OPINIÓN DEL EDITOR

Unos flagelantes surgidos en el ministerio del tiempo desde el siglo XIII han aparecido en los escaños, pasillos, salas y despachos del Congreso de los Diputados en el antiguo monasterio jerónimino que alberga hoy a quienes presuntamente dirigen los destinos patrios. Airadas sus faces, flamígeas sus miradas, enardecidos sus verbos, firmes sus pasos guerreros, permanentes novios de la muerte, anuncian por doquier la catástrofe a que lleva a la Patria inmortal este gobierno que mata españoles, encierra en las UCI a sus enemigos políticos y solo permite dar el alta a quienes se apuntan al PSOE o a Podemos. Ese y no otro será el pasaporte que permita deambular por las tierras hispanas con garantías de no ser contagiado.

Estos azotadores de otros, que en eso no se parecen a sus padres en la flagelación, atribuyen sin medida cuantas desgracias se ciernen a causa de un virus importado de una república comunista y que, según Trump su ídolo adorado, cual becerro de oro, fundido por Aaron, se fabricó por fausticos doctores mefistotélicos en un un laboratorio del gobierno comunista disfrazado de Fumanchú, a un tal don Pedro I el Engañador que trasmuta cuanto toca o dice en una falacia progresiva, pues hasta los cadáveres oculta en su merlinesca torre monclovita.

La señora Ayuso, relativamente emparentada con uno de los flagelantes más estólidos de la procesión, ha reconocido hoy que el terrible número  los muertos por coronavirus en su reino habidos ascendían a 11.852,y que habían ocultado al gobierno de don Pedro I el Engañador 4.275, en las listas facilitadas por su tal reino al Reino. Así que estamos ante una obra de Tirso de Molina que se estrenará, cuando se alce el confinamiento, en el teatro Español de la Plaza del Príncipe. Título: EL MENTIROSO ENGAÑADO.El verdadero autor de la obra no es otro que el flagelante jefe de los flagelantes que flagelan a otros porque se han dedicado siempre a flagelar engañando. Que se lo pregunten a los iraquìes y a los madrileños que sufrieron los atentados del 11M. Uno de los príncipes de las tinieblas, uno de los padres de la mentira. Alberto Revuelta.

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