Opinión del editor

Hoy ha recibido sepultura el obispo emérito de Guipúzcoa, José María Setien. Acosado, insultado, zaherido por toda laya de enemigos y adversarios, por sus posicionamientos durante veintisiete
años de obispo en territorio machacado por la violencia etarra. Tomo de una columna de Javier Enzo en Atrio estas palabras que hago mias: “Aprendí mucho de él, entre otras cosas, que nunca
hay que contestar, ni a los insultos ni a los anónimos. Pero me quedo con su incesante búsqueda intelectual de la verdad. Setién era implacable en el razonamiento intelectual y no se casaba con nada (ni con nadie) con lo que no estuviera de acuerdo. Pero, y me repito con gusto, me quedo aún más con su bondad que su gran timidez impedía que se hiciera notar”.

Alberto Revuelta
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