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MANIFIESTO POR LA HISTORIA Y LA LIBERTAD

Un numeroso grupo de personas de distintas ideologías y posiciones políticas y religiosas nos hace llegar este manifiesto que acogemos en nuestra web pues los estatutos de nuestro comité nos lo permiten obligadamente.

 

No se puede imponer por una ley un único relato de la historia, ya que
ninguna ley debe o puede variar los hechos históricos. No se debe borrar por
una ley la cultura, el sentimiento ni la memoria de un pueblo, y menos aún
por razones ideológicas. Ninguna razón moral, ni derecho subyacente, puede
primar sobre la analítica verdad de los hechos en las circunstancias del
tiempo y lugar en que estos se produjeron. La interpretación de unos hechos, cualquiera que estos sean, no puede ceder a ninguna manipulación política partidista. Legislar sobre la historia o contra la historia es, simplemente, un signo de totalitarismo. Y es antidemocrático y liberticida.
Sin embargo, en España viene perpetrándose un inadmisible y flagrante “historicidio” desde la aprobación de la mal llamada Ley de Memoria Histórica de diciembre de 2007.
Pese a ello, el Partido Socialista pretende ahora, en una vuelta de tuerca más, que se apruebe una nueva y espuria “Ley de Memoria Histórica”, con la intención de ilegalizar cualquier asociación o fundación que sostenga puntos de vista diversos y plurales sobre los hechos acaecidos en el último siglo de la Historia Contemporánea de España.

Con la implantación de una “Comisión de la Verdad”, amenaza con penas de
cárcel, inhabilitación para la docencia y elevadas multas a quienes
mantengan opiniones divergentes a la ‘verdad única’, la destrucción quema
de las obras o estudios declarados no ‘gratos’, y la expropiación, destrucción
o transformación de una parte del patrimonio histórico-artístico de la etapa
más reciente de España.
Tal proposición de ley ataca directamente los fundamentos de la Constitución y los valores superiores que su ordenamiento jurídico consagra: la libertad (de opinión, expresión, investigación y cátedra); la justicia (solo atribuible a jueces y tribunales); la igualdad (que impide la discriminación por sexo, raza, religión, ideología, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social); y el pluralismo político (ejercido como actividad libre dentro del respeto a la Constitución). Dicha proposición de ley, de resultar aprobada, chocaría frontalmente con la Constitución en su redacción y espíritu.
El proyecto vulnera el principio de la verdad documentada de la historia,
como demuestra el mero hecho de que esa única versión quiera imponerse
por la fuerza del Estado, al ser incapaz de sostenerse en un debate de
investigación, serio, libre e independiente. Su capcioso velo jurídico,
invocando a modo de pantalla la dignidad de las víctimas de solamente una parte o equiparando el franquismo con diversos regímenes totalitarios, son
solo el envoltorio sentimental y manipulador de una ofensiva contra la
libertad de los españoles, contra la democracia y contra la verdad histórica.
Estamos ante una ley de tipo soviético que no debería ser propuesta por
ningún partido, ni individuo, que respete la convivencia democrática en paz y
en libertad, que solo sirve para reabrir viejas heridas que todos creíamos ya
cicatrizadas y que, desde luego, nunca debería ser aprobada en una nación
como España.
Resultaría dramático para la convivencia de los españoles que ochenta años
después del final de la Guerra Civil, y de haber transcurrido más de cuarenta
tras la extinción del franquismo, se intente anular la libertad de pensamiento
de los españoles, y reinstalar en la sociedad los mismos odios que
condujeron a aquellos calamitosos acontecimientos.
Esta propuesta de ley debe ser rechazada con firmeza por toda la sociedad,
pues España no puede permitirse una involución hacia regímenes del tipo
implícito en la misma. La experiencia histórica no debe pasar en balde, y de
ella debemos aprender.
Los hechos históricos son hechos históricos, y los estudios e investigaciones
de los mismos deben producirse en total y plena libertad para el debate y la
confrontación abierta de las ideas, pero jamás bajo la mordaza y el castigo
penal de un estado democrático.
Y ello principalmente, porque ningún parlamento democrático ni puede ni
debe legislar sobre la Historia, pues de hacerlo, criminalizaría la Historia,
estableciendo una checa de pensamiento único, al imponerse por la fuerza y
la violencia del Estado.

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La izquierda portuguesa traza su vía económica

El país luso, que hizo los ajustes más duros durante la crisis, da señales de haber hallado un camino para conjugar crecimiento y una progresiva recuperación del bienestar social

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¡Maldición! Cifuentes tampoco ha leído a Kant

Javier de Lucas Publicado en Info-libre

A estas alturas es una evidencia que el caso Cifuentes era también un caso URJC, y que podía extender su sombra sobre la universidad pública. Como todo el mundo sabe, tras la polémica en torno a la obtención por la señora Cifuentes de un título de máster por la URJC, ésta abrió una investigación, encomendada a la jefa de Inspección de Servicios de la URJC, Pilar Trinidad, profesora titular de Derecho Internacional. Pero la necesidad de reaccionar para evitar más sombras sobre la propia URJC y sobre las universidades públicas ha quedado acreditado por el hecho de que, por primera vez ante sucesos de este tipo, un rector (y nada menos que el presidente de la Conferencia de Rectores, el respetado historiador Roberto Fernández) hizo una declaración matizada, en la quedeslizó la sugerencia de que la URJC se había precipitado en el apoyo a la posición de la señora Cifuentes. Al poco, se produce el giro significativo: el propio rector de la URJC solicita de la CRUE un inspector externo y la respuesta afirmativa desde la CRUE es inmediata…

Mientras tanto, la principal interesada se niega a discutir públicamente las dudas que le afectan y ha lanzado el aviso de la presentación de dos querellas contra la periodista autora del reportaje en eldiario.es y contra su director, mientras alardea de su condición de víctima de campañas oscuras que serían la venganza contra su implacable voluntad de limpieza y transparencia en lo público. ¿Transparencia? ¿Puede hablar de transparencia quien se niega a responder y a proporcionar los datos más elementales requeridos por la investigación? ¿Por qué me vendrá a la cabeza aquello de Aguirre de que era ella quien había destapado la trama Gürtel?
¿Democracia sin control, sin transparencia
Sobre la dimensión política de este asunto se ha escrito y se escribirá aún, estoy seguro. Me limitaré a apuntar algo que sugería Máximo Pradera y que considero importante subrayar para denunciar una de las confusiones más habituales en la discusión. Una falacia argumentativa tan básica como comúnmente ignorada: la confusión entre presunción de inocencia, principio jurídico básico en el ámbito penal y administrativo, y la exigencia de respeto a la “presunción de inocencia” en política, que no sólo no es un derecho, sino es un grave error. Como recuerda Max Pradera, pedir presunción de inocencia en política destruye el principio básico de la democracia, ejercer control continuo y no superficial. Porque la democracia se basa en la experiencia de que hay que sospechar de todo aquel que ejerce el poder y, por ello, la necesidad de someterlo a control. La democracia –lo explicó Aristóteles– no se basa en la pregunta ¿quién debe gobernar?sino en la pregunta ¿cómo se debe gobernar?, es decir, en la institucionalización de medios que permitan exigir responsabilidad a quien gobierna, lo que requiere poder controlarlo. Cuanto más, mejor. Por eso, en política se invierte la carga de la prueba: es el político quien debe demostrar que no ha actuado mal. Y por eso la tarea de la oposición en el Parlamento, y de los otros poderes (básicamente el judicial y el cuarto poder, los medios libres), es sobre todo actividad de control.

No hay democracia sin controles, que a su vez no pueden existir sin la publicidad, sin la transparencia, conforme al principio que dejara enunciado Kant y que es referencia obligada: “Son injustas todas las acciones que se refieren al derecho de otros hombres cuyos principios no soportan ser publicados“. En realidad, la exigencia de publicidad entronca con el leit motiv de la obra de Kant y los ilustrados, esto es, la defensa de la libertad de crítica como expresión de la razón. Es sabido que Kant insistía en la prioridad del “tribunal de la crítica” y todo el mundo (salvo la señora Cifuentes y alguno más, me temo) recuerda su dictamen recogido en la Crítica de la razón pura: “Todo ha de someterse a ella. Pero la religión y la legislación pretenden de ordinario escapar a la misma. La primera a causa de su santidad y la segunda a causa de su majestad. Sin embargo, al hacerlo, despiertan contra sí mismas sospechas justificadas y no pueden exigir un respeto sincero, respeto que la razón solo concede a lo que es capaz de resistir un examen publico y libre”. Esto es lo que parece olvidar la señora Cifuentes: sólo obtendrá respeto si se somete a ese examen. Quien se hurte a él podrá quizá seguir gobernando, pero sin poder a su vez exigirnos respeto. Y aquí cabe evocar aquello del cardenal de Retz, tantas veces mal atribuido a Lichtenberg: “Cuando los que gobiernan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”. Difícilmente podrá exigir la señora Cifuentes que le respeten los madrileños si ella actúa tan desvergonzadamente.

La Universidad y el tribunal de la libre crítica 

Recordado lo anterior, me interesa sobre todo una dimensión que la señora Cifuentes parece ignorar también y que, de ser así, evidenciaría ignorancia culpable, habida cuenta de su condición de funcionaria de la administración universitaria: si hay una comunidad que no puede existir sin máxima apertura y libertad de crítica, esa es la Universidad. Añadiré que, a mi juicio, una parte de los males de nuestras universidades resultan del estrechamiento de eso que es, que debe ser,  nuestro hábitat natural. Porque las finalidades de la Universidad –investigación, formación especializada a través de la docencia, difusión y transferencia del conocimiento– exigen la máxima publicidad, en el sentido de la mayor transparencia, de la máxima libertad de crítica.

Ante todo, porque lo mejor que tratamos de hacer en la Universidad lo hacemos para que pueda ser discutido y criticado.Ninguno de nosotros en la Universidad escribe artículos, libros, tesis de grado o doctorales para que queden enterrados y nadie los lea y discuta. Y si alguien acude al subterfugio de la protección de la privacidad es que no ha entendido dónde ni para qué está. Salvo que, obviamente, se trate de descubrimientos de tal importancia que hayan de ser protegidos hasta que quede garantizada su autoría. A mi juicio, no parece que fuera el caso, por ejemplo, de la tesis doctoral de Francisco Camps, que pretendió ser hurtada a la publicidad y que, cuando por fin se pudo conocer, no supuso (que yo sepa) ninguna revolución en los modelos electorales. Sinceramente, tampoco creo que sea el caso de ese Trabajo Fin de Máster de la señora Cifuentes, si es que aparece o cuando aparezca.

De paso, por supuesto, habrá que convenir en que este ideal que debería caracterizar a la comunidad universitaria es eso, un modelo, una idea-guía. Ergo los universitarios somos los primeros comprometidos por esa exigencia, lo que quiere decir que no cabe esconderse bajo el alegato gremial y negar que existen situaciones poco compatibles con el modelo. No: no todo funciona bien, ni todo es igual en las universidades públicas (y no les digo de las privadas). Hay que reconocer que no todos los estudiantes, los PAS, los profesores e investigadores y los equipos de gobierno, con sus rectores, están –estamos– a la altura de lo exigible y por eso la atención crítica debe ser constante para corregir y mejorar. Eso exige la máxima transparencia. Aunque conviene añadir, para quien no lo sepa, que los universitarios somos probablemente los profesionales más sometidos a evaluaciones y controles. Otra cosa es que el sistema de evaluación y control no sea, a su vez, manifiestamente mejorable. Pero habrá que decir a la opinión pública, por ejemplo, que los másteres y programas de doctorado deben pasar por la revisión de comisiones externas de evaluación y de las agencias de evaluación de las comunidades autónomas y de la estatal. Y reciben calificaciones, de las que depende no ya su prestigio, sino su supervivencia.

Si aún así se producen anomalías, como las que acabamos de conocer, es evidente que hay que trabajar más y con más transparencia en el control. Porque quizá estos comportamientos tan poco elogiables que hemos conocido sean sólo la punta del iceberg y sea mayor de lo que pensamos la presencia de malos usos derivados, por ejemplo, de ciertas puertas giratorias: me refiero a malas puertas giratorias entre la Universidad y centros de poder, los partidos políticos, las empresas, los bancos, los medios de comunicación. Insisto: malas puertas, porque el contacto y la transferencia entre la Universidad y esos ámbitos no sólo es conveniente, sino necesario. Pero bajo la máxima transparencia posible. Y hay que corregir asimismo –a mi juicio– ese riesgo de contaminación que significa la adopción prioritaria y cada vez más extendida de criterios economicistas en la Universidad. No digo que no nos importen la eficiencia ni la rentabilidad en la Universidad, pero –a mi juicio– la docencia, la investigación, la creación y difusión de conocimiento no deberían regirse sólo ni aun prioritariamente por ese rasero. Temo que la señora Cifuentes no comparta nada de lo dicho cuando, por ejemplo, emprende un modelo de regulación de las Universidades en su Comunidad como la ley que ha presentado. Los universitarios debemos reaccionar. Y llevar nuestras críticas ante el tribunal de la libre discusión por parte de todos los ciudadanos. Parece que el presidente de la CRUE se mueve en esa dirección. Yo sé que él sí ha leído a Kant.

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Javier de Lucas es catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política y director del Instituto de Derechos Humanos (IDH)

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NESSUN DORMA

Allá donde se encienda un cirio, y a su vera arda un fuego, allá donde la noche espesa se rompa en el silencio con cantos de esperanza, cantos viejos, rodados por miles de gargantas por siglos de milenios, de niños ya dormidos, de mujeres que lloran penas de opresiones sentidas y nunca confesadas, de mocetones recios que ansían gozar del vivir del mañana, de hombres que aprendieron que todo es nada, allá ¡nessun dorma!

Allá donde los presos de crímenes horrendos, de robos incruentos, de torturas sin cuento, allá donde los cuerpos sin libertad ni hazañas, sin ver el firmamento, sin esperanza cierta, con la pared por horizonte abierto, allá ¡nessun dorma!.

Allá donde un niño con el cancer por compañero de juegos pierda su vida, donde un gotero desgrane su rosario y una vía abra una puerta al amanecer, donde el silencio del miedo a la nada se aferra al silencio que nada tiene, allá ¡nessun dorma!.

Porque sólo tenemos un cirio y un fuego y muchas penas y muchos quereres rotos y mucha gente que no tenemos ya más que en el puro recuerdo y se nos parte el alma de tanto como sabemos que no es cierto. ¡Nessun dorma!.

Porque solo nos queda vigilar esa puerta, por si llama a deshora el que nos roba el alma. Por eso, con el cirio y el fuego ¡nessun dorma!

Alberto Revuelta.

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SÓLO UN MOVIMIENTO LAICO ES CAPAZ DE DAR NUEVA VIDA A LA IGLESIA CATÓLICA

La Cortina eclesiástica, una ‘historia de larga duración’
“Sólo un movimiento laico es capaz de dar nueva vida a la Iglesia católica”
Eduardo Hoornaert, 25 de marzo de 2018 a las 08:59
Constantino
Cuando una misma narrativa se repite por siglos por medio de los
mismos gestos, de las mismas palabras y de las mismas imágenes, la
mente humana olvida que esos gestos, esas palabras y esas imágenes
son creaciones históricas pasajeras
(Eduardo Hoornaert).- Escribo este texto para dar una modesta colaboración, como siempre de cuño histórico, al ‘Año del Laicado’, actualmente en curso en el seno de la Iglesia Católica.
Lo hago con placer, pues creció en mí, a lo largo de los años, la convicción que sólo un movimiento laico es capaz de dar nueva vida a la Iglesia católica. Parafraseando al conocido dictado ‘fuera de la iglesia no hay salvación’, yo diría que ‘fuera del lego no hay
salvación’. Ha llegado la hora de la autonomía de los movimientos laicos. El sociólogo
italiano Gramsci escribe que movimientos nuevos, cuando aparecen en una sociedad
establecida, suelen pasar por tres fases: la de la afirmación, del enfrentamiento con lo que existe y finalmente de la autonomía. El movimiento laico, dentro de la Iglesia católica, ya
tiene algunos siglos y pasó por dos fases: la de la autoafirmación de una conciencia
eclesial laica y la del enfrentamiento con el sistema clerical vigente (la fase del
anticlericalismo). Ahora, con las Comunidades Eclesiales de Base (en el sentido amplio
de ese término), entramos en una tercera fase, la de la autonomía.
Autonomía ante el sistema clerical. No se trata más de disputar espacio con el clero, sino
de caminar adelante y dejar el clero hacia atrás, ‘corriendo detrás del beneficio’. No se
trata tampoco de menospreciar, por un enraizado anticlericalismo, los trabajos, a veces
excelentes e incluso imprescindibles, de determinados sacerdotes, obispos y del propio
Papa. Se trata de conquistar la autonomía, lo que sólo será posible si los movimientos
laicos tienen claridad en sus objetivos y seguridad en afirmar, sin rodeos: ‘nosotros somos
iglesia’. Para ello, la toma de conciencia de la debilidad congénita del sistema clerical es
fundamental. Y precisamente en el sentido de una toma de conciencia de esa seguridad
que ofrezco aquí un subsidio que espero ser de alguna utilidad.
1. La debilidad congénita del sistema clerical, o mejor, su defecto congénito, es un tema
raramente verbalizado Se trata de expresar en palabras lo que mucha gente siente
intuitivamente, pero que poco se habla. Además, la comprensión de ese defecto
presupone una toma de conciencia acerca de una ‘historia de larga duración’, según la
expresión del historiador francés Fernand Braudel. Con eso, él quiso designar movimientos históricos que se vuelven prácticamente incontestables y pueden incluso dar
la impresión de ser eternos, exactamente porque se vigorizan durante largos siglos.
Sus innovaciones están tan ampliamente integradas en la cultura que ya no se sienten
como innovaciones. Cuando una misma narrativa se repite por siglos por medio de los
mismos gestos, de las mismas palabras y de las mismas imágenes, la mente humana
olvida que esos gestos, esas palabras y esas imágenes son creaciones históricas
pasajeras (como todo lo que es histórico). Ellas fueron construidas en un determinado
momento de la historia y, por lo tanto, pueden ser deconstruidas. La gente pasa entonces
a considerar estas creaciones como evidentes y normales. Así no extrañamos más
cuando vemos a un papa hablando del evangelio entre uno de los espacios más
portentosos del mundo, sólo comparable al Kremlin en Moscú o la Plaza de la Paz
Celestial en Pekín. No nos extrañamos cuando leemos las inmensas letras sobre esta
piedra edificaré mi iglesia “(un anacronismo flagrante). En la cumbre de la Basílica de San
Pedro en Roma. Estamos acostumbrados a esas y otras narrativas desde la infancia y
pasamos a considerarlas normales. Sin embargo, en el íntimo sentimos que algo está
mal. Es de lo íntimo del corazón que brota la conciencia laica.
2. Consideremos por unos minutos una historia de 17 siglos atrás. Usted ha oído hablar
de la “revuelta constantiniana”. Imagine: en el año 325, el emperador Constantino invita a
los obispos cristianos a reunirse en su residencia de verano, situada en un suburbio de
Bizancio llamado Niceia. Una sorpresa total, pues su predecesor Diocleciano había
deflagrado la más cruel persecución contra las comunidades cristianas.
El nuevo Emperador, por el contrario, se dispone a ayudar a los obispos a resolver ciertos
problemas de desunión existentes entre iglesias (en aquel tiempo, ese término indicaba
comunidades locales). Los obispos apenas perciben que, detrás de sus palabras y de su
gentileza, Constantino pretende valerse de las energías vigentes en el movimiento
cristiano para enfrentar problemas de desunión a ser resueltos en la administración del
Imperio. Estos obispos vienen del interior, del mundo rural analfabeto, y ahora son
recibidos con ‘honores senatoriales’. Se quedan muy impresionados y uno de los
presentes, al ver al emperador conversando con sus colegas, exclama: ‘es el Cristo, el
Cristo mismo está entre nosotros’. Constantino se hace de super-obispo y manda luego
construir, en la ciudad capital Bizancio, en adelante llamada Constantinopla, una basílica
tan inmensa que hasta hoy permanece una de las mayores construcciones del mundo
cristiano, la ‘Hagia Sofía’ (Santa Sabiduría).
A finales del siglo IV ya funciona allí una corporación de clérigos cristianos, en los moldes
de las corporaciones sacerdotales de la religión romana de la época, que se esmera en
moldear una nueva liturgia cristiana, que convenga a una Basílica tan portentosa:
introducciones y procesiones, mitras y estolas , capas y casullas, invocaciones solemnes,
preces codificadas, cortesías y la indefectible hipocresía. Estas novedades impresionan a
líderes cristianos del campo rural, que pasan a seguir la moda bizantina. Así se forman
paulatinamente corporaciones clericales en grandes centros poblacionales del Imperio
como Antioquía y Alejandría, hasta alcanzar la lejana Roma. Se inicia, al mismo tiempo,
un proceso administrativo eclesiástico en los moldes del sistema administrativo romano,
se forma una jerarquía y una división del universo cristiano en torno a centros urbanos
(las diócesis). Todo copiado o al menos inspirado por la administración del Imperio
Romano. Se forma un nuevo tipo de obispo, que sabe hablar en público según las reglas
de la retórica y pasa a cultivar modos corteses. Pero el cambio más importante consiste
en la divulgación del principio corporativo. Se forma un cuerpo sacerdotal unificado, que
pasa a controlar la multiplicidad de iglesias, o sea, de comunidades locales.

Al acoger estas novedades del organigrama clerical, los obispos practican lo que los
alemanes llaman ‘Realpolitik’, o, como se dice entre nosotros, asumen una postura
‘políticamente correcta. Ellos reconocen y confirman un hecho consumado: en adelante, el
clero controla la Iglesia.
3. Con estos procedimientos se interpone una pesada cortina entre la Iglesia ‘católica’ (en
el sentido original de ‘esparcida por toda la tierra’) y la tradición cristiana anterior. No un
simple biombo de fácil remoción, ni un cortinado ligero que vuele al viento, sino una
cortina que va del techo hasta el suelo, como aquel que en palacios y auditorios sirve para
separar grandes espacios. O como aquella cortina que, en un teatro, separa el escenario
de la platea. No es un muro, pues puede ser removido. En fin, se trata de una institución
que, si no cierra totalmente el horizonte evangélico, al menos dificulta la visión.
Esta cortina consiste en una remodelación y resignificación de la estructura eclesial
anterior. Aquí llegamos al fondo de la cuestión. Para que el nuevo orden eclesiástico surta
efectos, es necesario releer los textos evangélicos de modo que confirmen o al menos
abran espacio para el nuevo modelo. Es decir, es difícil escapar a una lectura
fundamentalista de los evangelios. La mejor definición de lectura fundamentalista que
conozco fue dada por un profesor mío, en los años 1950, que, al terminar su explicación
en una determinada disciplina de nuestro curso teológico, dio un suspiro y dijo: ‘una vez
más hemos probado que la Biblia está de acuerdo con nosotros’. La intención de la
lectura fundamentalista, confiesa o no, consciente o no, es hacer que el texto sagrado
esté de acuerdo con lo que efectivamente está en curso o se planea. Es una lectura a
posteriori. En rigor, no es lectura ni escucha, es la confirmación de lo que ya se sabe. Una
perversión del pensamiento.
4. Pienso que el discurso de la teología de liberación, en la medida en que se dispone de
animar al movimiento laico, no puede dejar de abordar ese fundamentalismo católico. Se
suele, entre teólogos de la liberación, recurrir directamente al evangelio.
Falta una profundización histórica, una presentación más explícita de la ruptura entre el
sistema eclesial anterior al siglo IV (el sistema de comunidades laicas) y el sistema
basado en la corporación clerical y en el sacerdocio. Trabajé ese tema en mi libro
‘Orígenes del Cristianismo’ (Paulus, São Paulo, 2016). Para volver a la imagen de la
cortina: falta demostrar que esa cortina es un dato histórico, es historia vivida, no es
ideología. Si no incluye ese dato histórico, el discurso de la teología de la liberación corre
el peligro de sonar algo irreal y no resolver la inseguridad existente en el mundo laico. En
un día, la persona oye el discurso de un teólogo de la liberación y en otro día el discurso
del vicario de su parroquia. Ella percibe la disonancia, se queda insegura y piensa que se
trata de pensamientos ideológicos diferentes, lo que no es verdad. Se trata aquí de
historia vivida, no de ideología.
5. Falta acreditar las afirmaciones anteriores por medio de la lectura concreta de un texto
bíblico. Como aquí he abordado el tema de la corporación sacerdotal, me propongo,
dentro de los límites de este texto, presentar una lectura muy resumida de la Carta a los
Hebreos. La razón de la elección de esta Carta está en el hecho de que, en los cursos de
formación clerical, suele servir de fundamentación bíblica del sacerdocio cristiano. Se
enseña, en la base de una lectura de la Carta a los Hebreos, que hay un solo sacerdote de pertenencia definitiva al sacerdocio de Cristo. Él es ‘sacerdote para siempre’.
Seré breve. Sólo digo, para empezar, que la Carta a los Hebreos debe haber sido
redactada hacia el año 65, por lo tanto, en una época en que todavía funcionaban en el
Templo de Jerusalén los servicios sacerdotales. Probablemente fue escrita en función de
sacerdotes judíos (‘hebreos’, como reza el título de la Carta) que se acercaban al
movimiento de Jesús y se sentían inseguros en cuanto al posicionamiento del movimiento
hacia el sacerdocio.
Al abordar la lectura del texto, quedamos extrañando la frecuencia de citas bíblicas. Son
más de cien. Esto se debe al hecho de que Hebreos argumenta por medio de la citación
de textos bíblicos y de la presentación de figuras bíblicas conocidas. En esto sigue un
método de argumentación corriente en las sinagogas, que se verifica incluso en los
evangelios, el método ‘midrash’ (‘búsqueda’, en hebreo). Se supone que los oyentes o los
lectores tienen suficiente intimidad con textos bíblicos para “buscar”, guiados por el
escritor anónimo, citas bíblicas y figuras emblemáticas que expresen lo que quiere decir.
Así, en Hebreos, Abel es el injustificado, Abraham el hombre de fe, Moisés el legislador,
Josué el conquistador de Canaán, Ra’ab la prostituta que colabora con el ejército de
Josué y Esaú el hermano de Jacob, que desperdicia la bendición paterna por preferir una
sopa de lentejas. Es dentro de ese contexto que aparece la figura de Melquisedec.
6. Melquisedec es la contraseña de acceso a la comprensión de la Carta a los Hebreos.
Captar el significado de Melquisedec lleva a comprender la Carta a los Hebreos. Vamos,
pues, en busca de Melquisedec. En el Salmo 110 (un salmo de la serie ‘tseva’ot’,
destinada a exaltar a los que luchan por Israel), Ihwh se siente tan alegre por encontrar a
alguien dispuesto a luchar con él a favor de Israel, que se expande en palabras elogiosas:
En el esplendor santo
En la luz de la aurora
En el rocío de la mañana,
Usted será sacerdote para siempre
Como Melquisedec (Sal 110, 2-4, citado en Hb 7, 17 y 21).
Ihwh queda ‘eternamente agradecido’ al colaborador y dice que es, como Melquisedec,
‘sacerdote para siempre’. ¿Qué significa eso? El Salmo 40 (que Hebreos cita en el
capítulo 10) tiene la respuesta. Melquisedec (que aquí ya funciona como símbolo de
Jesús) se coloca frente a Ihwh y dice:
Usted, Ihwh, no le gustan los sacrificios.
Nada de ofrendas, nada de fuego ni humo.
Entonces dije:
Estoy aquí (Sal 40, 7-10, citado en Hb 10, 5-7).
¿Qué sacerdote es éste, que rechaza sacrificios, fuego, humo, sangre de chivos y
novillos, en fin, las celebraciones sacerdotales? Queda claro que, en Hebreos, el término
‘sacerdote’ es una metáfora. Hebreos habla en el sacerdote para decir otra cosa. ¿Qué
otra cosa? El capítulo 7 tiene la explicación. En el versículo 14, para que nadie entienda
mal el razonamiento del escritor, afirma categóricamente que Jesús nunca fue sacerdote:
nadie ignora que nuestro Señor proviene de Judá, tribu sobre la cual Moisés se calló
cuando hablaba de sacerdotes (Heb 7, 14). ¿En qué sentido se puede hablar entonces de
Jesús sacerdote? Hebreos 7, 15-17 tiene la respuesta:
Al igual que Melquisedec se levanta un nuevo sacerdote, que no se convirtió en sacerdote
en virtud de una fugaz ordenación legal, sino por el poder de una vida
indestructible (akataluto ).

El sacerdote nuevo se convirtió en sacerdote por el poder de una vida indestructible. No
hay que decir de modo más claro que el sacerdocio de Jesús es símbolo de vida, es decir,
que el escritor usa la expresión ‘sacerdote’ para negar la vigencia de un sacerdocio
‘ordenado’ en el movimiento de Jesús y afirmar categóricamente que Jesús se hizo
sacerdote por su modo de vivir. Y, en los versículos 23 a 24, la Carta concluye: ese
sacerdocio, por ser expresión de vida, es intransmisible:
En el caso de los sacerdotes levíticos, los primeros (los sacerdotes levíticos) fueron
numerosos a convertirse en sacerdotes, porque la muerte los impedía a seguir
cumpliendo su oficio, mientras él, ya que se queda para siempre, posee un sacerdocio
intransmisible (‘aparabaton’ en griego): Hb 7 23-24.
Aquí nos enfrentamos, en las traducciones corrientes del texto griego, con un error
grosero. El adjetivo griego ‘aparabatos’ significa ‘intransmisible’, no ‘verdadero’ (Tomás de
Aquino), ni ‘eterno’ (Concilio de Trento), ni ‘lo que no pasa’ (traducción de la Conferencia
Nacional de los Obispos de Brasil). Hebreos afirma que la actividad de Jesús es pasajera:
Todo esto él realiza una sola vez (‘efapaks, hapaks’) (Heb 7, 27).
Las realizaciones de Jesús son pasajeras, sometidas a las leyes de tiempo y espacio,
provisor edad e incompleta, como todo lo que pasa en la historia. No se transmiten por
medio de algún rito. Son intransferibles. Rito se transmite, se repite. El acto no se repite,
no se transmite (a no ser en forma de ejemplo).
7. Podemos concluir. No se puede alegar que la Carta a los Hebreos, por ser de lectura
difícil, no sea un texto claro. Es de una claridad cristalina: Jesús es sacerdote ‘a ejemplo
de Melquisedec’, no ‘a ejemplo de Aarón o Levi’. Sacerdote por su modo de vivir, no por
alguna ordenación que habría recibido. El “sacerdocio” de Cristo, en la Carta a los
Hebreos, funciona como metáfora de la vida de Jesús, de su modo de vivir.
Indestructible, intransferible. Decir que el sacerdocio de Jesús está en el origen del
sacerdocio cristiano es cometer un error flagrante de lectura bíblica. Falta de atención a
las palabras, de lectura apropiada.
Es una consideración de cuño histórico que, imagino, puede servir en la formación de
laicos y laicas deseosos de seguir el evangelio, conscientes de su autonomía y deseosos
de librarse de la tutela clerical. Libres para leer e interpretar textos bíblicos con criterio y
honestidad intelectual, sin ceder a tendencias fundamentalistas.
verdadero y eterno, Cristo, y que los que recibieron la ordenación sacerdotal son sus
ministros. El ministerio sacerdotal es una participación al sacerdocio eterno de Cristo.
Para ello, se imprime en el alma del sacerdote cristiano un ‘carácter indeleble’, un signo

 

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LA RESURRECCIÓN DE RAJOY

Fernando López Agudin, en Público 25.03.2018

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ATENTADO EN FRANCIA

Muere el gendarme que se ofreció de rehén en el atentado
yihadista de Francia
El número de víctimas mortales asciende a cuatro. La policía mató al terrorista en el asalto
El teniente coronel de la gendarmería francesa Arnaud Beltrame, de 44 años, que ayer se intercambió por los rehenes en el ataque terrorista en un supermercado de Trèbes, al sur
de Francia, ha fallecido esta madrugada por las heridas que sufrió. El terrorista Redouane Lakdim, de 25 años, le disparó varias veces. El fallecimiento de Beltrame eleva a cuatro las víctimas mortales de Lakdim, que ayer a las once de la mañana entró en el supermercado armado, al grito de Alá es grande.
“Muere por la patria. Francia nunca olvidará su heroísmo, su valentía, su sacrificio. Con el corazón encogido, dirijo el apoyo de todo el país a su familia, a sus allegados y a sus compañeros de la gendarmería de L’Aude”, escribió antes de las seis de la mañana en
Twitter el ministro del Interior francés, Gerard Collomb. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, aplaudió “el coraje” del gendarme y destacó que “salvó vidas e hizo honor a su Ejército y su país. Ha caído como un héroe”. El teniente coronel estaba casado
y sin hijos.

Beltrame llevaba desde agosto destinado en Carcasona, en el distrito de Aude, y fue, según los medios locales, uno de los primeros en llegar al supermercado. “Yo sabía que tenía que ser él”, aseguró ayer su madre a la cadena de radio francesa RTL, al conocer que un policía se había ofrecido como moneda de cambio. “Él siempre lo ha hecho todo
por la patria. Es su razón de vivir”, añadió. Y aseguró que seguramente le hubiese respondido que solo cumplía con su deber. Licenciado en la escuela militar, el teniente coronel sirvió en Irak en 2005, antes formó parte de la unidad de élite de la Gendarmería y también estuvo destinado en el equipo de seguridad del Palacio del Elíseo. En diciembre del año pasado, participó en un simulacro de atentado en un supermercado, según contó
el periódico regional francés La Dépêche du Midi. El papel de Beltrame, que el ministro del Interior francés tachó de “heroico”, fue decisivo.
Se ofreció para que Lakdim dejase al resto de rehenes en libertad. El teniente coronel entró con su teléfono encendido, que dejó encima de una mesa, de manera que desde fuera los policías podían escuchar lo que ocurría. Las unidades de élite de la policía francesa entraron cuando oyeron que el terrorista abría fuego, y le abatieron. Lakdim, nacido en Marruecos, inicio su ataque antes de las once de la mañana, cuando
robó, asesinando a uno de los pasajeros, un Opel Corsa blanco. Después disparó contra un grupo de policías que regresaban al cuartel tras su entrenamiento matutino y siguió
con el coche hasta el supermercado U, que está a pocos kilómetros. Allí mató a un carnicero y a una cliente. En total, hirió a 16 personas. La policía le tenía fichado por tráfico de drogas y delincuencia común, y aunque le tenía en el radar por su posible
radicalización, no había detectado que podía pasar a la acción. El ataque fue asumido por 2
el Estado Islámico (ISIS en sus siglas en inglés).
Se trata del primer atentado de índole yihadista que vive Francia desde el asesinato de
dos jóvenes en la estación de trenes de Marsella, el 1 de octubre de 2017, y el
decimotercero con víctimas mortales desde el cometido contra el semanario
satírico Charlie Hebdo, el 7 de enero de 2015. En todos ellos, 202 personas han perdido la vida, lo que sitúa a Francia como uno de los principales blancos del Estado Islámico.

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Nombrada directora de la CIA una veterana que permitió la tortura a detenidos

Trump asciende a la número dos de la agencia tras nombrar a Pompeo
secretario de Estado
JOAN FAUS
Washington 13 MAR 2018 – 16:58 CET
Con la designación de Gina Haspel como nueva directora de la CIA, la primera mujer en
ocupar el puesto, la agencia de inteligencia estadounidense no solo reabre sino que avala
implícitamente uno de sus capítulos más oscuros. Haspel, de 61 años, supervisó la tortura
de sospechosos de terrorismo en las funestas cárceles secretas de la CIA en la década
pasada y participó en la decisión de destruir un vídeo sobre los abusos. Esa losa no ha
impedido el ascenso fulgurante de esta veterana de la organización. Hace un año fue
nombrada número dos de la CIA y este martes el presidente Donald Trump la propuso
como directora en sustitución de Mike Pompeo, nominado como nuevo secretario de
Estado.
Pero para ser confirmada al nuevo cargo, la designación de Haspel deberá ser aprobada
por el Senado, lo que la obligará a tener que testificar ante el Comité de Inteligencia y dar
por primera vez explicaciones públicas sobre su papel en las torturas y la guerra
sucia contra el terrorismo. En teoría, la designación no corre peligro dado que los
republicanos ostentan la mayoría simple necesaria para aprobarla en la Cámara Alta.
Lo que se da por hecho es que Haspel afrontará preguntas incómodas de los
legisladores, sobre todo demócratas. Por ejemplo, en 2013 cuando el entonces director
de la CIA la propuso como responsable de operaciones clandestinas, la senadora
demócrata Dianne Feinstein, entonces responsable del Comité de Inteligencia, bloqueó la
designación por su papel en el programa de interrogación a sospechosos de terrorismo.
La CIA acabó proponiendo a otra persona para ese puesto.
Haspel entró en la CIA en 1985 y desde entonces ha trabajado sobre todo como agente
encubierta en varios lugares en el mundo. Acumula una enorme experiencia, que ha sido
elogiada y que le servirá para pilotar la organización desde su sede en Langley (Virginia).
Tras los atentados del 11-S, en 2001, la CIA inició su controvertido programa de técnicas
reforzadas de interrogación a personas que eran detenidas por sus sospechas de lazos
con el terrorismo yihadista y transportadas a centros secretos en varios países. Esas
técnicas incluyeron torturas, como el ahogamiento simulado (waterboarding),
según investigaciones posteriores. El entonces presidente, el republicano George W.
Bush, las consideró legales y miembros de la CIA han asegurado que creían estar
actuando correctamente. En 2009 su sustituto, el demócrata Barack Obama, las prohibió
pero decidió no tomar acción legal contra los trabajadores de la CIA que participaron en
los interrogatorios.
Como candidato electoral y en las primeras semanas de su presidencia, Trump abogó por
torturar a militantes del Estado Islámico y alardeó de su eficacia, lo que le costó un alud
de críticas. El mandatario acabó suavizando su propuesta después de que su secretario
de Defensa, James Mattis, le convenciera de la ineficacia de los abusos, que siguen
estando vetados por ley.
Pero la designación de Haspel, en febrero de 2017 como subdirectora y ahora como
directora de la CIA, se interpreta como un reconocimiento de Trump a los abusos a
detenidos. También por parte de Pompeo, que ha dicho que el waterboarding no es tortura
y ha considerado “patriotas” a quienes lo utilizaron tras el 11-S.
La primera cárcel secreta de la CIA se ubicó en Tailandia y su responsable era
precisamente Haspel. Ella supervisó en 2002 los brutales interrogatorios extrajudiciales a
los supuestos miembros de Al Qaeda Abu Zubaydah y Abd al-Rahim al-Nashiri. El primero
fue sometido al ahogamiento simulado en 83 ocasiones en un mes, según una
investigación del Senado. Repetidamente se golpeó su cabeza contra una pared, perdió
visión en un ojo y durante un momento se creyó que había muerto.
En 2003, Haspel se convirtió en la jefa de gabinete de José Rodríguez, el entonces
director de contraterrorismo de la CIA, y después ocupó el mismo puesto cuando este fue
designado jefe de operaciones encubiertas. Fue en ese cargo, desde el que conocía los
entresijos del programa de interrogación a detenidos, cuando en 2005 Haspel participó en
la decisión de destruir los vídeos de las torturas a Zubaydah y Al-Nashiri. La CIA asegura
que la orden la dio Rodríguez pero el nombre de Haspel es el que aparece en el mensaje
que pide deshacerse de las pruebas, según el diario The New York Times. Ahora, Trump
ha decidido que todo ese pasado vuelva a aflorar en Washington.

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