ACCIÓN EN TIEMPOS DE DICTADURA (y X) LA GUARDIA CIVIL Y SUS CHIVATOS

  1. No recuerdo a cuento de qué fue una de las detenciones que sufrí por parte de la Guardia Civil en el pueblo. Pero sí debía de estar bastante cabreado el Teniente porque nada más entrar en el Cuartel me puso en manos del chófer, un “número” corpulento y alto. Y allí en el patio, en el pilón de beber la caballería me metió la cabeza. Yo temiendo que la cosa fuera a alargarse, en la primeraahogadilla pegué un respingo para atrás que por poco tiro al “número” de espaldas. Me dio resultado que creyeran que no tenía el más mínimo aguante.

Había habido una Asamblea clandestina abierta a simpatizantes y amigos que pudo alcanzar a unas cien personas, celebrada en una hondonada en  el campo camino de La Puebla de Cazalla. Quizás por ser uno de los que tomaron la palabra, fuera esa detención. Algún comentario posterior debió llegar hasta la “Benemérita”.Afortunadamente no trascendió a mayores.

En otro orden, respecto a mi concepción sobre la relación con féminas  cambió radicalmente a partir de la concienciación política. Vale de ejemplo, que recién licenciado, otro amigo soldado y yo nos ofrecimos a llevar a la que sería luego mi esposa y a su hermana, de Morón a Sevilla. Íbamos en plan de ligue incluso forzando la situación, pero no nos comimos una rosca, como se suele decir.

Cuatro años después coincidimos con un familiar en ir a La Caracolá de Lebrija. Ella y yo íbamos en el asiento trasero de un seiscientos. Procuré ni rozarla en todo el camino. Quería limpiarme del recuerdo que le dejé en aquel viaje a Sevilla. El camino fue de conversación agradable y animada entre los cuatro. Pero ya estando bajo la magia de la noche flamenca, el milagro ocurrió. Un flechazo en ambas direcciones que nos hizo volver arrullados en el mismo seiscientos. El noviazgo no llegó al año.

En 1973, ya siendo esposa y compañera, ante los persistentes problemas respiratorios de nuestro hijo y la prescripción facultativa, tuvimos que abandonar el pueblo. Para más Inri vivíamos próximos a la fábrica de cementos cuya chimenea contaminaba enormemente. Así que dejamos el negocio  al cargo del Partido,  provisional y altruistamente hasta que nos instalamos definitivamente en el Aljarafe.  Seis meses después, recuperamos los muebles y las mermadas existencias, e iniciamos de nuevo la Librería Papelería familiar (“El Aljarafe”) desde cero.Aquel intervalo lo empleé como peón de albañil y conductor, contratado por un cuñado.

Luego vendría la alianza del Partido con otros para concurrir a las primeras elecciones como “Frente Democrático de Izquierdas”, partiendo con toda clase de desventajas. Yo en 1979 abandoné tras diez años de militancia.

Alejandro Romero C.    25 de Abril de 2021

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