OTRO ENEMIGO DE ESPAÑA

Oigo a periodistas y políticos, leo a columnistas y comunicadores
hórreos de saberes y argumentos, lamentarse de los fallos y las
consecuencias de las dos recientes sentencias del Tribunal de
Derechos Humanos con sede en Estrasburgo. Una de ellas
determina que hubo malos tratos a dos etarras mientras estuvieron
bajo custodia de guardias civiles. Y obliga al Estado a compensarles
económicamente. La otra, recientísima, estima que no es punible
quemar fotos del rey español ya que tal acto está amparado por el
derecho de opinión libremente expresada y que no es
proporcionada la condena penal a prision a los autores de la
quema.
Los desprecios de ignorantes al TEDH van parejos a los rebuznos
por la desconsideración al sistema democrático español por parte
de los magistrados que forman sala y dictaron aquellas sentencias,
entre ellos un compatriota de los rebuznantes designado por el
gobierno democráticamente elegido.
He actuado como letrado en varias ocasiones en el TEHD y he
perdido causas y he ganado en otras (he perdido muchas más que
ganado, en aras de la verdad). En todas ellas las razonadas y
jurídicamente fundadas resoluciones me han hecho cavilar y,
disconforme en ocasiones y sostenido en otras, siempre he
considerado que el sistema de discusión, conciliación de pareces y
votos de los magistrados garantiza solidas y consistentes
sentencias.
Ocurre que la interpretación de los derechos humanos plasmados
en la Convención de 1951 que es la que interpreta la Gran Sala de
Estrasburgo, no coincide con lo que en los distintos países que se
someten al tribunal se tiene por jurisprudencialmente acertado. Por
eso existe el TEDH. Someterse a su competencia es obligado para
formar parte del Consejo de Europa y de la Unión Europea. Por
tanto para estar como miembro en el más exclusivo club
democrático del mundo.
Claro que se puede discrepar de las sentencias del TEDH. Como de
las de cualquier tribunal o juzgado. Con argumentos, no con
rebuznos ideológicos o amparados en la roja y gualda o en las rojas
solas, o en las moradas rampantes. Considerar herida a España por la sentencia que ofrece criterios para regular la Libertad de
expresión entre los cuales está desdivinizar el Poder, y a quienes lo
ejercen, además de inane por ineficaz, solo refuerza estructuras
medievales de corte absolutista.
Permítaseme una libre llamada a la cordura judicial y política:
Estrasburgo no tiene el mismo criterio sobre la prision provisional
que el que sostiene la jurisprudencia de los tribunales españoles.
Los magistrados que dictan autos de prision provisional deberían
tener muy presentes esas diferencias. No vayamos a encontrarnos
a los señores Junqueras, Forn, Sanchez (bis) y otros en el
martirologio político europeo (porque en el de los partidarios del
independentismo catalán ya están) como se encuentran ya entre
numerosos académicos y letrados españoles que consideramos un
dislate el que esos caballeros permanezcan en prision provisional.
Alberto Revuelta

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