El sorpasso andaluz

Publicado originalmente en el Diario.es

En la Andalucía de hoy, Rinconete y Cortadillo terminarían abriendo un coworking para conseguir crowdfunding con el que superar el hambring

Juan José Téllez
@jjtellezrubio

Antonio Romero, formidable diputado de Izquierda Unida, importó el término italiano sorpasso –que significa adelantamiento— para aplicarlo a la estrategia de su formación política para superar al PSOE en la primacía progresista en Andalucía. Lo que ocurre es que, por aquel entonces, a los compañeros de viaje de Julio Anguita les entró la pájara y no lograron superar a su rival en el sprint final de las urnas. Luego, se aplicó ese mismo término en la irresistible ascensión de Podemos, hasta que dejó de ser irresistible.

También se puede manejar dicho palabro respecto a las carreras de sacos de la economía que, en un mundo globalizado, debiera de ser global pero con la que seguimos jugando a las rifas o a las rápidas de cada pueblo o ciudad. Ahora, los que mandan en la Bética, deslizan argumentarios en los que se califica como sorpasso las buenas macrocifras andaluzas respecto a las de Cataluña.

Más empresas y más puestos de trabajo, ole con ole, eso nos cuentan. Mayor crecimiento económico que el pérfido reino de la Generalitat, aunque nadie se atreva a llamarlo así. El emprendimiento andaluz no tiene parangón: que se desinfle Abengoa o que cierre Airbus en Puerto Real, lo mismo da, que da lo mismo; ahí tenemos una legión de ecoagricultores intentando vender palmitos, tagarninas o caracoles en los cruces de camino a despecho del Seprona; ahí, esos opulentos camareros que hasta los secuestran para sacarles 10.000 euros, de lo bien pagados que están y con las estupendas condiciones de curro que se los disputan en LinkedIn; ahí, los recién egresados camino de las campañas agrícolas francesas o de un casting en un talent show; ahí, las enfermeras de exportación, los masterchefs y los pinches de cocina, los jóvenes que se tienen que conformar con una botellona cuando necesitarían una botella de oxígeno.

El plan Ponds de Juanma Moreno Bonilla ha logrado, en tan sólo dos años de políticas neoliberales frente a la opresión marxista del pasado, poner a nuestros dineros en el palito

Andalucía, la misma Andalucía que vendió sus textiles a Barcelona, cuya industria del vino manejaron audaces familias extranjeras antes de que llegaran las multinacionales, la de los latifundios finalmente parcelados no por una reforma agraria de verdad sino por el paripé de sacarle subvenciones a la Unión Europea. Andalucía imparable, decían los de antes. El plan Ponds de Juanma Moreno Bonilla ha logrado, en tan sólo dos años de políticas neoliberales frente a la opresión marxista del pasado, poner a nuestros dineros en el palito. Bill Gates ya se ha apuntado en una caseta para la Feria de Sevilla. Isabel Díaz Ayuso asegura que habla andaluz en la intimidad. En habiendo libertad, la igualdad y la fraternidad, que se aguanten.

En la narrativa o en la cinematografía, no importa tanto la verdad sino ser verosímil. Te lo crees o no te lo crees. Silicon Valley no se ha mudado todavía al campus de Teatinos, aunque algún día lo hará. Una Andalucía con universidades de segunda o de primera, según el propio consejero de la cosa, no está ni en la antesala todavía de superar a Bellaterra. Estamos más cortitos de I+D+I que de abanicos en Lebrija. Sin patentes competitivas en el mercado persa de las nuevas tecnologías, pero ya apenas a su vez sin flota pesquera. Ni siquiera el puerto de Algeciras, que en 1980 estaba llamado a ser la locomotora portuaria europea por encima de Rotterdam pero nadie le puso interés a la noticia, deja de verse estrangulado por un corredor ferroviario que se dice mediterráneo pero que, hoy por hoy, es fundamentalmente levantino: para colmo, mírame cara a cara que es la primera, la pandemia le ha hecho perder alrededor de cuatro millones de viajeros. A las coblas de sardanas –Pep Ventura nació en Linares– le ganábamos en compañías flamencas girando por el mundo, hasta que también llegó el comandante Covid y mandó parar.

Eso sí, los vendedores ambulantes por nuestras playas ya saben cobrar con bizun, he ahí el sorpasso, seguramente. Tenemos más riders de Deliveroo que ciclistas en el Tour de Francia. Ahora, la compañía se irá de España porque el malvado Gobierno va a exigirles que contraten a quienes hacen pasar por emprendedores autónomos. El Santo Cristo del Emprendimiento andaluz es un parado que invierte la indemnización o el subsidio de dos años para montar un kebab. En la Andalucía de hoy, Rinconete y Cortadillo terminarían abriendo un coworking para conseguir crowdfunding con el que superar el hambring. La ilustre fregona sueña con una paguita y Cervantes habría dado otro pelotazo porque como siga currando tanto nunca va a tener tiempo para escribir El Quijote.

En el ciberespacio autonómico ocurre lo mismo que en el federal: los inversores andaluces prefieren comprar bitcoins que Axarcos malagueños. Antes se decía: si el señorito andaluz piensa en Madrid y los pobres andaluces, en Cataluña, ¿quién piensa en Andalucía? Los turistas, respondemos ahora. Y hemos perdido la mundial cuando las únicas excursiones facultativas eran las de los virus. En las terrazas del sur hay tanto cliente ibérico que cualquier día volveremos a jugar en las mesas al dominó o al tute subastao sin ningún tipo de complejos y sin temor de asustar a los guiris porque han dejado de venir de repente: ay, qué nostalgia de calcetines con chanclas, mangas a la sisa bajo el ponientazo gaditano, ojos de comida rápida ante la Mezquita cordobesa. Pero esa sigue siendo nuestra principal industria, la de a ver cómo nos las ventilamos, lampando ahora por los fondos Next Generation como en un renovado Bienvenido Mr. Marshall. Seguro que, si los aprovechamos bien, en las grandes ciudades, estaremos más solos que Séneca ante la cicuta, pero podremos hablar con Siri o con Alexa en los futuros edificios inteligentes que habrán de levantarse como polínganos de las nuevas tecnologías.

Esa sigue siendo nuestra principal industria, la de a ver cómo nos las ventilamos, lampando ahora por los fondos Next Generation como en un renovado Bienvenido Mr. Marshall

Y si el comercio está a dos velas, la gran industria envejecida, la transición justa a la vuelta de la esquina, miles de paisanos todavía en un ERTE, ¿a qué viene tanto optimismo? Que alguien nos explique el chiste, para que nos haga gracia. Ojalá que la Andalucía real se pareciera al BOJA y que el BOJA se pareciera a la propaganda oficial. Los sindicatos y los rojos de Critas opinan más bien lo contrario porque seguro que no forman parte de la Andalucía de bien.

Deme usted una paguita, que en mi hambre mando yo, puede leerse en los excel de la vida cotidiana. Viva la gracia de Andalucía, sigue cantando Carlos Cano, mientras buscamos los restos de Lorca y los de miles de andaluces que siguen desperdigados por las cunetas del horror mientras su asesino en serie, Queipo de Llano, reposa todavía bajo el cobijo de la Macarena. Y en estos días de cabañuelas de agosto y de lágrimas de San Pedro –que no son las Perseidas sino dos excelentes novelas de Antonio Burgos–, buscamos con el mismo ahínco a Blas Infante, esperando a que le levanten la condena por ser demócrata, ya saben, aunque según Pablo Casado, la Guerra Civil fuera un «enfrentamiento entre quienes querían la democracia sin ley y quienes querían la ley sin democracia». Pues vaya sorpasso le dio el fascismo a Blas Infante, a Manuel Chaves Nogales, a Manuel Azaña o a María Zambrano, andaluces de ley y de democracia.

Los andaluces estamos en el taco, dicen por ahí. Y en el Ingreso Mínimo Vital. Y en los comedores sociales. Quizá lo del sorpasso sea simplemente un efecto de temporada. Lo mismo, con el ojú la calor que hace, ha habido una opa hostil de la Cruzcampo, la Alhambra, Alcázar o Victoria y hemos superado a Estrella Damm en el índice Nikei de los chiringuitos.

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