Angeles Caballero en El Confidencial : La brecha digital hace cola en la Seguridad Social: «No tengo ordenador en casa»

Crescencia es madre soltera. Tiene una niña de cuatro años y medio y esta mañana de jueves lleva un sombrero de flores y una carpeta de plástico azul en la mano llena de papeles. Después de 14 años trabajando como empleada del hogar con contrato, la pandemia la ha dejado sin ingresos. “He venido para informarme de lo de… esto… la ayuda del Gobierno”, dice resignada y con cierto pudor. Hoy, que reabrieron las oficinas de la Seguridad Social, cerradas por culpa de la pandemia, no ha tenido mucho éxito en la situada en la calle del Amor Hermoso, en el madrileño barrio de Usera.

Por ayudarla con la documentación relativa al ingreso mínimo vital, dice, un abogado quería cobrarle 300 euros. “Cómo voy a pagar eso”, protesta mientras otra compañera, boliviana como ella, la anima a marcharse. “A ver si en el locutorio me pueden ayudar, a imprimir… No sé, o a lo que sea, porque no tengo ordenador en casa”, comenta.

Las súplicas a las dos vigilantes de seguridad de la puerta, convertidas a su pesar en estrictas porteras de discoteca, surten escaso efecto. Los carteles en la puerta y sus explicaciones tienen la misma música. Sin cita previa, no pasas. Sea cual sea el trámite que vayas a

No son ni las 9:30 de la mañana y el termómetro marca 32 grados centígrados. Juraría que alguna estadística revela que en verano se producen más homicidios porque el calor lo altera todo y elimina la contención. Quizá por eso la decena de personas que aguardan la cola empiezan a perder la paciencia. Quizá sean los efectos del confinamiento.

Una treintañera empieza a elevar la voz. Hace amago de quitarse la mascarilla. Tiene un aire a Bea la Legionaria, uno de los personajes de ‘Gran Hermano’. Además del parecido físico, también tiene sus maneras. “Me voy a trabajar en un mes al extranjero y necesito la tarjeta sanitaria. Joder, esto es una vergüenza. No quiero hablar más por teléfono con una máquina”, dice en voz muy alta, en busca de público.

Joder, esto es una vergüenza. No quiero hablar más por teléfono con una máquina

Ante el silencio del respetable, lo repite un par de veces más. La vigilante de seguridad, que sabe más de comportamiento humano que un psicólogo, toma medidas preventivas y le da un folleto. “Aquí tienes todo lo que tienes que hacer, anda”, le dice.

Lejos de calmarla, provoca el efecto contrario. “Pero vamos a ver, que a este número he llamado miles de veces y no consigo hablar con nadie. La puta máquina, y el internet… Estoy hasta los cojones. Y si me pongo mala fuera, ¿qué?”, grita.

Detrás de ella aguarda paciente un hombre de pelo corto por delante y larguísimo por detrás, que rompe su silencio. “Ya te digo yo lo que hay que hacer aquí. Pegarle un tiro en la cabeza a todo el mundo. Ni Parlamento ni hostias. Un tiro a todos, desde el primero del Gobierno al último de los oficinistas que están ahí dentro, tocándose los huevos, pero bien que cobran. Y tú no me dejarás entrar, pero lo que no me puedes impedir es gritar. Y quiero gritar muy alto que este es un país de mierda y dictatorial. Hijos de la gran puta.

Tras su intervención, nos recuerda a los presentes que lo ha dicho todo con muchísimo respeto. Los dos se marchan, jurando en no se sabe qué lengua muerta.

Mientras, en la puerta, las vigilantes hacen lo que pueden con las explicaciones.

• “Hoy en día se puede hacer todo por internet”.

• “Las citas de mañana ya están cogidas”.

• “Aquí no ha venido nadie para lo del ingreso mínimo vital porque aquí no es”.

• “Cuando hables español, te atiendo”.

Las respuestas son eficaces como, se supone, la gota de Fairy en la paellera llena de grasa. En menos de 10 minutos, ya nadie espera para entrar.

Apenas unos kilómetros más al norte, en la oficina de la calle Cáceres, en Arganzuela, Mirna comprueba con resignación el cartel en el que se lee que está prohibido el paso sin cita previa. Va con su hija de cinco años. “Joder, pero qué es esto. Si yo lo que quiero es pedir cita, en la web es un lío. ¿Y el teléfono?, ¿lo cogerán?”, se dice a sí misma. Pero ni siquiera entra a preguntar.

Resti es filipino y no sabe nada del ingreso mínimo vital. Está sentado en el número 2 de la calle Maldonado, esquina Serrano, en otra oficina de la Seguridad Social. Su padre falleció hace dos semanas y quiere notificarlo para que no le sigan pagando la pensión. Pero el lema en el barrio de Salamanca es el mismo que en Usera: sin cita no pasas. Lee la fotocopia con las instrucciones para conseguirlo. Su cara de hastío lo dice todo.

A media mañana, esperan seis ancianos para ser atendidos. Las puertas de la entrada a la oficina son de cristal, pero decenas de carteles pegados en ellas impiden saber lo que ocurre dentro.

Mi mujer tiene alzhéimer y la señora que tengo en casa para cuidarla está de baja. ¿A quién le tengo que entregar los papeles?

“Mi mujer tiene alzhéimer y la señora que tengo en casa para cuidarla está de baja. ¿A quién le tengo yo que entregar los papeles?”, pregunta uno de ellos. “En el cartel pone que hay que pedir cita por internet”, le contesta otro, que necesita una fe de vida “para mandarla fuera de España, aunque no sé si eso es aquí”. “Para eso vete a un juzgado”, afirma otro. El primero resuelve: “¿Por ordenador? Yo no tengo edad para internet”.

Aparece de repente un pimpante cuarentón en bermudas dispuesto a entrar. El cónclave de jubilados le para los pies. “Solo se puede con cita”, le espetan. “Ya —responde el aludido—, si la tengo ahora, a y media. La pedí anoche”.

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OPINIÓN DEL EDITOR DEL 25/05/2020

Hoy es el último día del plazo de presentación de la declaración del IRPF para una modalidad del pago. La Agencia Tributaria está dotada por el Erario, que ella misma controla y administra, de un formidable sistema informático que le permite detectar cuánto percibe de mordida un aguador de los narcos en la playa de La Atunara para enviarle una complementaria si no declara. Mientras la Administración de Justicia que es garante de los derechos de los ciudadanos, que pagan el ERARIO, es incapaz de organizar un sistema informático similar. No digamos ya los servicios sociales para los más desamparados y abatidos cuya ignorancia informática es similar a la prepotencia de los funcionarios de la Agencia Tributaria. Ahora, con un gobierno social comunista y de las JONS como dicen el señor Abascal y la marquesa de Casado y Egea, quiero ver si el presidente Sanchez, el señor Iglesias y la verborreica señora Montero tienen arrestos y entrañas para poner la Administración de Justicia y los Servicios Sociales a la altura y eficacia de los que el señor Montoro instrumentó en la Agencia Tributaria. Entre “o” y “e”, vamos a ver qué vocal es vencedora. Alberto Revuelta

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OPINIÓN DEL EDITOR DEL 23/06/2020

El actual monarca español, dispondrá este año de 161.034 euros para el fondo de contingencia del presupuesto de la Casa Real. Para hacer frente a necesidades inapelables de carácter no discrecional para las que no se haya hecho la adecuada dotación de crédito. Esos 161.034 euros corresponden a la cantidad que don Juan Carlos de Borbón y Borbón dejará de percibir de ese presupuesto por decisión de su hijo, en castigo, se supone, por lo mal que se ha portado en Arabia Saudí jugando con los trenes en el desierto. De todos modos lo logico hubiera sido que suspendido el pago al desaparecer el sujeto perceptor, todavia vivo, pero no necesitado por decisión filial de tal cantidad, esta se devolviera a Hacienda para emplearla en prestaciones a familias que hacen cola para que les den bolsas de comida. Pro el monarca necesita inapelablemente dinero para cosas no discrecionales. ¡Y nosotros venga a dar euritos al fondo de contingencia no discrecional!.

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OPINIÓN DEL EDITOR DEL 22/06/2020

El verano comenzó ayer a las 23h. 44m. que fue cuando el Sol alcanzó su máxima declinación norte establecida en 23º 26´14″. Esta es la altura máxima a la que llega el Sol en su recorrido aparente por la eclíptica alrededor de la Tierra, estableciendo el solsticio de verano. En ese valor, 23º 26´14″ de latitud  Norte está establecido el Trópico de Cáncer, un paralelo de 36.768 km. que pasa por Hawai,Méjico, Sahara Occidental, Mauritania, Mali, Argelia, Níger, Libia, Chad, Egipto, Arabia Saudita, E.A.U., Omán, India, Bangladés, Birmania, China y Bahamas. Todos los habitantes de esos países que vivan en esa latitud, hoy a las 12 horas, hora civil del lugar, tendrán el Sol encima de sus cabezas y no proyectarán sombra sobre la Tierra. El texto en cursiva no es mío, se lo copio al capitán de marina mercante, y muy querido Emilio Fernandez Sánchez, a quien agradezco el pie para aterrizar tras esta largo y proceloso navegar tratando de contar parte de lo que nos ha ocurrido sin caer en lo que ya dicen otros, a veces sin sustancia alguna. Mounier, francés, filosofo, iniciador de caminos personalistas en su materia nos avisaba del «realismo como extremismo». Y Juan de la Cruz, el medio fraile de Teresa de Cepeda y Ahumada, dejó una brújula infalible en todos los tiempos y para todo hombre que sea en extremo realista : «Para ir a donde no sabes, has de ir por donde no sabes». Dejamos legalmente el estado de alarma, pero estamos alarmados y el que no lo está es lerdo de condición y estropeará su vida y la de otros, a poco que se descuide. Nos dicen los comunicadores, los políticos y hasta algunos científicos que entramos en la nueva normalidad. La normalidad se produce por la norma que hace normal lo anormal. Lo anormal es la expansión de un virus normal, hay millones en el magma de la realidad, que nos ha sorprendido en la confiada normalidad de que somos infalibles e inefables. A lo que volvemos es al «hasta mañana si Dios quiere» , sea ese dios un miembro del Olimpo, uno de los del Imperio Romano, el Dios de los cristianos, de los judios o de los musulmanes, o ninguna divinidad, sino el azar, la casualidad, las leyes desconocidas, la oscura aparición de los monstruos que asedian la vida. Lo que es normal es que nosotros hemos cobrado conciencia cierta de que no hay norma que sirva para afrontar los virus con normalidad. Los miles de compatriotas muertos en las UCIs del mejor sistema sanitario del mundo, los miles de ancianos acogidos, pagando, a las empresas y organizaciones que gestionan o poseen residencias, que habrá que volver a llamar asilos tal como nos han contado lo ocurrido en muchísimos de ellos, nos están diciendo que la normalidad es la realidad extrema del principio de indeterminación. El Roto lo escribió para nosotros en 2011: El inconveniente de esta edad de oro de la comunicación y de la información es que no hay medio de saber lo que sucede. Y José Yoldi en El País del 6 de junio de ese mismo año 2011, citaba a Nietzsche: Hay almas esclavizadas que agradecen tanto los favores recibidos que se estrangulan con la cuerda de la gratitud. Somos ciudadanos, somos los soberanos de este Estado, seamos ciudadanos soberanos y exijamos que nuestros representante nos respeten y se respeten. Sin estado de alarma. Con la Ley. Alberto Revuelta

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Nuevos modelos para financiar una renta básica incondicional y universal

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OPINIÓN DEL EDITOR DEL 19/06/2020

Dentro de tres dias habrá decaido la vigencia del estado de alarma y los poderes acumulados en el gobierno central volverán a sus hexágonos de origen. Pese a sus evidentes deficiencias el reparto de del poder es un hecho en España, como en los restantes países de la UE. Alegrémonos de que ese reparto exista, pues ya hemos vivido otras etapas en las que ni de lejos existía no ya reparto, sino disimulo de que existiera. El Parlamento recuperara todas sus funciones y las distintas fuentes del poder autonómico se recompondrán tras el confinamiento y sus limites. Las reuniones de presidentes autonómicos con el que lo es del gobierno central han dado una imagen de respeto, libertad para opinar y hablar y tiempo para reflexionar. No debería perderse esa estructura. La realidad del pacto entre partidos como ha ocurrido en Castilla León, por encima de las divergencias de proyectos políticos es un ejemplo a seguir por los lideres nacionales de esos mismos partidos que ha escenificado en la Carrera de San Jerónimo uno de los espectáculos más chuscos de limites intelectuales y morales expuestos ante el pueblo español y protagonizados por quienes se autoconsideran lideres de la sociedad española. El presidente de la Comunidad castellano leonesa diciéndole a la marquesa de Casado y Egea que contenga su lengua, es un ejemplo de valor y de vigor moral. Si en las bancadas de quienes apoyaron la moción de censura ocurriera otro tanto se abriría una puerta a la sensatez en el Congreso.

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PORTADA DE EL JUEVES

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OPINIÓN DEL EDITOR DEL 17/06/2020

“Ni de Venus, ni de Marte: cada cerebro es único en esta tierra”. Afirma con rotundidad Gina Rippon, neurocientifica, profesora emérita de Neuroimagen cognitiva. El hombre negro agredido y vejado por 6 mozos de escuadra en un pueblo catalán utilizó su cerebro para intentar evitar que los seis cerebros policiales actuaran como actuaron. El agredido presentó hace un año denuncia contra los agentes en un juzgado. La consejería de Interior de la Generalitat ha esperado un año, cuando el asunto ha saltado a las redes, para que el comisario jefe de los mozos dirigiera una piadosa carta a los 17.000 policías del cuerpo y el consejero mandara a los seis agentes denunciados a otros destinos. La ciencia recuerda a quienes han protagonizado el incidente, a quienes lo hemos visto y oído y al público en general que en un 99% somos iguales genéticamente todos los seres humanos. Las diferencias fisiológicas lo son por cuestiones geográficas y de socialización. Todos los individuos homo sapiens somos originarios de Africa y nuestros ancestros migraron a través de milenios a todos los rincones del planeta. Los agentes de la policía de la Generalitat deben saber que son igual que el ciudadano negro al que vejaron y que  éste es igual en dignidad y en genética al el honorable señor Torra y a su consejero de Interior. Es hermoso hacer aprender estas verdades elementales tras los meses de confinamiento a los seis agentes policiales. Su comisario jefe, el señor consejero de Interior y el Govern lo habían ocultado durante un año. Hay qué convocar urgentemente una mesa de diálogo con…….los ciudadanos negros de Cataluña.

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OPINIÓN DEL EDITOR DEL 16/06/2020

Petros Márkaris es un escritor griego, creador del personaje Kostas Jaritos, comisario de la policia profesional griega. La serie de novelas que tienen al comisarios Jaritos como protagonista han ido abordando los problemas sociales, económicos y políticos de Grecia en los últimos diez o doce años. La que ha aparecido en castellano en abril de 2020 La hora de los hipócritas aborda la presencia y actividad de los tiburones empresariales, financieros, gurus, brokers, abogados de postín y abogados del Estado y jueces que pasan de la esfera pública a la privada con armas y bagages y los destrozos humanos y sociales que sus andanzas causan en el tejido de las sociedades donde se posicionan. El placer de leer a Márkaris que escribe limpia, ordenada y sencillamente, es compatible con la desazón de percibir que los hechos y desechos que cuenta son perfectamente trasladables a los otros países del sur de Europa, visiblemente al nuestro. En la página donde suele citar a algún avezado autor con cuya pluma sintetiza el fondo de la novela ha reproducido en ésta una de Bertolt Brecht, Epitafio para M, que reza: Escapé de los tiburones/y maté a los tigres/pero me devoraron las chinches. Estos días alegres por la salida, aparente al menos, de los rigores de la pandemia, con el riesgo de olvidar rápidamente las penas de los contagiados y los dolores y las desapariciones de los muertos, no estaría de más dedicar unas horas a leer lo que cuenta Márkaris sobre el Ejercito Nacional de los Idiotas. En Grecia, desde luego. La edita en su coleccion andanzas TUSQUETS.
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JAVIER MELERO EN LA VANGUARDIA DE HOY

La Guardia Civil es una de las instituciones mejor valoradas del país (sin perjuicio de relevantes caídas de su popularidad en Catalunya y el País Vasco), y la conducta de sus efectivos suele ser abnegada y encomiable. Por supuesto, la de aquellos que se comportan correctamente y con arreglo a la ley; de los otros suelen ocuparse, como de todo el mundo, los tribunales. Reconocer los méritos de la Guardia Civil y defenderla –que es lo que me propongo– no quiere decir que haya que adularla sin motivo, o considerarla, vayan ustedes a saber por qué, guardiana de las esencias de una determinada concepción del Estado. No sé si todavía figura la leyenda “Todo por la patria” en la puerta de sus modestos cuarteles, pero, aunque así fuera, eso no bastaría para dejarla acríticamente al margen de cualquier escrutinio.

El 1 de octubre del 2017, la Guardia Civil participó de manera relevante en el absurdo desaguisado que se produjo en Catalunya, y las instrucciones de sus superiores (instrucciones que, recuerden, nadie reconoció finalmente haber dado) condujeron a sus hombres a una situación imposible. La de intentar reprimir por la fuerza a dos millones de ciudadanos –que llevaban a cabo una actividad que el propio TS concluyó que no era delictiva–, sin efectivos para hacerlo de manera proporcional y adecuada y generando una corriente de animosidad en parte de la ciudadanía de la cual aún son detectables los efectos.

El coronel se ha limitado a hacer en el caso del 8-M lo que siempre ha venido haciendo con gran éxito

Rodrigo Jimenez / EFE
Rodrigo Jimenez / EFE (EFE)

Los honorables agentes de la Guardia Civil, bregados en la vigilancia y la protección, el rescate de montaña, el salvamento marítimo, las grandes operaciones contra el crimen organizado y la participación en misiones humanitarias en zonas de conflicto, estuvieron aquellos días comandados por auténticos merluzos, y fueron después abandonados a los pies de los caballos. En tiempos funestos, en los que cualquier prudencia era poca, el sesgo imprimido por la jefatura a su actuación ofreció a un número no despreciable de (por lo menos) catalanes la imagen de una intolerable toma de posición ideológica.

Los informes de la Guardia Civil en los procedimientos del procés evidenciaban una profunda desconfianza en la organización autonómica, una presunción general de criminalidad en las conductas y palabras de los políticos independentistas y sus seguidores, y una dependencia francamente estrafalaria de las noticias publicadas en
los medios de comunicación más reaccionarios del país.

Por si esto fuera poco, no hubo ninguna autoridad ni de la propia Guardia Civil ni judicial con energía suficiente como para depurar lo que en sus informes se contenía de pura opinión, de valoraciones impropias de un funcionario imparcial. Es un problema cada día más acuciante: necesitamos confiar en la policía porque depositamos en sus manos unos poderes extraordinarios que acaban redundando en la afectación del más elemental de los derechos: la libertad. Quienes pueden ­detenernos deben carecer de cualquier prejuicio ideológico y, además, esto debe resultar claro (incluso estéticamente). Y los jueces no pueden comportarse a la manera de un microondas, recalentando los informes policiales y dándoles la forma de una sentencia, para cercenar mediante ese sencillo expediente la presunción de inocencia de los acusados.

Pérez de los Cobos fue una pieza fun­damental en la represión delprocés , pero negó haber transmitido cualquier orden a sus hombres. Aunque se describió como alguien con menos competencias que el bedel de un ministerio, resultó el auténtico cerebro de la organización de la actuación policial en Catalunya. Bastaba ver a los políticos que declararon en el TS para concluir que eran incapaces de organizar ni el bingo de la parroquia. No se lo proponía, pero puso en manos del independentismo poderosos argumentos emotivos, de gran eficacia para sus pretensiones y sembró la semilla para los desmanes de octubre del 19 en Barcelona. Y lo peor: contribuyó de manera notable a que los catalanes aún alejados del independentismo padeciéramos una intensa sensación de vergüenza propia y ajena. Si estos eran los únicos servicios que se podían prestar al relanzamiento de un proyecto común e ilusionante para todos los españoles, casi hubiera valido más que continuaran fiándolo todo a los méritos del ministro Fernández y del comisario Villarejo.

Ahora, el ministro Marlaska, con una elegancia y un respeto a las formas institucionales propios del Torrente de la segunda película, ha cesado a Pérez de los Cobos por haberle –dice– perdido la confianza. Ese cese constituye una profunda injusticia contra la que el coronel debe sin duda rebelarse. Pérez de los Cobos se ha limitado a hacer en el caso del 8-M lo que siempre ha venido haciendo con gran éxito. Permitir que determinadas unidades especiales de la Guardia Civil, apoyadas en las muletas mediáticas de costumbre, proyecten, aunque en este caso sobre el Gobierno de España (de ahí la diferencia con los sucesos de Catalunya), una presunción de culpabilidad altamente ideologizada. Pérez de los Cobos no debía informar al ministro, y ahí el ministro ha metido la pata, pero hubiera servido mejor a la Guardia Civil y a su país si hubiera analizado con rigor el sesgo de los atestados. El hombre debe de estar atónito e indignado. Y tiene toda la razón.

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