CANTAR SIN OJOS

Publicamos este magnífico texto de Alejandro Romero Cabrera, miembro del Comité, precisamente cuando Niza y Estambul exaltan otras cegueras.

“Volvimos a aquel puente negro y viejo que el día antes nos rechazó con unos súbitos goterones y chaparron correspondiente. Famoso por sus más de treinta esculturas a ambos lados del ancho paso; figuras casi tenebrosas por ennegrecida. Tras un trecho recorrido, empiezo a oír un canto suave y armonioso de voz femenina. Conforme me acerco reconozco el Ave Maria de Schubert. Entonces descubro tras el gentío a una sencilla señora de unos cincuenta años, de pie en un lateral del puente. Cantaba con los ojos cerrados. A un lado tenía un sencillo radiocasset como orquesta sinfónica acompañando su canto, y un fino bastón. Al otro un carrito como los de la compra.  Me sorprendió sobremanera un cuaderno grande en blanco que sostenía abierto sobre su falda, cuando entonces me percaté que acariciaba con las yemas de sus dedos el relieve que orquestaban tantos puntitos.
Al pararme y escucharla con devoción humana, ya empezó a no estar sola. Dejé una simple moneda para tan digno regalo.

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