BAN KI-MOON Y EL BERRINCHE EXCEDIDO DE MARRUECOS

Tensión, la existente entre Marruecos y las Naciones Unidas. Las relaciones
entre la ONU y el país del Magreb nunca habían estado tan rígidas desde que en 1991 la organización internacional pusiera en marcha la Misión de las Naciones Unidas para
el referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO), con el fin de preparar unas
elecciones con las que el pueblo saharaui pueda elegir entre la independencia y la integración con Marruecos.
Todo comenzó a principios del pasado mes de marzo durante la gira del secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-Moon por la región del Sáhara Occidental. Visita significativa ésta, pues era la primera de Ban a la zona en sus diez años de mandato.
Sin embargo, y a pesar de las intenciones del diplomático surcoreano, el viaje acabó siendo una carrera de obstáculos -empezando por la supuesta ‘indisponibilidad’ del rey Mohammed VI para recibir al secretario en Rabat y siguiendo por la negación del permiso por parte del país marroquí para que este visitara El Aaiún- que ha terminado
generando un serio enfrentamiento entre Marruecos y la ONU.
Al parecer ‘el país del occidente’ no se tomó nada bien que durante su ruta
Ban Ki-Moon utilizara el término ‘ocupación’ para referirse al Sahara Occidental, así como otros desafortunados gestos que supuestamente tuvo el secretario. Algo que consideraron «fue más allá de los parámetros fijados» por el Consejo de Seguridad, tal y como declaró el ministro de Exteriores marroquí Salahedín Mezuar en Nueva York.
Unos días después del paso de Ban Ki-Moon por el suelo saharaui, Marruecos decide expulsar a varias decenas de funcionarios de la MINURSO, retirando además la partida económica de alrededor de 3 millones de dólares con la que el país colabora en la misión. Medidas tajantes y peligrosas, con las que parece el país magrebí quiere
demostrar su fortaleza. O esconder su debilidad, en cualquier caso su actitud es evidente.
Mientras la crisis de los refugiados sigue de fondo, Obama se convierte en el primer presidente estadounidense que visita Cuba en casi un siglo y Europa llora los atentados de Bruselas, Marruecos se entretiene generando una crisis diplomática que peligra terminar desencadenando nuevas hostilidades armadas en una zona que en realidad
nunca ha llegado a experimentar la verdadera paz. Marruecos juega a sentirse víctima de una situación a la que debería de haber puesto solución hace décadas.
Seamos realistas, el país del Magreb se cree fuerte, y en cierto modo hasta tiene motivos para creerlo. La crisis de los refugiados y los ataques del terrorismo yihadista han convertido a Marruecos en un aliado vital para Francia, España y Estados Unidos,
creyéndose éste suficientemente resistente para enfrentarse a un secretario general
de la ONU cuyo mandato además finaliza este año. Y entre tanto, la población saharaui
permanece dividida entre quienes sufren la represión política y cultural en los territorios ocupados por Marruecos, y quienes sobreviven en los campamentos de refugiados, a los que cada vez llega menos ayuda humanitaria.
Un mes después, el Gobierno marroquí sigue esperando las «disculpas» del secretario general de la ONU, mientras que para el pueblo saharaui la única salida que ofrece es la de una autonomía territorial. Al menos, mientras Marruecos se dedica a derribar el aparente equilibrio del Sáhara Occidental desde 1991, algunos estados de Europa empiezan a hacerse algo conscientes de la trágica realidad del pueblo saharaui. Ahora, entonces, sólo falta actuar.

Carmen Conejo Such

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