MUJERES NO

Jesús de Nazaret no pertenecía al sacerdocio judio. No fundó otra religión distinta de aquella en la que había nacido y en la que había sido perseguido por los sacerdotes de la misma y entregado a los ocupantes romanos que eran señores de horca y cuchillo y lo crucificaron. Atrajo a hombres y mujeres a su persona y a su noticia nueva y buena: construir un reino de Dios en la tierra. No decidió que hubiera un clero o una casta sacerdotal en ese reino.
La historia de la creación del clero eclesiástico y de su asumcion ( de asumir, de apropiarse y detentar) del poder, está bien documentada y puede leerse en libros de prestigio y garantía.

El actual clero catolico detenta el poder económico, político, organizativo, litúrgico e ideológico de todas y cada una de la estructuras eclesiásticas en el universo mundo. Ese poder diversificado pero contundente y bien real permite vivir y vivir bien a cuatrocientos mil clérigos y a varios cientos de miles de mujeres con diversos votos y misiones. Y ejercer el poder que Stalin no tuvo y Pio XII si mantuvo sobre más de mil millones de católicos más o menos vinculados a la
estructura visible del poder eclesiástico. Basta mirar a Nicaragua estos días.

En la pirámide del poder eclesiástico hay una corporación de hombres entre los
sesenta y muchos y los ochenta y muchos años que manejan bienes terrenales,
ideológicos y espirituales que ejercen sobre una supuesta indicación de Jesús de Nazaret formulada hace dos mil años y consolidada, según ellos, por el espiritu que se cernió sobre el caos en el primer momento de la vida y aletea ahora sobre la columnata del Bernini y el patio de Santa Ana.

Tales caballeros dedican la mayor parte de las horas del día a trabajar para
acrecentar esos poderes, consolidarlos, extenderlos por el mundo y garantizar la
continuidad de una potente organización de contenidos ideológicos diversos, de
presencia no excesivamente visible en los centros de decisión política y
económica, de ayuda a necesitados y aplastados en lugares lejanos y cercanos a esos centros de poder.

Tales caballeros se continúan a sí mismos a través de la estructura del orden sacerdotal celibatario. Garantizan el patriarcado como actuación estratégica y política de su propio futuro y de la continuidad de su organización.

Acaba de decirlo ayer el cardenal electo Ladaira, jesuita como el actual pontífice, quien ha dejado perfectamente claro que el sacerdocio es masculino y será masculino y ejercido exclusivamente por hombres. Jesús de Nazaret, según el
guión previsto, escogió hombres y sólo hombres. Derecho divino pues. Nada que
añadir.

Absque mulieres

Alberto Revuelta

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