CRISTINA SÁEZ, BOSTON, en El Confidencial

Hace unos 1000 millones de años en el corazón de la Vía Láctea se produjo un episodio de formación estelar extremadamente violento, probablemente el más energético de la historia reciente de nuestra galaxia. En un tiempo récord, de 100 millones de años, se formaron varias decenas de millones de soles, que al morir produjeron más de 100.000 supernovas, las explosiones estelares más brillantes y poderosas que los humanos hemos visto en el Universo.

Así lo ha descubierto un equipo de astrónomos, liderados
por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), que han observado el centro galáctico con el instrumento HAWK-I del telescopio VLT del Observatorio Europeo Austral (ESO) ubicado en el desierto de Atacama (Chile). Este instrumento es una cámara infrarroja capaz de ver a través de las nubes de polvo del centro de la galaxia.

Con ella los investigadores han obtenido la imagen más detallada hasta el momento de esta región de la Vía Láctea; han podido estudiar más de tres millones de estrellas -lo que equivale a “observar” un área de más de 60.000 años luz cuadrados o unos 9,5 billones de km2- y han logrado un relato preciso acerca de cómo se formó nuestro corazón galáctico.
“Por primera vez hemos obtenido una visión detallada del proceso de formación de las estrellas en una gran región del centro galáctico”, afirma en un comunicado Rainer Schödel, astrónomo del IAA-CSIC y coordinador del proyecto Galactinucleus, que estudia precisamente la región central de la Vía Láctea.
“Al contrario de lo que se esperaba, hemos descubierto que la formación de las estrellas no ha sido continua”, destaca Francisco Nogueras-Lara, investigador actualmente del Instituto Max Planck de Astronomía en Heilderberg (Alemania), pero que cuando realizó este trabajo estaba en el IAC- CSIC.

Hasta el momento los astrónomos pensaban que las estrellas en el centro de la Vía Láctea se habían formado a un ritmo continuo hasta el presente. Sin embargo, esta investigación, que recoge Nature Astronomy, lo que demuestra es que la mayor parte de las estrellas, alrededor de un 80%, son, en realidad, viejas, ya que se formaron al inicio del origen de la galaxia, hace entre 8.000 y 13.000 años.

Los investigadores han visto que a ese periodo enormemente prolífico le siguió un lapso de 6000 millones de años estéril, sin apenas formación estelar, para luego, hace tan solo 1000 años, producirse el enorme estallido que reportan: en tan solo 100 millones de años se generó un 5% de todas las estrellas que componen el núcleo de la Vía Láctea.
“Para que se formen estrellas, hace falta gas que se condense en grandes nubes”, explica Nogueras-Lara. “Seguramente, en el periodo en que no se crearon nuevas estrellas no había gas. Eso puede deberse a la estructura del centro, llamada barra, que o no existía o no era eficiente a la hora de transmitir el gas de la regiones exteriores hacia el centro. En cambio, hace mil millones, sí que insufló gas a la región central. ¿Por qué o cómo? Tal vez se produjo un encuentro con una galaxia satélite pequeña que arrastró has a la región central y eso volvió a poner en marcha la formación estelar”, añade.

Seguramente, con esa nueva aportación de gas, las condiciones en el centro galáctico durante este estallido de actividad debieron ser similares a las de las galaxias ‘starbust’, explica Nogueras-Lara, que literalmente significa estallido de estrellas, que muestran un ritmo de formación estelar de más de cien masas solares por año. En comparación, la tasa actual de la Vía Láctea, que oscila anualmente entre una y dos masas solares.
“Este estallido de actividad, que debió resultar en la explosión de más de 100.000 supernovas, fue probablemente uno de los eventos más energéticos en toda la historia reciente de la vía láctea”, destaca este investigador.
Durante un estallido estelar, se generan muchas estrellas masivas que tienen una vida breve. Al tener mucha masa, alcanzan más temperatura, lo que propicia que se aceleren los procesos de fusión nuclear de su interior y que acaben estallando en violentas explosiones de supernova.
Estudiar el centro vía láctea esencial para entender cómo se formó nuestra galaxia, entender mejor su estructura y sus propiedades, y poderla comparar con otras para averiguar si es una galaxia tipo o, por el contrario, única. Imagen de la Vía Láctea construida con datos del telescopio espacial Gaia. En su centro se encuentra el agujero negro Sagitario A* (ESA) (ESA)
Este trabajo también ha arrojado luz sobre el agujero negro supermasivo que hay en el centro galáctico. “Al estudiar a una escala grande las estrellas alrededor de esta región con un agujero negro, hemos visto que el agujero adquirió la mayor parte de su masa al principio de la historia de la galaxia. Más adelante no había en juego el gas necesario para alimentarlo y hacerlo adquirir la gran mayoría de los cuatro millones de masas solares que tiene”, afirma Nogueras-Lara.

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