NUESTRA SEÑORA

1. Si los datos de su hijo, el famoso Jesús de Nazaret, el Galileo, son ciertos y parece, hoy por hoy, que lo son, ella, su madre vivió en la aldea donde lo alumbró.

2. Si los datos de su hijo primogénito son ciertos, y hoy los sabios los
consideran tales, y nosotros los que no somos sabios los conocemos desde
chicos por nuestra señoras madres y abuelas, lo concibió antes de convivir
desposada con José, carpintero o artesano en la aldea y en sus alrededores.

A Jose que la amaba, no le causo trastorno en llevarla como esposa a su
casa.

3. Si los datos de su hijo mayor son ciertos, tuvo cuatro varones más,
Jacobo, Jose, Judas y Simón y unas cuantas hijas que vivían en la aldea
cuando su Jesus tenía treinta y tantos años y se dejó caer por allí con bronca
en la sinagoga y amenazas después.
4. Si los datos de su archinombrado hijo Jesus son ciertos, ella tenía buen
genio, mandaba mucho y gobernaba a sus otros cuatro varones, y no digamos a las hijas, con mano firme y brazo extenso. Los hizo ir a Cafarnaun a traerse con ella al frente al hombreton que se creía el enviado, con una misión de cambiar la vida a los que se le unieran.

5. Ella no creía en cambios de vida ni quería cambios vida de nadie. Había
sufrido al quedarse embarazada fuera del cauce consolidado en la aldea. Y
gracias a Jose mantuvo la posición y pudo gobernar marido e hijos e hijas y
hacerse respetar por las vecinas y las malas lenguas. Y siempre queda algo
que te duele la vida cada día. Los hijos son como flechas en la aljaba.

6. Su hijo, el suyo de ella y de nadie más, con la manía de hacer un grupo de
seguidores no le hizo caso alguno en público y ante gentes de Cafarnaun.
Desde entonces, enfurruñada y mujer de aldea cerrada y con carácter, lo
dejó ir y no volvió a andar cerca, ni lejos de él. El hijo que fuera sólo suyo, dejó de serlo para cambiar a una familia de gentes, mujeres y hombres que
le eran ajenos y que ella no entendería nunca.

7. Si los datos de su hijo, el famoso, son ciertos, podemos saber del carácter
y de los sentires de ella, su madre. Así podría hacer mixtos a una higuera
que debía dar fruto porque ella lo pidiera; podía echar un broncazo a sus
vecinas como su hijo a Pedro; podía equivocarse sobre personas y verse
traicionada, como le pasó a su hijo con judas; podía tener iniciativas que no
fueran a ningún sitio. Podía llorar cuando un hijo de una vecina moría y
angustiarse ante una niña que enfermaba y podía morir y darle la mano a un
desgraciado para ayudarle a levantarse y charlar horas y horas con una vecina que había vivido en pareja con con cinco hombres uno tras otro. Su hijo, en mucho, había salido a ella. En lo bueno y en lo malo. Ella lo sabía.

8. No estuvo cuando mataron a su hijo primogénito. No estuvo cuando lo
enterraron o lo echaron al osario común. No tenía ni idea de donde lo habían
puesto.

9. Cuando sus hijos varones decidieron ir a Jerusalén cuando Pedro y los
demas se asentaron allí y empezaron a hablar de Jesús y sus hechos y dichos, para reclamar que ellos eran su familia, ella se fue allí.

10. Esto sabemos por los santos evangelios y eso que quienes escribieron, casi todos le hicieron el favor de enaltecerla y contar las cosas para dejarla en buen lugar. 11. Esta es Nuestra Señora. Todos los cristianos sabemos lo que aquí se cuenta. Y aunque los que mandan en las iglesias han tratado de hacer de ella una reina todopoderosa, todos los cristianos sabemos que lo dicho aquí está debajo de ropajes, coronas y obispos incensando.

12. Esta es Nuestra Señora. Como tuvo sola a Jesus y ese Jesus vive en
muchos de nosotros, se ha hecho bendita entre todas las mujeres, pues ninguna ha tenido un hijo tan famoso y tan querido y que viva tantísimo tiempo. Y se lo decimos a lo largo de los siglos. Y por eso se hicieron templos y lugares de recuerdo. Y uno de ellos, precioso, signo del poder de reyes y de ricos, lugar de dominio también sobre cerebros y conciencias, concentración de bellezas y colores del sol atravesando rosetones, sitio de hablar de penas y callar afanes, de llorar a solas y esperar asombros que a veces llegan y casi nunca asoman, de cantar en alto para ahuyentar al Fhürer y a los otros malvados que tienen tropas, guillotinas, dineros y
quieren más de todo, se ha quemado.
13. Se ha quemado un lugar de belleza, de luz, de silencio, de historia, de
arte, de mentiras y duelos, de poderes ocultos cuando no simulados.

14. ¿Pero Nuestra Señora?. Nuestra Señora no puede arder. La mujer cuya
vida, se cuenta a retazos en los evangelios, no puede arder. Es
incombustible como su hijo. Es poesía pura de siglo en siglo transmitida y
cantada. La poesía no arde, hace arder.

Alberto Revuelta

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