La guerra de los 80 años y el mito fundacional de Holanda

Publicado originalmente en El Mundo

Holanda y el Rijksmuseum celebran el 450 aniversario de la Guerra de los 80 años para fortalecerse repitiendo el mito fundacional orangista, aunque no sea verdad

En el empeño, todavía incierto por las dificultades de financiación, de rodar un documental sobre la pervivencia de la leyenda negra, acudimos el equipo de rodaje de J. L. López Linares y quien esto escribe al Rijksmuseum de Ámsterdam. Allí una gran exposición celebra el 450 aniversario del conflicto que se conoce popularmente como la Guerra de los 80 años. Hemos esperado semanas para obtener el permiso de rodaje y lo primero que nos llama la atención es que el catálogo esté disponible sólo en neerlandés. No hay siquiera una versión en inglés, algo chocante en estos tiempos.

Al comienzo una cartela informa de que «la población está profundamente dividida: en 1572 estalla una guerra civil… Católicos contra protestantes, monárquicos de Felipe contra seguidores de Wilham de Orange. Reina el caos». A partir de ahí esperaríamos encontrar el relato de una guerra civil. No hay tal. En el muro de enfrente ya están representadas las dramatis personae del mito fundacional: Spanish Army por un lado y los Rebels por otro. Extraña guerra civil que nadie ha contado ni contará sino como una nota a pie de página, como la exposición del Rijksmuseum demuestra hasta la saciedad.

No hay más actores en esta dramática puesta en escena ni puede haberlos. No se hace ninguna mención a los soldados ingleses ni alemanes del héroe y padre de la patria Guillermo de Orange. Ni al dinero francés tampoco. Es una pena porque las guerras se vuelven mucho más entretenidas cuando nos ponemos a averiguar quién paga, pero este punto de vista es absolutamente anti épico y se aviene mal con la narración de los mitos fundacionales.

Posiblemente el museo ha llegado tan lejos como podía cuando se maneja material tan inflamable. El mito fundacional es una sustancia que no se puede tocar sin las debidas precauciones. Quizás a muchos españoles les cueste entender esto porque hace ya siglos que los suyos pueden ser insultados o destruidos impunemente. Recuérdense las estatuas destrozadas de fray Junípero Serra o de Colón en California. Cortarle la cabeza a Colón es como decapitar el mito fundacional más importante de España, que es el descubrimiento de América.

Cuando le preguntas al comisario de la exposición, el señor Gijs van der Ham, cuya amabilidad y atenciones agradecemos afectuosamente, por la evidente contradicción que existe entre afirmar la existencia de una guerra civil y luego contar una guerra entre España y los Rebels, contesta con evidente incomodidad, que la exposición está hecha para el gran público holandés, un público no especializado y que, como tampoco disponen de todo el espacio del mundo, han tenido que ceñirse a algunos aspectos, los esenciales, y dejar fuera otros. Lo que equivale a reconocer que la lucha contra España (real o supuesta) es lo sustancial, porque sin ella te quedas sin relato épico. Sin mito fundacional, qué caramba. Y una nación puede carecer de casi todo pero de eso no. Es suicida. Por eso Holanda y el Rijksmuseum celebran el 450 aniversario de la Guerra de los 80 años, para contarse y fortalecerse repitiendo a modo de gran ceremonia colectiva el mito fundacional orangista. Pero ni 450 años ni 450.000 narrando lo mismo conseguirán que sea verdad. Nunca hubo una Guerra de los 80 años ni esa guerra fue contra España.

Hay silencios clamorosos que sala a sala asaltan al historiador. Es llamativo que no haya una sola mención a los muchísimos mercenarios extranjeros que lucharon en el bando orangista, pagados con dinero de Inglaterra, de los príncipes luteranos del Sacro Imperio y de Francia. Pero, mucho más grave, por lo que a la propia historia de Holanda se refiere, es el olvido absoluto, la negación del derecho a existir, de cientos de miles de neerlandeses que estuvieron en aquella guerra civil luchando contra la familia Orange-Nassau. Porque el grupo «Alva y los españoles» (Ejército español, soldados españoles, bárcos españoles, etcétera, pero españoles) era más bien «Alva y los holandeses».

La historiografía oficial convirtió a estos perdedores en no holandeses y los borró de la existencia. Y el modo en que se está manejando ahora el mito fundacional orangista demuestra que en el interior de Holanda este asunto está muy lejos de haberse resuelto de manera justa para aquellos holandeses que fueron derrotados por los Orange-Nassau y sus aliados, aliados cuya presencia interesada en el conflicto explica en gran parte por qué es el relato orangista el que se ha impuesto.

Por ejemplo. En 1573 había en Flandes 54.000 soldados bajo el mando del Duque de Alba. De ellos sólo 7.500 eran españoles (remito a los trabajos de Van der Hessen, Maltby y G. Parker). La mayoría, unos 30.000, eran flamencos. Soldados, mandos, gobernadores y maestres de campo como Johann Tserclaes, Jan van Ligne, Jehan Lenin-Liéthard que mandó los tercios en la batallas de Brielle y Haarlemmermeer; Claudius y Gilles van Barlaymont, Anton Schetz, Omer Fourdin, Enrique van der Bergh… Digamos que el Duque, más que luchar contra los flamencos, luchó con los flamencos.

3total visits,1visits today

Esta entrada fue publicada en Actualidad, Artículos y opinión. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.