Opinión del editor del 21/03/2020

Nunca sabrás de qué peor suerte, te ha librado tu mala suerte. No es mia la frase, es de Cormac McCarthy, pero nos viene como anillo al dedo en estos días de obligado encierro. Me parece que merece recordar el remolino de hierro líquido que en el escondite más hondo de la tierra, genera el campo magnético protector de nuestro planeta. Invisible como el corona virus, pero vital. Protege a la Tierra del viento solar y de los rayos cósmicos del sol. Ese escudo magnético nos dice algo sobre la formación de un planeta habitable, cuyos materiales más antiguos conocidos hasta ahora, el circon de dos décimas de milímetro conteniendo partículas magnéticas aún más pequeñas constituye o se aloja o forma el núcleo interno de 565 millones de años. Al campo magnético de la tierra le calculan 4.200 millones de años. Reflexionar, por ejemplo, sobre esos datos contribuye a sobrellevar mejor el paron obligatorio que ha producido la pandemia al caer en la cuenta de lo que lleva girando el mundo sin coronavirus y sin nosotros. ¿Y?, pues qué hay que recurrir urgentemente a Nietzsche, patrono laico y civil de indagadores, quien nos advirtió su experiencia: Desde que me cansé de buscar, he aprendido a encontrar. Desde que un viento se me opuso, navego con todos los vientos. Así estos días.

Alberto Revuelta

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