La Guerra Civil en perspectiva (IV) RAMÓN TAMAMES | 19/08/2020

Publicado originalmente en la República de las Ideas

Hace ya cinco semanas, empezamos este largo artículo sobre la guerra civil española 1936/1939, como lectura de verano, pero también como reflexión a fondo sobre un tema histórico de singular importancia. De lo cual se ha derivado un cierto número de cartas de los lectores de Republica.com, con observaciones muy diversas, demostrativas del interés que sigue teniendo la cuestión entre los españoles de hoy.

Después de haber examinado las fuerzas en presencia en 1936, hicimos una serie de comentarios acerca de las operaciones militares, que terminamos hoy. Para hacer, seguidamente, un análisis de las consecuencias de la guerra.

El coronel Casado y el final de la contienda

Al empezar marzo de 1939, la guerra para la Republica no estaba perfectamente definida, por mucho que ya hubiera intentos de negociar por parte del gobierno de Negrín, que había vuelto a tener su capital en Valencia, después de entrar los nacionales en Barcelona.

En ese contexto, el ejército del Centro/Levante, se mantenía en condiciones de resistir, y fue una nueva defección militar frente a la República la que llevó la contienda a su fin. El ejecutor de esa acción fue el coronel Casado, comandante, precisamente, del ejército del Centro, quien el 4 de marzo de 1939 formó en Madrid el llamado Consejo Nacional de Defensa, con socialistas y anarquistas, y la oposición comunista.

Casado, en su planteamiento, se hizo ilusiones de que podría negociar una paz digna con Franco. Pero lo que realmente se impuso desde Burgos, fue una rendición incondicional a la que seguirían todas las miserias de la victoria; no la esperanza de la paz, como expresó muy bien Fernando Fernán Gómez en su película Las bicicletas son para el verano: «No ha llegado la paz, lo que ya tenemos es la victoria».

Las consecuencias demográficas y sociológicas

La expresión «un millón de muertos», enormemente generalizada —e incluso convertida en título de novela por Gironella—, no se correspondió con la realidad del impacto directo de la guerra. Pero sí que hubo más de un millón de víctimas del exterminio de la contienda, entre muertos militares en batalla y civiles en la retaguardia, represaliados en uno y otro bando, ejecutados tras la guerra civil, y exiliados.

A los 350.000 posibles muertes durante la guerra, habría que añadir otros dos importantes sumandos demográficos. El primero el de los prisioneros, que según cálculos hechos por mí mismo habrían supuesto casi 900.000 hombres/año perdidos. Hasta 1950 el número de reclusos se mantuvo en cifras extraordinariamente altas como consecuencias de la guerra, con un máximo de 230.640 personas en las cárceles y en los campos de concentración en 1940; y con una media de 75.000 hombres en prisión entre 1939 y 1950.

El segundo sumando, es el de la emigración. Unos 300.000 españoles salieron del país para huir de la muerte o del presidio, hacia un exilio que para algunos duró hasta 1975. Aunque ciertamente, la cifra de emigrados fue reduciéndose paulatinamente con la reinserción a través del retorno.

Convendría subrayar que esa emigración tuvo también su especial peso cualitativo, con grupos políticamente evolucionados, de actividades laborales de un cierto nivel para arriba (tipógrafos, metalúrgicos, ferroviarios, — maestros nacionales, abogados, médicos, jueces y magistrados, catedráticos de Universidad, etc.). Esos aspectos convirtieron la pérdida, siempre dramática, de vidas y de trabajo humano en una auténtica descapitalización del país, cuyas secuelas se dejaron sentir por mucho tiempo.

Aparte de todo ello, al no haberse llegado con Franco a una verdadera paz, y mucho menos a una reconciliación, el país permaneció dividido; no solamente entre quienes hicieron o padecieron directamente la guerra, sino que los sentimientos fueron transmitiéndose a las generaciones siguientes; a los hijos de quienes habían combatido o sufrido en la más cruel de las guerras que nunca hubo en España. Las discrepancias entre rojos y azules se mantenían en muchos planos, incluido el personal, entre familias.

Los graves efectos económicos

Pasamos ahora a ocuparnos de las consecuencias estrictamente económicas de la guerra. Según una estimación oficial, publicada por el gobierno del Nuevo Estado, ya ubicado en Madrid, en un documento en el BOE, los daños materiales del conflicto, se resumieron como sigue resumió los daños materiales del conflicto como sigue:

a) Disminución de la población activa en medio millón de hombres.

b) Pérdida de 510 t. del oro del Banco de España que la República empleó en la financiación de la guerra, equivalente a 637 millones de dólares con el valor adquisitivo de 1936-1939. Ello habría de tener graves consecuencias no sólo en el sistema monetario, sino, sobre todo, en el proceso de reconstrucción.

c) Gastos de guerra por un equivalente a 300.000 millones de pesetas de 1963, o 3,55 billones de 1985, por parte de los dos ejércitos. Esa fue la «inversión» estéril mayor de toda la historia de España.

d) Destrucción de gran número de edificios públicos; ruina completa de 250.000 viviendas (sobre unos seis millones); e inutilización parcial de otras 250.000. En conjunto, se vio afectado alrededor de un 8 por 100 del patrimonio habitacional del país. Aparte, naturalmente, de que el déficit de viviendas no dejó de crecer en los tres años de guerra.

e) La destrucción, como es lógico, fue especialmente intensa en las zonas más azotadas por la guerra. Un total de 192 ciudades y pueblos vieron destrozados más del 60 por 100 de sus edificios.

f) La guerra incidió también, de modo muy grave, en todo el sistema de transportes y en especial en los ferrocarriles, que todavía en 1950 no se habían recuperado del colapso que originó la contienda. Concretamente, quedaron destruidas 1.309 locomotoras (el 41,6 por 100 del parque existente el 18 de julio de 1936), 30.000 vagones (el 40,3 por 100) y 3.700 coches de viajeros (el 71,2 por 100). En las carreteras los daños sufridos fueron de consideración, especialmente en lo que respecta a las obras de fábrica, que fueron voladas en gran número. Y en cuanto a la Marina mercante, perdió 225.000 TRB, el 30 por 100 de su tonelaje total en 1936.

g) En cuanto a la ganadería, las diferencias en las cifras (en miles de reses sacrificadas), entre un año normal (1933) y 1940, nos expresan de forma aproximada la extrema gravedad de las pérdidas:

Años Vacuno Lanar y Caprino Porcino
1933 597 2.926 382
1940 291 1.977 191
% de reducción 34,3 32,7 50,6
h) La superficie sembrada cayó de forma dramática entre 1935 y 1939 (de 4,5 a 3,5 millones de hectáreas en trigo; de 1,8 a 1,5 en cebada, etc.) por falta de mano de obra, de ganado de labor y de equipo. Y esa caída persistió —por las mismas razones— durante la década de 1940, acompañada, además, de una fuerte contracción de los rendimientos.

i) En síntesis, la variación global entre-1935 y’ 1939, imputable fundamentalmente a la guerra, queda reflejada en el siguiente cuadro (para el año base 1929=100):

Conceptos 1935
1939

%
disminución

Producción agrícola 97,3 76,7 21,2
Producción industrial Renta Nacional (mil mili, de 1929). 103,3
25,3

72,3
18,8

31
25,7

Renta per. cápita (Pts. de 1929). 1.033,00 740 28,3
j) En suma, el nivel de renta del español medio se hundió en un 28,3 por 100, y además se agravó el desequilibrio en la distribución personal de la renta, por las medidas adoptadas: contrarreforma agraria, control de los salarios, etc.

Pero más que a estas cifras que simplemente comparan 1935 con 1939 o 19.40, lo importante es destacar globalmente que a partir de 1939 la economía española entró en una larga fase de regresión /estancamiento en todos los órdenes. Hasta los años 50 no se empezó a salir de esa situación (en 1954 se recuperó la renta por individuo activo de 1935), y únicamente en los años-60 pudo España desprenderse definitivamente de las últimas secuelas de la posguerra.

En definitiva, la guerra no sólo no resolvió nada, sino que además llevó a España para atrás en la historia, con una división del país en dos ( mitades, y con un estancamiento económico de casi 20 años, lleno de hambres, miserias, y frustraciones. Es cierto que la división de un país en dos mitades no es el «patrimonio» exclusivo de España. Francia durante la resistencia fue un país dividido, y lo mismo sucedió con la Italia de los partisanos. Pero, en el caso de España —a diferencia de Francia e Italia— la triunfante fue la dictadura, la victoria.

Seguiremos la semana próxima con un tema de gran interés, y generalmente poco conocido, como es el de la financiación de la guerra civil, y la reunificación de las dos zonas monetarias españolas que surgieron a lo largo de ella, con la peseta roja y la peseta nacional. Y para cualquier contacto con el autor, como siempre, pueden dirigirse a él a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net

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