Los Pajaritos «Cuando busco trabajo no digo que vivo aquí»

  • El barrio repite como la zona más pobre de España y su situación socioeconómica empeora
  • Los vecinos llevan 14 años reclamando un Plan Integral

Los Pajaritos»Cuando busco trabajo no digo que vivo aquí»

  • El barrio repite como la zona más pobre de España y su situación socioeconómica empeora
  • Los vecinos llevan 14 años reclamando un Plan Integral

Sentada en una silla de playa de rayas de colores bajo la sombra de un árbol, Carmen Alba se abanica con fuerza. Es mediodía y el calor aprieta. Varios de sus quince nietos corren a su alrededor mientras su hija despacha a una vecina en una pequeña tienda detrás de las rejas de la ventana de una vivienda, en un bajo. No habla, sólo asiente a lo que dice su marido. «Tengo seis hijos y todos están en paro. El único que estaba trabajando se quedó en paro hace una semana», señala su esposo, Emilio Santo Nevada, apoyado en el árbol. «Llevo 50 años viviendo en este barrio y el cambio ha sido radical», admite. «Éste siempre ha sido un barrio de gente trabajadora, no había tanto alboroto. Ahora no lo reconozco».

La droga de los años 80 y la crisis de los 90 iniciaron un camino de decadencia en Los Pajaritos, en Tres Barrios-Amate, que ha acabado convirtiéndolo en la zona más pobre de España. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), publicados esta semana y que hacen referencia a los ingresos de 2014, la renta media anual de sus vecinos es de 12.307 euros, más de 300 euros menos que en el ejercicio anterior. La situación de Tres Barrios-Amate empeora cada año y crece la diferencia con el segundo barrio más pobre de España, también sevillano, las Tres Mil Viviendas, en el Polígono Sur.

«Ya son dos años siendo el barrio más pobre, pero no nos molestan estos datos, no son más que un reflejo de la realidad, una tendencia que nadie frena», señala con resignación Fernando Armas, portavoz de la Plataforma Tres Barrios-Amate, que engloba a las asociaciones de vecinos de la zona. «Sí sorprende que la situación sea peor que la del Polígono Sur, pero allí han tenido fondos sociales y aquí no ha llegado nada».

A pocos metros de Carmen y Emilio, dos hombres pasan la mañana apoyada en un coche. José Luis, uno de ellos, tiene 52 años y lleva ocho en paro. «Soy pintor pero no me sale nada y ahora vivo de lo poco que consigo vender, si la Policía me deja. Si vendo tabaco, me lo requisa. Y la fruta, tres veces me la han quitado ya», comenta el hombre. «¿Me meterán preso si hablo con la prensa? Bueno, así cuando salga tengo un año y medio de paro», bromea.

Para Fernando Armas, la mala calidad de las viviendas (muchas con techos aún de uralita), la ocupación de casas vacías por parte de familias sin recursos, la llegada de población inmigrante sin posibilidad de empleo y el hecho de que las familias que prosperaron se fueran del barrio son algunas de las causas de la decadencia de esta zona. «Aquí hay familias con hijos y nietos universitarios que se fueron y que ya sólo los abuelos viven en el barrio», indica Armas.

De repente, una vecina para al portavoz de la plataforma, muy conocido en el barrio. «¿Te acuerdas de mi hijo, que iba con vosotros a la Iglesia y os lo llevabais de excursión? Está en Jaén estudiando robótica», exclama con orgullo la señora con las bolsas de la compra en la mano. «Veniros a casa y lo sacáis en el periódico. Su padre murió cuando tenía cinco añitos y yo siempre he trabajado para sacarlo adelante pero ahora estoy en paro», explica camino de su casa.

A Alejandro, de 21 años, la cámara del fotógrafo le coge por sorpresa y descalzo. Estaba estudiando. Se muestra tímido y algo reticente pese a la insistencia de su orgullosa madre. «Preferiría que no saliera mi foto. Yo estudio un Grado Superior en Jaén con una beca pero no saben que vivo aquí», confiesa. «Mi instituto estaba fuera del barrio y mis amigos también. Siempre que me preguntan, digo que vivo en Nervión. No me avergüenzo, pero prefiero que no sepan que vivo en Los Pajaritos».

Alejandro no es el único vecino de este barrio que miente y cambia su domicilio. «Cuando busco trabajo, nunca digo que vivo aquí, digo que vivo en Ciudad Jardín. Si no, puedo quedarme sin trabajo», confiesa Angélica Jiménez, una vecina de 48 años que vive con su dos hijos, uno de 12 y otro de 26, también en paro. «El pequeño va al instituto del Matadero, donde van niños del Cerro del Águila, y a veces también le he escuchado decir que él vive en Ciudad Jardín sin haberle dicho yo nada», comenta la mujer, que se dedica a limpiar casas y que vive a la caridad de Cáritas, Cruz Roja y la asociación Tres Barrios-Amate: «En mi casa no entran ingresos. Tengo enganchada la luz y el agua».

«Yo no me voy tan lejos como ella. Yo digo que vivo en Santa Aurelia», añade Juana Richarte, sentada junta a Angélica en el despacho de Salvador Muñiz, presidente de la asociación de vecinos de la zona, donde ofrecen asesoramiento laboral y ayudas sociales. «Cuando dices que vives aquí, ves como la persona que está en frente tuya pone caras raras y coge su bolso rápidamente», asegura. «Te hacen muchas preguntas. ‘¿Pero dime en que zona vives exactamente?’ No se fían».

Juani, como prefiere que la llamen, se dedica a limpiar casas, escaleras y a cuidar personas mayores, pero ahora tampoco tiene trabajo y tiene dos hijos que mantener. «Mi marido se enganchó a la droga y se fue de casa hace nueve meses. Pero no creas que se enganchó a los 20, tenía 50 años. Y antes de irse se lo comió todo y no me dejó nada», explica esta mujer de 44 años. «Es muy duro vivir así. Te ves sola y no sabes por dónde tirar. Lo único que gano son 15 euros a la semana limpiando escaleras». Pese a las calamidades, hay algo que a Juani le llena de orgullo, su hijo mayor. «Está estudiando Derecho y estoy deseando que tenga un juicio para poder decir: ‘Ése es mi hijo, yo soy la madre del abogado», exclama entre risas.

La asociación de vecinos Tres Barrios-Amate, junto a la colaboración de Cruz Roja y la asociación cultural El Anaquel del Pinsapo, ha repartido desde enero de 2016 hasta ahora 55.000 kilos de alimentos a unas 600 familias de Los Pajaritos, Madre de Dios, La Candelaria y Amate, además de otros 1.743 kilos en festivales solidarios. A esto se suma, 24.000 kilos más de alimentos y productos de higiene que la asociación repartirá del 3 al 11 de julio.

«Creo que existen unos culpables de que seamos el barrio más pobre de España y esos son las administraciones públicas, todas», manifiesta Salvador Muñiz, presidente de la asociación de vecinos. «¿Es tan difícil que el Ayuntamiento de Sevilla y la Junta, que son del mismo color político, se pongan de acuerdo para poner en marcha el Plan Integral que llevamos esperando 14 años? Los que realmente no tienen culpa de esto son los vecinos». Muñiz recuerda que la tasa de paro en este barrio es «del 65%» y propone como solución la aplicación de cláusulas sociales que permitan a los vecinos trabajar en las obras que se proyecten en esta zona.

El Ayuntamiento de Sevilla reconoce que la realidad socioeconómica de Tres Barrios-Amate es un «problema estructural» que arrastra la ciudad «desde hace muchos años y que requiere respuestas por parte de todas las administraciones». Según datos del gobierno local, el presupuesto municipal de este año incluye más de 4,5 millones de euros para distintos programas en la zona. Además, el distrito Tres Barrios-Amate dispone de 56.000 euros para la realización de trabajos y estudios vinculados al plan integral.

En el último año, de junio de 2016 a junio de 2017, se han destinado casi 244.000 euros a ayudas económicas, la mayoría a ayudas al pago de la comunidad (136 en total), al alquiler (47), suministros básicos (159) y vestimenta básica (86), además de apoyo a la educación (29) y gastos farmacológicos (26). Además, el centro de servicios sociales ha realizado en este tiempo casi 5.600 intervenciones sólo en Los Pajaritos, que beneficiaron a 1.367 familias.

El Ayuntamiento recuerda que, además del desarrollo de otros programas sociales, durante este mandato se ha conseguido reactivar la construcción de las nuevas viviendas proyectadas en la calles Tordo y Estornino con una inversión de 3,2 millones, y la puesta en marcha «del primer programa de empleo municipal» en esta zona a través del Plan Integra con un presupuesto de 250.000 euros.

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