Cuidado con Tabarnia, porque esconde algo muy real.Y no es bueno

Las tendencias globales apuntan hacia una radical separación entre los

territorios conectados y ricos y el resto. Y las ganadoras de ese
proceso serán las megaciudades

Esteban Hernández. El Confidencial.
28.12.2017 – 05:00 H.
Tabarnia es una broma, o un espejo en el que los ‘indepes’ se ven reflejados, o una
respuesta a los ‘indepes’ con su misma medicina, o un ataque españolista a los
fundamentos de la nación catalana o una burda estrategia, según quién lo valore. Pero
ese territorio de moda es algo más, porque refleja una tendencia típica de nuestra época y
que será aún más profunda en los años venideros.
Es cierto que puede interpretarse en el corto plazo como un elemento de tensión respecto
del independentismo catalán, porque al asegurar que a través de la voluntad popular la
secesión es posible y deseable siempre que la respalde una mayoría, no pueden invalidar
ese argumento cuando se aplica sobre esa nueva nación independiente y las distintas
partes de su territorio. Con ese mecanismo legal frenó Canadá el aumento del
secesionismo en Quebec, ya que al tiempo que accedía a la independencia de esa parte
de su territorio si existía una mayoría reforzada, señalaba que el nuevo Estado no podía
impedir que otras partes de su población decidieran secesionarse a su vez o seguir
vinculadas a Canadá.
De modo que sí, todo esto de Tabarnia está ligado al corto plazo, al intento de combatir el
independentismo y a la producción de contraargumentos. Pero no se trata simplemente
de eso. La población mundial terminará concentrándose en aquellas ciudades
donde viven quienes tienen más recursos y precisan de servicios
Según el informe Global Strategic Trends – Out to 2045, realizado por el Departamento de
Defensa inglés, el impulso separatista irá en aumento, y no solo porque existan regiones
que exijan su salida del territorio que las alberga, sino porque las grandes urbes
reclamarán derechos especiales, incluso como entidades independientes. Ciudades como
las del corredor Tokio-Sídney (que incluye Seúl, Taipéi, Shangái, Hong Kong, Kuala
Lumpur, Singapur o Yakarta) están desarrollándose a una velocidad mucho mayor que las
regiones y los países en que se sitúan y por lo tanto influirán cada vez más en las
políticas de esos Estados o exigirán mucha mayor autonomía.
Territorios en declive
En un entorno en el que la producción se está concentrando en las zonas del planeta
donde los salarios son irrisorios, las zonas interiores de muchos países, incluidos los
occidentales, están perdiendo población. Las posibilidades de ganarse la vida son mucho
menores, ya que apenas hay industria, y la agricultura y ganadería están en un declive
acentuado. Sus habitantes se marchan a las ciudades, donde las opciones de empleo son
mucho mayores y, como ha ocurrido en otros momentos de la historia, terminan

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concentrándose en aquellas urbes donde viven quienes tienen recursos y precisan de
servicios. Para 2045, señala el informe, el 70% de la población mundial vivirá en
grandes ciudades. Esa ruptura entre urbes globales y regiones atrasadas ya está
generando tensiones. En cierto sentido, Cataluña tiene mucho que ver
con esto
Este es un proceso en marcha, y responde a una situación que Richard Florida, urbanista
y experto en crecimiento económico, definió bien cuando hablaba de las clases creativas.
El mundo se iba a dividir en dos, en las urbes en las que se concentran el sector
financiero, el creativo y el gestor y en los territorios que quedarían desconectados del
progreso que traían las nuevas profesiones. Habría una gran brecha entre las zonas
modernas y ligadas a los flujos globales y aquellas que permanecieran ancladas a las
costumbres, a la tierra, al comercio local y a las empresas tradicionales. Las ciudades
globales (Nueva York, Tokio, París, Fráncfort, Zúrich, Ámsterdam, Los Ángeles, Sídney o
Hong Kong) iban a ser las beneficiadas en este nuevo contexto, ya que se convertirían en
los principales centros comerciales y financieros del mundo y recogerían gran parte del
capital, del talento y de las ventajas que traen las interconexiones. Y lo que ha ocurrido se
parece mucho a lo vaticinado por Florida.
Una lectura doble
Esa ruptura entre urbes globales y regiones atrasadas ya está aquí, está generando
nuevas tensiones y provocará más en el futuro cercano. En cierto sentido, Cataluña tiene
mucho que ver con esto: la idea de una nación moderna, exportadora, emprendedora y
abierta frente a un entorno opresor, ligado a la agricultura y a las viejas costumbres, y
claramente atrasado, como sería el Estado español, ha sido parte de la propaganda
‘indepe’. Pero es una idea que también tendría sentido si se esgrimiera desde Barcelona
respecto del resto de Cataluña.
Somos una ciudad de primer nivel en un país de segunda clase
Ese tipo de argumentos los puso encima de la mesa Boris Johnson, el político liberal
inglés, cuando fue alcalde de Londres y demandaba reglas especiales en la emigración y
en el terreno fiscal, amén de otras ventajas. Según Johnson, las especiales
características de su ciudad y de las empresas que allí se ubicaban precisaban de un
trato diferente: en lo económico, para mantener a las compañías y atraer otras; y en
cuanto a la mano de obra, porque existía una demanda notable de trabajadores
cualificados en los sectores financiero, tecnológico, publicitario y de la moda que no
podían ser contratados si eran nacionales de otros países dadas las restricciones que
imponía el Reino Unido. Además, en la urbe se aglomeraban empleados poco
cualificados que deberían regularse de otra manera: había que deshacerse del sobrante.
En ese contexto, el político que precedió a Johnson en la alcaldía, Ken Livingston, declaró
que “todo lo que no haga de Londres una ciudad Estado totalmente independiente es una
oportunidad perdida”. Una idea que se substanciaba en una declaración contundente:
“Somos una ciudad de primer nivel en un país de segunda clase”.
¿Qué es Tabarnia? La comunidad que quiere independizarse de la Cataluña ‘indepe’

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Dos países
Esa brecha entre la capital y el resto del país se ha hecho todavía más evidente con el
Brexit, cuando británicos del interior apostaron por la salida de Europa mientras que los
urbanitas habrían preferido seguir ligados a la UE. Hay dos Gran Bretaña, que están a la
deriva y cada vez más separadas”, aseguraba a ‘The Times’ Danny Dorling, profesor de la
Universidad de Sheffield.
Las ciudades se vuelven más importantes que los Estados. Y en la UE
también va a ocurrir, aunque sea difícil de percibir
No es Londres, es una constante: las ciudades globales se han alejado de sus Estados de
referencia y lo están haciendo cada vez más de las regiones en las que se ubican. La idea
de que las urbes tendrán más importancia que sus naciones y que en algunos casos se
convertirán prácticamente en ciudades Estado es un lugar común: así se ha señalado
desde el Foro Económico Mundial hasta los analistas de inteligencia, pasando por
la BBC o por prestigiosos intelectuales.
No sin problemas
Saskia Sassen, premio Príncipe de Asturias, es una de las convencidas:
“Más importante que Estados Unidos en términos de geopolítica global va
a ser una especie de combinación entre Washington, Nueva York y
Chicago. Para China, van a ser Hong Kong, Shanghái y Pekín. Y para
Turquía, Ankara y Estambul. Se vuelven más importante que el país en
sí”, asegura la socióloga, quien señala que en la Unión Europea “también
va a pasar eso, aunque sea difícil de ver”.
La separación que estamos viviendo entre el mundo rural y el urbano es
una señal de la desigualdad, pero habrá muchas otras en el futuro
cercano
Pero esto no ocurrirá sin problemas. Esta bifurcación es una señal más de
los procesos de desigualdad que ha generado la globalización. Muchos de los territorios
que se han desarrollado en los últimos años son regiones que cuentan con una ciudad
fuerte que ha ejercido de locomotora. Y si la mundialización sigue avanzando, esa
tendencia no se detendrá, lo cual supone que las diferencias de esas urbes con el resto
serán más acuciantes.
La brecha de la desigualdad
Que las ciudades tengan un gran desarrollo ocurre porque el resto del Estado pierde
habitantes, recursos y opciones. La separación que estamos viviendo entre el mundo rural

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y el urbano es una señal evidente, pero habrá muchas otras en un futuro que no sabemos
bien cómo será, pero que seguro que traerá mucha más desigualdad si seguimos por este
camino.
¿No se compite mejor desvinculado de esos territorios que actúan
como freno? ¿No se corre más rápido cuando no se llevan cargas?
Y como esa posibilidad es bien conocida, cada territorio está intentando situarse lo mejor
posible en el entorno global. Lo que argumentaban los defensores de un Londres
autónomo es buena muestra: ¿no se compite mejor si uno se desvincula de esos
territorios que actúan como freno? ¿No es más práctico quedarse únicamente con aquello
que añade valor? ¿No se corre más rápido cuando no se llevan cargas? Una vez
convencidos de que el mundo tendrá dos direcciones, hay quienes aspiran a situarse en
el carril bueno dejando atrás todo aquello (y a todos aquellos) que retrasa. Eso es lo que
hay detrás de las ciudades Estado, pero también de muchos procesos de secesión de
zonas ricas. Tabarnia, con Barcelona en su territorio, sería una de ellas.

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