Lo que los documentos de Monsanto revelan de Roundup

La justicia norteamericana ha desclasificado parte de la correspondencia interna de la empresa. Desde 1999, esta sospechaba del potencial mutagénico del glifosato.
En raras ocasiones el azar del calendario ha sido tan embarazoso para una agencia de valoración de riesgos. En el marco de una demanda interpuesta contra Monstanto, la justicia federal norteamericana desclasificó, el jueves, 16 de marzo, más de 250 páginas de correspondencia interna de la empresa agroquímica, mostrando que en esta existía una seria inquietud, desde 1999, por el potencial mutagénico del glifosato, el principio activo de su producto estrella, Roundup, y molécula fitosanitaria la más utilizada en el mundo.
No obstante, el 15 de marzo, la víspera de la publicación de esta documentación confidencial, la Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA) anunció que no consideraba el glifosato como cancerígeno, y tampoco mutagénico —es decir, capaz de engendrar mutaciones genéticas.
Para Monsanto, el asunto es crucial: el Roundup es la piedra angular de su modelo de negocio, fundamentado en la venta de pesticidas y en las culturas transgénicas capaces de tolerarla.
Estos documentos internos de la empresa Saint Louis (Missouri) fueron hechos públicos como parte de una demanda colectiva presentada ante un tribunal federal de California por varios cientos de trabajadores agrícolas afectados por el linfoma no Hodgkin (cáncer que afecta a la sangre). Sobre la base de un dictamen publicado en marzo de 2015 por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), los denunciantes atribuyen su enfermedad al contacto prolongado con el herbicida comercializado por Monsanto.
Connivencias
Los archivos anteriormente mencionados, desclasificados en el marco de este caso, sugieren especialmente que Monsanto se habría beneficiado de un trato de favor en el seno de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), encargada en los Estados Unidos de evaluar la seguridad del glifosato (Le Monde, a fecha de 17 de marzo).
Esta vez, los correos electrónicos que han salido a la luz cuentan otra historia. En 1999, los ejecutivos de Monsanto quisieron valerse de los servicios de esta autoridad científica incuestionable para apoyar al glifosato frente a los reguladores europeos. La meta consistía en convencerles de que el producto no era genotóxico.
«Demos un paso atrás y veamos qué queremos realmente hacer”, escribe un ejecutivo de la empresa a sus colegas. “Queremos encontrar a alguien que esté familiarizado con el perfil genotóxico del glifosato/Roundup y pueda influir en los reguladores, o llevar a cabo acciones de comunicación científica al público”.

Traducción de parte del artículo escrito por Stéphane Foucart en Le Monde Économie el 18 de marzo de 2017.

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