La guerra Civil en perspectiva (V)

Publicado originalmente en La República de las Ideas

RAMÓN TAMAMES | 26/08/2020
Seguimos con el largo artículo, para los lectores de Republica.com, sobre la Guerra civil española, como lectura del verano de la pandemia 2020. Y me siguen llegando cartas de los lectores, con sus opiniones y también alguna objeción casi siempre con fundamento.

Hoy seguimos con el artículo después de haber visto las fuerzas en presencia en 1936, las operaciones militares, y algunas de las consecuencias demográficas de la contienda, que fueron muchas y muy graves.

Hoy seguimos con el tema, para ocuparnos de la financiación de la guerra civil, una cuestión que casi siempre olvidan los grandes historiadores como Jackson, Stanley Payne, o Hugh Thomas. Como se verá, la cosa fue ardua, y la inversión destructiva de las operaciones militares hipotecó a la economía española por mucho tiempo.

La financiación de la contienda

En anteriores pasajes hemos visto cómo, al iniciarse la Guerra Civil, España quedó dividida en dos zonas con estructuras económicas bien distintas: la republicana, con predominio industrial; y la nacional, marcadamente agrícola. Una división con tan distintas características quedó reflejada en los ingresos del Tesoro; la zona nacional, en agosto de 1936, la integraban las provincias que suministraban el 30 por ciento de los recursos de la Hacienda (que ascendieron a un total de 5.000 millones de pesetas en 1935), mientras el otro 70 por ciento provenía de las provincias que se mantuvieron fieles al gobierno de la República.

El coste total de las operaciones militares (ambos bandos) de la Guerra Civil superó —en pesetas de 1963, según una estimación de la Comisaría del Plan de Desarrollo— la cifra de 300.000 millones de pesetas, sobre la base de los datos recogidos en el Boletín Oficial del Estado de 4 de agosto de 1940. En pesetas de 1935, la suma del gasto de guerra de los tres años que duró la contienda fue de unos 30.000 millones de pesetas, equivalente al 125 por ciento de la renta nacional de ese mismo año. un 40 % de PIB.

El país en su conjunto «invirtió en la guerra» —valga la expresión— el equivalente a seis veces su presupuesto general del estado anual a la altura de 1935, y 1,25 veces la renta nacional de ese año, Para un periodo de tres años eso significa que el sector publico gastó al año dos veces lo normal ,y que solo en guerra el país dedicó en su conjunto un 41 por ciento del total del consumo más la inversión. ¿Cómo se financió tan descomunal gasto? He aquí el interrogante que a continuación trataremos de contestar. Los procedimientos financieros del lado nacional fueron los siguientes:

Aplazamiento por parte del Estado de los pagos de los intereses de la deuda y del 60 por ciento del valor de los suministros de guerra.
Reducción de los gastos superfinos.
Creación de nuevos impuestos para conseguir mayores ingresos.
Sin embargo, con estas medidas apenas se alcanzó a sufragar el 30 por ciento de los gastos. La financiación del resto del esfuerzo bélico se hizo con medidas monetarias de orden interno y con la ayuda recibida del extranjero.

En el orden monetario interno, la medida más importante fue la creación en Burgos de una nueva central del Banco de España, que anticipó al Estado nacional un total de más de nueve mil millones de pesetas, que fue, lógicamente, nueva emisión fiduciaria, «respaldada» por una emisión de Deuda Pública por ese mismo valor, lo que significó una financiación claramente inflacionista.

Por lo que respecta a la ayuda exterior, fueron decisivos los suministros de armas, municiones y combustibles recibidos de Italia y de Alemania. El importe de la deuda con Italia se cifró en 1939, en el tratado de reconocimiento de la deuda de guerra, en 5.000 millones de liras (unos 250 millones de dólares). Por el contrario, no se sabe exactamente a cuánto ascendió la deuda contraída con Alemania, si bien la cantidad con cuyo pago se consideró liquidada toda obligación con ese país fueron 1.200 millones de pesetas oro (unos 400 millones de dólares), que se reembolsó con suministros de alimentos durante le Segunda Guerra Mundial. Así pues, la España nacional recibió del exterior un total de créditos de por lo menos 600 millones de dólares.

Por su parte, el gobierno republicano hizo frente a sus necesidades con medidas de carácter análogo y con la utilización de las reservas metálicas del banco emisor, cifradas en unos 575 millones de dólares de entonces, equivalentes a unos 4.675 millones de pesetas de 1935. Además, se recurrió a una expansión fiduciaria formidable. En otras palabras, también hubo una clara financiación inflacionista, en cuyo contexto los alimentos y otros bienes de primera necesidad hubieron de someterse a un severo racionamiento, en duro contraste con la situación de gran abundancia a que estuvo acostumbrada la España nacional, hasta bien entrado el año 1938, cuando ya había incorporado a su central amplias zonas antes republicanas.

Dejamos el tema aquí, y el próximo viernes 5 de septiembre entraremos en una cuestión que fue muy espinosa, concretamente, la reunificación de las dos Españas, en términos monetarios. Y como siempre, los lectores de Republica.com podrán conectar con el autor a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net

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