PSOE y Podemos, y que salga el sol por el este.

Nicolás Torres López, miembro del Comité firma este interesante artículo

Código Mariano del periodista Antón Losada es un magnífico retrato de aquel que nos gobierna. Nadie duda ya que la altura de Rajoy como actor político es mucho más alargada que la caricatura que gran parte de la izquierda y la derecha encarnada por el aznarismo ha entendido como su figura. Pero, ¿qué significa ser un buen político? Quienes seguimos de cerca la competencia de partidos y la competencia intrapartidos podemos entender las enormes bondades de Rajoy que le ha permitido ser el líder con mayor estabilidad interna y que ha logrado hacer de su formación el partido de régimen por excelencia sustituyendo al PSOE; es quien conseguirá que la reciente historia corrupta y podrida de su partido salga limpio y sin muchas magulladuras por el filtro del tiempo, y lo más importante, el líder político que mayor certidumbre genera entre la población, aunque sea a la baja: mediocre y gris funcionario que no te entusiasmará nunca pero es el único que parece garantizar que mañana saldrá el sol por el este.

Con todo esto, si llamamos buen político a quien alberga en su cartera de presidente este porfolio de logros, es que poco entendemos para qué sirve la política y las instituciones democráticas. Los dos gobiernos de Mariano Rajoy representan el fin de la separación de poderes y la independencia de la justicia, el abaratamiento extremo del empleo y la pérdida de derechos laborales, ser el segundo país con más desigualdad de Europa, el tercero con más pobreza infantil, el agujero negro del rescate bancario, el hachazo a las energías renovables, la judicialización de la cuestión catalana que ha disipado el horizonte de convivencia… de hecho, lo único que parece funcionar en España es que sigue saliendo el sol por el este.

Méritos y deméritos de los diferentes partidos en el gran reto de crear certidumbres, que han establecido la composición parlamentaria que tenemos hoy tras un periodo electoral intenso. Hay ciertas posibilidades de salvar la legislatura para quienes creemos que se pueden hacer las cosas diferentes y revertir las políticas antisociales del Gobierno de Rajoy. Los méritos y deméritos de PSOE y Unidos Podemos -quienes no suman la mitad más uno- obligan a ambos partidos a dar pasos valientes para conformar un Ejecutivo alternativo, esto quiere decir que los discursos en favor del acuerdo de Pablo Iglesias y Pedro Sánchez no derivarán en acuerdo solo por inercia dialéctica. Hay muchos escollos. La cuestión catalana, la distribución de papeles en el nuevo gobierno, la necesidad de terceros actores parlamentarios que avalen esta alternativa… Hay que estar decididos. Y la ciudadanía que está decidida por el cambio no podría soportar otro entendimiento frustrado.

Esto nos lleva a pensar que en PSOE y Unidos Podemos existe una buena disposición para ser buenos políticos -de los buenos- y hay cierta ausencia de buenos políticos -de los del Código Mariano-. Las experiencias territoriales de acuerdo se traduce en éxito de gestión pública: Madrid, Barcelona y Comunidad Valenciana como casos paradigmáticos. Pero en todos esos pactos, la subalternidad manifiesta de un partido sobre el otro condujeron inexorablemente a la conformación de estos Gobiernos: los hiperliderazgos de Carmena y Colau o los resultados en Valencia que imposibilitaban una alternativa PP-Ciudadanos, casi obligaron al pacto. Sin esfuerzos, por inercia democrática. La gobernanza se dio por hecha y se celebró la misma noche de las elecciones. ¿Qué ha pasado a nivel estatal? ¿Qué pasó con Iglesias y Sánchez cuando las fuerzas estaban igualadas y solo existía una brecha de dos puntos porcentuales? ¿Cuando no había clara subalternidad entre ellos pero sí con el Partido Popular? La situación necesitó de buenos políticos marianos que supieran conducir del empate al pacto, que tuvieran la audacia parlamentaria para sobrevivir, para hacer de sus formaciones partidos indispensables en un nuevo régimen, que se permitieran ser líderes que generaran certezas a su gente y a la gente.

Y es que ambos líderes y ambas formaciones solo podrán acceder alguna vez al Gobierno bajo un entendimiento, al menos en los próximos lustros. Este binomio condenado a entenderse tiene que demostrar que cuando gobiernen seguirá saliendo el sol por el este y que incluso podrá devolvernos derechos que perdimos durante estos años. Pero para demostrar que pueden ser buenos políticos de los buenos, tienen que aprender a ser buenos políticos de los otros. La historia les da una segunda oportunidad.

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