Espinete

 

Alberto Revuelta, 05-noviembre-2016

wp-1478420556887.jpgÉrase que se era en una corte lejana del lugar en el que escribo un preboste que podía disponer del dinero que guardaban sus vecinos en un banco genovés.

El preboste decidió prestar a unos alarifes que construían casas para ciudadanos del común en un lugar aledaño a la corte de su rey, unos millones de euros o doblones de a diez, pero nunca de vellón, del tesoro en que mandaba.

El alcalde del lugar do las viviendas serían, sentábase a su vera en la mesa de reunión do los acuerdos surgían por unánime opinión.
Alarifes y el alcalde exigían al común de ciudadanos levantar pechos, ordenanzas y documentados juros para llegar a contar con la llave posesoria de su nuda propiedad.

Alarifes y el alcalde decidieron de consuno, con la venia superior, que quince de cada cien de las viviendas aquellas no tendrían pechos, gabelas, escrituras ni juro alguno pues serían destinadas a ciudadanos de tan alta catadura y enorme necesidad que les hacían acreedores a favor tan principal.

El preboste hizo notar en almuerzo laboral al alcalde del lugar do las viviendas irían y al alarife mayor que el préstamo recibiera que tenía un heredero, listo como las ardillas, estudioso y muy gentil, que casa holgada querría.

Benévolos ambos fueron y en el cupo de los quince incluyen al heredero que religiosamente abonó la cantidad preceptiva con ayuda de mamá, de papá y de la abuelita, pues claro, ¡faltaría más no prestar a su nieto preferido!

Licencióse el mozo en hora y beca escasa alcanzó, dándose cuenta inmediata, pues meninges sí tenía, de que pagar no podía el compromiso adquirido, por lo que, cuál ciudadano español de parecido jaez, decidió el piso vender con beneficio incluido.

De camino tornó la precaria beca en consolidado sueldo en órgano constitucional de escasa eficacia habida y predicando en él cual fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, de lo que otros han de hacer, una cuenta cuentos inocente como él, relató este romance que acaba de fenecer.

Memoria hemos, sin remedio hacer de los ciudadanos del común que obligados han sido de costear a sus pechos y exacciones el pozo sin fondo habido en el banco genovés en el que el papá del nene usaba salvoconducto para gastar.

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