Opinión del editor

Cuesta creer que un juez en una sala de Justicia y revestido aún con los atributos rituales de su función, y en presencia de funcionarios que forman parte de la misma , pueda injuriar y despreciar a una justiciable, una ciudadana poseedora de parte de la soberanía nacional que ha delegado en ese juez uno de los pilares de esa soberanía. Tal juez, más allá de responsabilidades disciplinarias que le sean exigibles, es indigno de juzgar a ningún ciudadano. Los desprecia. Quienes actuamos a diario en los tribunales padecemos con no  poca frecuencia la soberbia de algunas personas que ganaron una oposición memorística y se han asentado como  señores (y señoras) de horca y cuchillo en estrados, en estado de enfado permanente, de prepotencia grosera ejercida y de mala educación fehaciente. Eso es lo que refleja el juez que se ha apartado de la causa. Eso es lo grave.

Alberto Revuelta
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