IMPRESIONES PERSONALES DE UN VIAJE POR SUDAMÉRICA

Maria Moreno Asensi

Sin más vestimenta intelectual que la inquietud, por aprender y por vivir, hace 6 meses me embarqué en una aventura en la que recorrería gran parte de las tierras liberadas por Simón Bolivar (Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia).

El primer destino se encontraba en la zona noroccidental de Sudamérica, Colombia, una república organizada políticamente en 32 departamentos descentralizados cuya capital es Bogotá. Me llamó principalmente la atención la población multicultural, la
cual es resultado del mestizaje entre europeos, indígenas y africanos. En la costa caribeña predominan los afrodescendientes, con excepción de las poblaciones indígenas de Sierra Nevada ubicadas en el parque Nacional de Tayrona.

A pesar de la mala prensa con la que cuenta Colombia, cada vez hay mayor turismo.

La inseguridad en las calles ya no es un sentimiento predominante como lo fue en años anteriores. Tener sentido común y “no dar papaya” son requisitos suficientes para andar por sus mágicas ciudades sin preocupaciones. La paz firmada con las FARC el año pasado ha dado esperanzas al pueblo Colombiano castigado con años de violencia.

La mayor parte de los que en su día fueron refugiados internos, residen ahora en
viviendas precarias alrededor de las grandes ciudades. Si bien en barrios tan
conflictivos y famosos como la Comuna 13 de Medellín, focos de violencia y
narcotráfico hace 10 años, que hasta entonces era impensable caminar por sus calles,
ahora son destinos turístico apoyado por los vecinos. Y donde antes se repartían armas
a los menores ahora se reparten instrumentos musicales. Siguen los pocesos para
firmar la paz con el último grupo guerrillero el ELN (Ejército de Liberación Nacional).
En Mayo fueron las elecciones presidenciales del país. Volvió a ganar el partido
conservador de Ivan Duque, sucesor de Uribe. Un triunfo histórico para la izquierda
del país, que aunque no ganaron consiguieron máximos históricos. Me llamó
especialmente la atención la implicación en la política de los jóvenes colombianos
que conocí, creen en un cambio real y próximo para el futuro de su nación. Colombia
es el tercer país con mayor desigualdad tras Haití y Angola. El colombiano está muy
orgulloso de su tierra y es el mejor embajador del destino. El pueblo más hospitalario
que hasta hoy he conocido. No solo su gente, Colombia es 2º país con mayor
diversidad ecológica del mundo. Cuánta razón tienen cuando dicen que “lo más
peligroso de Colombia es quedarse”.
El drama Venezolano es palpable desde todo país contiguo a Venezuela. Una ruta
definida desde Colombia hasta Chile huyendo del bloqueo económico. En Cartagena de Indias compartí habitación de hostal con 3 prostitutas venezolanas de mi misma
edad que no vieron otra salida que satisfacer los instintos de los turistas más
adinerados para poder enviar dinero a sus familias, algunas vivían con sus propios
hijos en el hostal. Vendedores de agua, de abanicos o músicos callejeros. La frontera
para cruzar a Ecuador estaba colapsada por la afluencia de venezolanos.
La siguiente parada fue Ecuador, tierra de tradiciones y volcanes. La mayor parte de
mi tiempo en Ecuador lo pasé en una ciudad en Amazonas, Puyo. Colaboraba en un
voluntariado de rescate de animales exóticos y repoblamiento de monos de las zonas
vecinas. El Amazonas es uno de los ecosistemas más amenazados actualmente debido
al rápido proceso de deforestación al que está siendo sometido en las últimas
décadas.
La cara B de las leyes de protección de espacios protegidos y parques nacionales
afecta a las poblaciones de campesiones de los alrededores que no pueden cultivar en
las zonas. En consecuencia, se está produciendo un cambio de tendencia en el sistema
económico hacia un turismo responsable. Los que antes eran campesiones, ahora son
propietarios de empresa de guía turísticas.
Perú fue sin duda el pais más turístico de la ruta, sobre todo la parte sur (Cuzco,
Machu Picchu, Arequipa y Puno). No es para menos, los paisajes de ensueño lo
justifican. La Coordillera Andina recorre y separa la zona selvática de la costa árida y
desértica. Un país que tiene de todo, y en consecuencia, enormes distancias. Tiene
una estupenda red de autobuses preparados para largas travesías. La comida peruana,
sin duda, barata y de buena calidad, la mejor. Su gente se encuentra muy enlazada
con sus raices precolombinas, el peruano está muy orgulloso de su cultura e intenta
renacer de sus cimientos. Cuna del imperio Inca, la mayor en riquieza arquitectónica.
Las poblaciones del interior de los Andes aún conservan como primera lengua el
quechua (lengua Inca) y tanto en el sur del Perú como en el altiplano de Bolivia,
siguen hablando Ymara (lengua Wari).
La política peruana se halla en situación de “ingobernabilidad”, el ex- presidente
Kuczynski dimitó en Marzo de este año. El descrédito de los políticos es abrumador y
el descontento general se saborea en el ambiente y en todas las capas sociales. Martín
Vizcarra, antiguo 1º vicepresidente del momento, asumió la presidencia de Perú,
garantizando plena lucha contra las faltas de corrupción y lavado de activos.
En mi opinión, la joya sudamericana es Bolivia. Con una extensión doble que la de
España y con una población cuatro veces menor, Bolivia es un rincón con los paisajes
más bellos. Desde el espectacular salar de Uyuni, la cordillera Andina compartida con sus paises vecinos y hasta la profundidad del Amazonas. Es el menos turístico y más
pobre. Existen reductos donde hablan el español muy básico.
El lugar más impactante fueron las grandes minas de Potosí. En su día aportaron al
Imperio español y a toda Europa durante la época de la conquista de América, más
cantidad de plata que ningún otro lugar del mundo, fruto del trabajo exhausto de los
esclavos indígenas y una hilera incontable de cadáveres por el camino. Hoy Potosí
sigue viviendo a duras penas de su plata pero su historia y su ya extinta grandiosidad
sigue atrayendo a viajeros, un pequeño motor para su tímida economía.
Ni Evo Morales, el primer presidente indígena de la historia de Bolivia, dos siglos
después de ser un país independiente, ha sabido (o querido) decir que “Potosí se
acabó”. Aquel sueño vestido de codicia nacido a las pocas décadas de la llegada de
Colón a América, sigue siendo una máquina a la que se agarra un pueblo agotado. La
presencia de niños en las minas desde los 13 años de edad es contínua. Compaginan el
colegio con las minas. La esperanza de vida no es superior a 35 de años. 14 horas de
trabajo diarias. Inexistentes medidas de seguridad. Diferencias de temperaturas de
más de 30 grados entre dentro y fuera de la mina, provocando graves efermedades.
No es menos sorprendente que dentro de la mina se adore al diablo, él es quien vela
por su seguridad en el interior del infierno. Los trabajadores no tienen sindicato que
defienda sus derechos, funcionando a base de cooperativas.
Es fascinante el fenómeno religioso de encuentro entre una forma de cristianismo
católico y las religiones existentes en la Ámerica precolombina. El pueblo tiene una
cultura popular amplía en base al catolicismo pero sigue manteniendo muchas de sus
tradiciones anteriores al periodo hispánico (con formas tan variadas como el
chamanismo y el expandido uso de plantas ancestrales curativas).
Antes de embarcarme en este viaje estuve expuesta a comentarios tales como: “¿Te
vas sola a sudamérica?” “¿Estás loca?” “Cuidado que por allí una mujer sola de 22 años
es carne de cañón” . Y es que la ola de feminismo que inunda la España actual nos
empodera para salir ahi fuera solas y comernos el mundo, pero cuidado con aterrizar
en paises abiertamente machistas. Es cierto que sudamérica aún tiene mucho que
avanzar en esta asignatura pendiente, pero puedo decir que no he tenido ningún
problema en casi 6 meses de viaje. Me he encontrado decenas de mujeres en mi
misma situación. Así que, para terminar, animo a jovénes y no tan jóvenes a que si
tienen la oportunidad, vivan una experiencia de la que aprender nuevas realidades y formas vida, y que por culpa del miedo no se atrevan.

Maria Moreno es jurista, voluntaria, del Comité.

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