OPINIÓN DEL EDITOR DEL 07/11/2020

Los profesionales de los oficios religiosos, cuyas economías dependen de tales ritos y propiedades para mantenerse, han desarrollado un culto a sus superiores profesionales desde obispos al papado rayano en la estulticia idolatría. Así ha ocurrido con el cardenal arzobispo de Madrid que fue aupado a las nubes del olor de oveja cual otro Bergoglio pero cántabro el de aquí. Aclamado por la prensa confesional católica como el hombre de Francisco en España para llevar a todos a la salida de la iglesia en salida perfumada con estiércol de oveja. Bien pues el tal cardenal es estos días protagonista, por activa actuación, o por mala elección de sus funcionarios laicos y eclesiásticos en materia económica, de un pelotazo inmobiliario en Madrid que ronda los 150 millones de euros y ha decido expulsar de sus viviendas alquiladas a varias decenas de familias y pretende hacer lo mismo con 140 ancianos de una residencia de su propiedad y una parroquia. Pues qué bien. La revista Religión  digital que publicitó al actual jefe de tales profesionales haciendo de él un nuevo poverello serafico, no ha dicho ni mu de la trapallada. Derecho a la información que tienen los creyentes católicos de la capital del Reino.

Alberto Revuelta

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