Opinión del editor del día 02/01/2019

Hoy esa opinión se hace eco de resúmenes de agencia y de otros medios, especialmente
PUBLICO
El Vaticano ha escondido desde 1943 documentos que recogían información sobre la
pederastia del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. Lo ha reconocido
ahora, 63 años después, el prefecto de la Congregación para los Instituros de Vida
Consagrada, el cardenal João Braz de Aviz, quien en unas declaraciones a la revista
católica Vida Nueva, y que recoge El País, ha afirmado que quien mantuvo ocultos estos
archivos “era una mafia” y que “no era la Iglesia”.
Maciel falleció en 2008. Dos años antes de morir fue castigado por el Papa emérito
Benedicto XVI después de que se llevara a cabo una investigación que concluyó que el
fundador de los Legionarios abusó sexualmente durante años de seminaristas y
sacerdotes de la propia orden. Su pena fue la renuncia “a todo ministerio público” y a que
llevara “una vida discreta de penitencia” en México. Pero no fue sometido a proceso
canónico por su avanzada edad y su salud frágil después de que una comisión de
investigación desvelara sus actividades sexuales. No fue hasta 2010 cuando Benedicto
XVI reconoció que el caso de los abusos sexuales que cometió durante décadas el
sacerdote fue “encubierto” y se afrontó con “lentitud y mucho retraso”.
En numerosas ocasiones la Iglesia prefirió mirar hacia otro lado ante los actos
delictivos del que fue fundador de de los Legionarios de Cristo y las denuncias de víctimas
y de mujeres a las que dejó embarazadas. Fue expulsado de la Universidad Pontificia de
Comillas, donde estudió, pero los jesuitas no tomaron medidas adicionales. Entonces fue
investigado por el Vaticano, suspendido como superior general y expulsado de Roma.
Aunque durante ese tiempo no se resolvió ningún caso y salió inmune. Incluso en 1999
Josep Ratzinger, hoy Papa emérito y por entonces amigo del pedófilo, recibió evidencias
de los actos del religioso.
Una de las víctimas fue Félix Alarcón, exdirigente legionario en varios países denunció en
1988, cuando Ratzinger estaba de cardenal. “Se pasaban esta terrible patata caliente
unos a otros, sin tomar ninguna medida”, sostuvo en declaraciones a El País. Además,
explicó que El Vaticano recibió 240 documentos que evidenciaban que la situación se
conocía mucho antes de que lo reconociera.

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