HACIA DONDE NOS DIRIGIMOS

Por Felix Riera, en LA VANGUARDIA

La distópica serie Years and years , de Russell T. Davies, hace una acertada ecografía de nuestra sociedad. Los protagonistas de la serie son los miembros de la familia Lyons, que, para mantener su rutina, sus ilusiones y esperanzas, se verán obligados a ponerse al frente de una revolución social y política que acabe con los abusos de políticos irresponsables y poder restablecer la normalidad. La temática adquiere un especial significado en nuestro país, ahora que una gran mayoría de españoles expresa su rechazo y hartazgo de la clase política española, al tener que volver a votar. La cuestión que rechazan no es tanto el hecho de tener que volver a votar sino el vértigo que les produce no saber qué se hará con su voto. Si antes las revoluciones se hacían para cambiar las cosas, ahora se harán para mantener las cosas que ya funcionan tal como están. Ahora el objetivo es salvaguardar las rutinas sociales frente a aquellos políticos que desean y perpetúan la excepcionalidad permanente.

La serie nos abre el camino para entender que, muy probablemente, en el futuro no será la rabia o el miedo el factor que impulse a los ciudadanos a votar, sino el deseo de expulsar de la política a aquellos que juegan con sus vidas, tanto en el ámbito financiero como en el científico, el tecnológico y el político. Conviene prestar atención a lo que nos advierte Years and years : buena parte de la sociedad no quiere acabar en la periferia de la historia por la imprudencia e irresponsabilidad de los políticos.

Viendo las propuestas políticas de los candidatos cuyo principal objetivo es la conquista del centro, nos percatamos de que ya han empezado a comprender que el electorado prefiere la estabilidad a las soluciones mágicas. O, dicho de otra forma, los ciudadanos prefieren quedarse como están. No retroceder. Para muchos ciudadanos, es esencial que la política no improvise con la economía, ni se distraiga con discusiones estériles, ni que juegue al despiste a la hora de poner en marcha las reformas políticas urgentes que necesita España. La promesa de todos los candidatos, si llegan al poder, es retornar a la calma, a la previsibilidad, y asumiendo la responsabilidad para garantizar la estabilidad. Los políticos han constatado que los electores premiarán a aquel que esté decidido a gobernar, no para que avance España, sino para que no retroceda.

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