CARDENAL CON LA PIEDRA DE MOLER COLGADA DEL CUELLO

No está bien visto. No es cool ni guai. Pero el pasaje que se lee hoy en las misas que se celebren en templos católicos del mundo entero obligará a los presidentes de las eucaristías a leer lo que hacía el año 70 de la era común escribió en griego un tal Marco a los pocos años de que el Galileo fuera muerto en una cruz romana: «Jesús dijo a sus discípulos:
Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar.».

Esta madrugada un tribunal civil de Australia ha ordenado detener para ser ingresado en una prisión de Melbourne a su eminencia reverendísima el cardenal de la santa romana Iglesia Pell arzobispo emérito de esa misma ciudad condenado tras ser declarado culpable de crímenes sexuales contra dos menores durante su episcopado. Sic transit gloria mundi. Así pasa la gloria del mundo.

Era, es aún en este momento, el tercero en la gradación jerárquica del gobierno de la Iglesia Católica Romana. Elegido para el cargo por este Pontífice, que, sabiendo lo que podía ocurrir, lo envío a ser juzgado por un tribunal estatal del país al que estaba sometido por la ley del derecho de gentes.

No siempre ha sido así. Al cardenal Law, americano de USA, que hubo de dimitir del arzobispado de Boston como consecuencia de haber ocultado cientos de delitos sexuales de clérigos sometidos a su autoridad durante décadas, lo acogió en Roma un papá hoy santo para sustraerlo a la jurisdicción de su país.

Hoy en miles de ciudades enormes y de aldeas y barrios de los ciento sesenta y tantos países del universo mundo millones de personas que leen a Marcos, traducido del griego, y que fiados en él caminan por las calles tras los pasos del Galileo seguiremos haciendo a conciencia lo que nunca hemos dejado de hacer, tomar nuestra cruz de cada día sabiendo que no hay eminencias reverendísima por muy cardenalicias que sean que se liberen de la piedra de molino de su cuello al haber destrozado a un pequeño y que con ella y su peso están muertos en vida.

No está de moda. No es cool. Está mal visto incluso entre cristianos. Pero es hoy, esta madrugada, cuando hay que que decirse y decir con Cirilo obispo d Jerusalén en el siglo IV que seguimos a Jesús muerto en una cruz real como un bandido condenado por la justicia romana. Y con Ambrosio de Milán que mantenemos esa fe cuando plantamos la tumba de Jesús en nuestro huerto.

No está de moda. No es guay. Creemos en el Eterno, en el Sustentador de la vida, hecho carne en Jesús de Nazaret, crucificado como un criminal y arramblado por la historia, presente en nuestros cerebros y en nuestros corazones. No es cool. Sic transit gloria mundi.

Alberto Revuelta

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