BOMBAS DE RELOJERÍA EN UN JUZGADO DE LA AUDIENCIA NACIONAL

Traemos esta columna de Fernando G. Urbaneja, publicada en Republica el pasado día 4.

Las investigaciones que gestiona en el juzgado nº 6 de la Audiencia Nacional el juez instructor García Castellón con el comisario Villarejo con activo permanente llevan ya diez piezas separadas y sometidas a secreto sumarial. Lo que vamos sabiendo por las habituales filtraciones parciales que suelen adornar estos casos, entes o después, se va abrir una sentina donde se alojan irregularidades y delitos de profundidad y consecuencias incalculables.
El ministro del Interior, el juez Marlaska, que conoce las peculiaridades de la Audiencia Nacional y los tiempos de la justicia, dice ahora que la actual policía está saneada, que ha apartado a los irregulares y que lo que se investiga pertenece al pasado, a sus predecesores. Y el juez instructor, que tiene experiencia y su propio estilo, trabaja con discreción, tejiendo la tela de los posibles autos de procesamiento que irá dictando cuando les tenga abrochados, probablemente sin agotar todos los cabos, que suele ser un objetivo ineficaz porque conduce al extravío judicial. Se conforma con piezas claras, acotadas, que dibujen hechos penales precisos, bien tipificados y que se pueden probar ante el tribunal, susceptibles de un trámite efectivo en la vista oral para generar sentencias bien fundadas.
Ese fue el procedimiento de García Castellón con el caso Banesto, no trató de agotar la investigación por todos los extremos posibles, evitó una gran causa de difícil manejo y prefirió cerrar causas acotadas y de fácil digestión. Algo semejante debe estar haciendo ahora, fabrica trajes a medida en base a las pruebas disponibles que va completando con informes policiales y declaraciones de testigos que pueden quedar como tales o escalar a la condición de “empapelados”.
De todas esas causas pueden salir chamuscados dirigentes policiales, políticos, empresariales, intermediarios y también periodistas. Comportamientos que antes parecían simplemente atrevidos pueden ahora convertirse en delitos por actuación directa o por complicidad.
Uno de los ejes en todas las causas se llama Villarejo, y a su vera la trama de comisarios cómplices de sus tejemanejes, unos por amistad y otros por propio interés directo. Al lado aparecerán los clientes, más o menos ingenuos, más o menos culpables y más o menos desvergonzados. Sin esos clientes las trapacerías de Villarejo no hubieran despegado ni alcanzado el volumen y alcance que ahora se vislumbra. No quedan lejos los periodistas, (de investigación, por supuesto) que eran perejil de todas las salsas, unas veces tontos útiles, otras veces aprovechados ventajistas y caso siempre arrogantes de su audacia, prestos a dar lecciones de profesionalidad a quien se dejara.
El juez no ha concluido la investigación, no es probable que lo haga antes de que se constituya el nuevo Parlamento, entre otras razones para despejar el obstáculo de los aforamientos, pero el día y la hora de salida de una batería de autos de acusación está próximo, no más allá de que concluya la primavera. Bombas con efectos retardados que arruinar varias carreras profesionales prometedoras.

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