Opinión del editor

Paolo Dall’Oglio, un italiano, jesuita, que vivía de un monasterio perdido en
Siria, orando, trabajando e intentando convivir con musulmanes, drusos y
cristianos de la comarca, cumpliría estos días 64 años.
Hace 6 años se metió en la boca del lobo, yendo a Raqqa a intentar charlar
con Abdul Rahman al Faisal Abu Faisal, emir del Califato Islamico. Fue
voluntariamente, parece, sabiendo que entraba en un nido de serpientes,
para hacerle ver que sólo la vecindad, la buena vecindad entre musulmanes
y cristianos, como venía existiendo por cientos años, permitiría que Siria
continuara siendo lugar de convivencia y de vida.
Desde entonces no se sabe nada de él. Un amigo huido a Turquía trajo un
bolso con algunas pertenencias que a través del consulado en Paris, llegó
su valija a la embajada italiana y luego a su familia en Roma.

Alberto Revuelta
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