JUSTICIA Y JUSTICIABLES 2018

El primer tribunal criminal conocido se constituyó en Atenas para juzgar a
Orestes acusado de matricidio. Orestes era hijo de Agamenón y hermano de
Ifigenia, Laódice, Electra y Menéalo. La familia descendía de Atreo, nieto de
Tántalo, maldecido por haber hecho comer a los dioses el cuerpo de su hijo
Pélope.

El magistrado presidente del tribunal de los Eres tiene ante sí supuestas
prevaricaciones y no menos supuestas malversaciones. Nada que ver con
Tántalo y Orestes. Oído pues su ‘visto para sentencia” advirtamos en este fin
de año sevillano que las instrucciones de la señora Alaya nos cuestan a los
españoles del común, votantes o no del excedente magistrado señor Zoido,
un pastón , dicho en roman paladino. Algún interventor, más agudo y
avisado que el acusado en el recién terminado macroproceso, ayudado del
perito judicial enviado por la IGAE en auxilio de los fiscales y magistrados y
del inspector de Hacienda que tardó cinco años en emitir el suyo en el
acusatorio a don Manué, deberían dedicar tiempo y neuronas a calcular y
hacer saber cuánto costó la instrucción, juicio y consecuencias ciudadanas
del proceso Mercasevilla y otro tanto, después, el del Betis.

Santa Teresa, castellana bien hablada como era y que por tal se tenía,
llamaba “divertirse” a distraerse en sus tareas, pensamientos, obligaciones u
oraciones. Puede que “diversión” hayan sido las instrucciones de ambos
procesos, concluidos ambos con rotundas absoluciones y, en uno de ellos
además con la aseveración de que no había ni siquiera pruebas indicarías.
¿Y qué trabajo, objetivo y contrastado, de análisis de esos indicios hicieron
fiscales y jueza?. No ha sido divertido para los ciudadanos aplastados por la
maquinaria acusatoria e inquisitiva con ayuda de prensa y propagan de la
particular secretaria general del movimiento, continuo eso sí, que funciona en esta ciudad para asombro de los siglos venideros.

Don Luciano Varela, magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo,
nombrado Irmandiño de Honor de la Irmandade Xuridica de Galicia y medalla
de oro de la misma ha recordado a un catedrático suyo que decía “hacer
justicia es fácil, lo difícil es hacer lo justo”. Lo penoso para los ciudadanos
que detentamos la soberanía nacional es que en estos procesos hacer
justicia nos ha costado cantidades astronómicas para concluir que lo justo
era no haberla iniciado, pues nada había ni siquiera indiciariamente, por
mucho comandante de la UCO que pasee por la Audiencia.

Y Friederich Nietzsche: “No que me hayas mentido; que ya no pueda creerte,
eso me aterra”.

Alberto Revuelta.

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