yo no los veo bien, porque la verdad es que poco a poco estoy perdiendo vista y el oftalmólogo me dice que no me queje, que hay muchos que están peor que yo.
Juan García Caselles

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