Opinión del editor del 30/04/2019

Marcando distancias con sus pasados años de actividades criminales y violentas , alrededor de 1.700 jóvenes pandilleros de la Mara Salvatrucha, están aprendiendo oficios y nuevos tipos de trabajo en la prisión de Chalatelango, en el norte de El Salvador. El tiempo, proyectos, energías y medios que tanto las autoridades civiles, como las organizaciones humanitarias y las confesiones religiosas y de modo esforzado e intenso la Iglesia católica salvadoreña están dando resultados. Tanto el crimen como la violencia pueden ser combatidos. La oferta de salidas profesionales para los pandilleros se muestra esencial en ese combate.

Alberto Revuelta

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