Las guerras secretas de EEUU en África: más implicados y letales de lo que se pensaba

 Publicado originalmente en El Confidencial

El Pentágono asegura que sus tropas solo entrenan y asisten a ejércitos del
continente, pero una investigación de la publicación Política revela que, en al
menos ocho países, también combaten
17/07/2018 16:29 – Actualizado: 17/07/2018 17:05
El pasado 4 de octubre de 2017, cuatro soldados estadounidenses morían en una
emboscada del Estado Islámico en la aldea de Tongo Tongo, en el oeste de Níger, muy
cerca de la frontera con Malí. El controvertido incidente, que motivó una investigación
interna del Pentágono, desveló la forma en la que las tropas estadounidenses operaban
en aquel rincón del mundo. Casi ningún estadounidense, fuera de los círculos militares y
de los servicios de inteligencia, sabía que EEUU tenía fuerzas desplegadas en aquel país.
La narrativa oficial es que los soldados en Níger son meros asesores y, en palabras del
jefe del Estado Mayor, el Teniente General Kenneth KcKenzie, “no están implicados
directamente en operaciones de combate”. Lo sucedido en Tongo Tongo, en suma, había
sido mala suerte, parte de los riesgos que asumen las tropas en el exterior. Pero la
realidad, tal y como ha revelado ahora una investigación de Político Magazine, es que
fuerzas estadounidenses participan desde hace al menos cinco años en varios programas
de misiones de combate en no menos de ocho países del continente, agrupados bajo la
llamada Sección 127e.
EEUU busca venganza en el Sahel: caza a los asesinos de sus fuerzas especiales
Á. Martínez
Aunque algunos de los lugares eran más o menos conocidos -como Libia o Somalia,
donde han muerto otros dos soldados desde principios de 2017, el último este junio-, otros
resultan menos evidentes para los observadores externos, como Kenia, Túnez, Camerún,
Malí, Mauritania y el propio Níger, aunque a día de hoy ya no se sigue operando en todos
ellos. Fuera de ese programa, un responsable militar entrevistado por lapublicación añade
al menos otro país a la lista: Chad.
“Nuestros operativos especiales no solo asesoran y asisten y acompañan a las fuerzas
aliadas, sino que también las dirigen bajo estos programas”, ha admitido el general de
brigada retirado Donald Bolduc, que hasta junio de 2017 lideraba la mayoría de las
operaciones de las fuerzas especiales estadounidenses en África, a Politico. Estas se
centran en acciones de reconocimiento y “participación directa” de fuerzas conjuntas de
comandos estadounidenses y africanos contra grupos e individuos militantes designados
como objetivo, indica.
“No es tanto ‘Os ayudamos’ como ‘Cumplimos con nuestro vínculo’”, ha declarado un
oficial de los Boinas Verdes a ese medio. Aunque los norteamericanos tienen prohibido
participar en el momento más peligroso de esos asaltos -la irrupción en el recinto que
aloja a las fuerzas hostiles, que es realizada por las tropas africanas-, se mantienen a corta distancia e intervienen en caso necesario, según describen los implicados.
África, cada vez más importante
La presencia militar estadounidense en África no ha dejado de crecer desde 2002, cuando
la Administración Bush lanzó la llamada Iniciativa Pan-Sahel, un intento de que los
ejércitos de la mitad norte del continente cooperasen con EEUU y entre sí en la llamada
“Guerra contra el Terror” posterior a los atentados del 11-S. La importancia que el ejército
estadounidense asignaba a este nuevo teatro quedó clara en 2007 con la creación del
Mando Africano (AFRICOM), que asignaba su propia estructura de liderazgo a las fuerzas
norteamericanas en el continente, hasta entonces repartida entre tres áreas diferentes: el
Mando Europeo (EUCOM), el Mando Central (CENTCOM), que se ocupa de Oriente
Medio, y el Mando del Pacífico (PACOM). Desde entonces, el número de países africanos
donde existe algún tipo de presencia o cooperación del ejército de EEUU no ha dejado de
aumentar. EEUU tiene más de 7.000 soldados desplegados en el continente, 800 de ellos solo en Níger.
De Israel a Colombia: qué implicaciones tiene convertirse en ‘país socio’ de la OTAN

Daniel Iriarte

El colombiano ha sido el primer Gobierno de Latinoamérica en asociarse con la organización, que ya tiene mecanismos de cooperación militar en todos los continentes, no sin controversia De esta expansión, lo más relevante ha sido el despliegue de operativos de las fuerzas especiales, que ha alcanzado cifras récord: su número en todo el mundo ha pasado de 33.000 en 2001 y más de 70.000 a día de hoy, y están presentes en 149 países (un incremento respecto a la época de la Administración Obama, cuando la cifra era de 138 países).
Pero si en 2010 el 81% de estos combatientes operaban en países del gran Oriente Medio -esto es, incluyendo Afganistán y Pakistán-, este porcentaje se ha reducido ahora al 54%. Muchos de ellos han sido redestinados a Europa y, en menor medida, al Pacífico y Latinoamérica. Pero el mayor incremento se ha producido en África, que ha pasado de alojar al 1% de las fuerzas especiales estadounidenses en 2010 al 16% en la actualidad, según cifras oficiales.

Este incremento se ha producido en paralelo con el crecimiento de la amenaza yihadista en territorio africano:

El número de incidentes violentos que implican a estos grupos ha crecido más de un 300% entre 2010 y 2017, y los países que experimentan actividades yihadistas de forma continuada han pasado de 5 a 12, según el Africa Centre For Strategic Studies, dependiente del Departamento de Defensa de EEUU. El número de grupos militantes considerados una amenaza por el Pentágono ha crecido de 5 en 2002 a 21 en 2017, aunque algunos observadores consideran que la lista debería ser al menos el triple de larga.

Reveses y complicaciones

África, en suma, se ha convertido en un teatro de máxima importancia para las fuerzas armadas de EEUU. La financiación anual de los programas de ayuda antiterrorista en el África Subsahariana ha pasado de 327 millones de dólares en los años fiscales 2011-14 a 954 millones en 2015-18. Aunque la Administración Trump está planificando un recorte sustancial, la lucha contra Boko Haram y el Estado Islámico siguen siendo una prioridad.

De hecho, los fondos para los programas de “acción directa” descritos arriba se han cuadruplicado en las últimas dos décadas hasta alcanzar los 100 millones de dólares para todo el planeta (no solo África, sino también Afganistán y Oriente Medio). Además, el Pentágono acaba de inaugurar una base de drones de otros 100 millones en la ciudad
nigerina de Agadez, en mitad del desierto del Sáhara.

Eso no significa que estos programas estén exentos de problemas. En Libia tuvo que ser cancelado en 2013 después de que una milicia hostil atacase el campamento de las fuerzas locales con las que estaban trabajando los Boinas Verdes estadounidenses y robase parte del armamento que éstos les habían suministrado. En Mauritania, el Gobierno, incómodo con la idea de que soldados de EEUU mandasen a sus tropas sobre el terreno, exigió su finalización.

Ilegales pero útiles: así operan las compañías militares privadas de Rusia

La muerte de numerosos operativos rusos en Siria en febrero puso de manifiesto un fenómeno creciente: el despliegue de mercenarios en teatros de interés para el Kremlin, de Ucrania a África El último en unirse al coro de críticos ha sido el presidente de Níger,
Mahamadou Issoufou, quien ha asegurado que los norteamericanos no deberían combatir en su país. “No le estamos pidiendo a fuerzas extranjeras que luchen en nuestro lugar.

Estamos batallando para consolidar la seguridad de nuestro país. Lo que les pedimos a nuestros aliados es que nos ayuden a reforzar las capacidades operativas de nuestras fuerzas de seguridad mediante el entrenamiento, la equipación y la inteligencia”, dijo en
una entrevista el pasado 5 de julio.
En cambio otros países, como Somalia, han acogido de buen grado estas misiones, consideradas “altamente efectivas”. No obstante, los críticos aseguran que si bien este tipo de operaciones pueden ser eficaces a la hora de eliminar a líderes y células terroristas, no son más que un desperdicio de vidas y dinero si no van acompañados de una
estrategia que permita vencer a largo plazo, como ha demostrado el doloroso ejemplo de Afganistán.

Y, por ahora, no parece que exista ninguna.

Esta entrada fue publicada en Actualidad, Artículos y opinión. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.