Steven Pinker: «El populismo ha tocado techo y está en retirada»

Publicado originalmente en El Mundo.

GONZALO SUÁREZ

Si este periódico así lo hubiera querido, habría podido abrir cada mañana con el mismo titular desde su
fundación, hace ya 29 años:
«137.000 personas se libraron ayer de la pobreza extrema».
Vale, habría perdido lectores. También habría aburrido hasta a sus fieles más buenistas. Pero no habría
mentido: los datos demuestran que esta caída de la pobreza ha ocurrido, día tras día, durante las últimas tres
décadas.
¿Por qué, entonces, nunca ha leído ese titular en estas páginas? ¿O, ya puestos, en ningún otro

«Los datos siguen una lógica totalmente distinta a las noticias», explica el canadiense, de 63 años. «Las
noticias, por definición, cuentan hechos concretos que ocurrieron ayer o, en el caso de Twitter, hace cinco
minutos. Esto distorsiona el tipo de acontecimientos que acaparan los titulares.
En general, lo malo
ocurre de golpe: un atentado, un asesinato…
Mientras, lo bueno ocurre a cámara lenta, a lo largo de
los años: la reducción de la pobreza, el auge de la alfabetización. Aunque su importancia sea crucial, jamás
verás a un periódico abriendo su portada con estas noticias».
Este pesimismo intrínseco de los periodistas es, según Pinker,
la causa de la gran paradoja de nuestra
era.
[http://www.elmundo.es/papel/lifestyle/2017/10/15/59db5c83e2704edb6e8b4650.html] Nunca en la
Historia habíamos disfrutado de un mundo tan seguro, próspero e igualitario.
Y, la vez, nunca
habíamos sufrido una sensación tan intensa de que la Humanidad se enfrenta un cataclismo inevitable. Esta
percepción generalizada -y errónea- se traduce en ansiedad por el presente, aprensión sobre el futuro y la
tentación de recurrir a los populismos -de izquierdas y derechas- como blindaje ante un planeta que da pavor
.
Vivimos en un mundo de posverdad. De propaganda disfrazada de información. De profesionales del
Apocalipsis. Y no sale gratis:
esa corriente de fondo ha arrastrado a un narcisista con tupé al
Despacho Oval.
Ante este panorama, muchos se unen al coro de casandras. Pero Pinker, con su dialéctica punzante y su
melena de viejo rockero, ha optado por una alternativa tan sencilla que casi parece revolucionaria: combatir
la desinformación con puros datos. En concreto, un tocho de 741 páginas titulado
‘En defensa de la
Ilustración’
[https://www.planetadelibros.com/libro-en-defensa-de-la-ilustracion/269398] (Ed. Paidós), en el
que este reputadísimo psicólogo cognitivo incluye docenas de gráficos y miles de estudios sobre las
materias más diversas.
Todo con un único objetivo: demostrar que, aunque no vivamos en un
mundo perfecto, sí que es infinitamente mejor al de hace 10, 100 o 1.000 años.

P . Su libro también podría titularse ‘Contra el populismo’, ¿no?
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Sí. Quiero que estos datos sirvan de anticuerpos ante la idea populista de que debemos volver a una edad
dorada, en la que todo iba bien. Esa noción es falsa, es el virus de nuestro tiempo y debemos combatirlo.
R .
P .
Usted no se define como optimista, sino como un «posibilista serio»…
Sí. Sostener que las cosas van a mejorar porque sí es igual de irracional que decir que van a empeorar sin
remedio. Yo afirmo dos cosas: que nuestros antepasados superaron problemas aún más graves y que, gracias a
ellos, vivimos mejor que en cualquier otra época de la Historia.
R .

Aquí va un breve resumen de su tratado. El mundo es hoy 100 veces más rico que hace 200 años a precios
constantes.
El cociente intelectual mundial ha subido 30 puntos en un siglo. Las muertes en
guerras han caído a la cuarta parte desde los 80… Y, en su afán por destacar lo positivo, incluso nos informa
de que el americano medio tiene un 97% menos de posibilidades de morir a causa de un rayo.

QUIERO QUE ESTOS DATOS SIRVAN DE ANTICUERPOS ANTE LA IDEA POPULISTA
DE QUE DEBEMOS VOLVER A UNA EDAD DORADA, EN LA QUE TODO IBA BIEN. ESA
NOCIÓN ES FALSA, ES EL VIRUS DE NUESTRO TIEMPO Y DEBEMOS COMBATIRLO


Sin embargo, el pesimismo ante los datos empíricos no es nada nuevo. Ya en la Grecia del siglo V a.C, cénit
de la civilización clásica, echaban la vista atrás para llorar por la gloria perdida, como cuenta Johanna Hanin de la civilización clásica, echaban la vista atrás para llorar por la gloria perdida, como cuenta Johanna Hanink

en su ensayo ‘Incluso los antiguos griegos creían que su mejor época ya había pasado’
[https://aeon.co/ideas/even-the-ancient-greeks-thought-their-best-days-were-history] .

Sin embargo, Pinker asegura que este pesimismo, propio del ser humano, se ha agudizado en el último medio
siglo. Y, de nuevo, culpa a los medios. Tras analizar al detalle los titulares de prensa, ha detectado que su
«tono emocional» es cada vez más negativo: «Antes, era demasiado complaciente con el poder y las
empresas.
Pero a partir del Watergate, está obsesionado con atacar los fallos de todas las
instituciones
». ¿No es esa, precisamente, la función del periodismo? «Sí, pero los excesos tienen efectos
secundarios. Ahora, la ultraderecha y la izquierda radical comparten discurso: que vivimos en una sociedad
fallida. De hecho, gente de izquierdas quería que ganase Trump, para que nos llevara a la catástrofe. Como
dice el viejo dicho: ‘Cuanto peor, mejor’».
De hecho,
el populismo de derechas no es el único blanco de sus ataques. Critica con igual saña a
los «ecologistas misántropos», que interpretan cualquier avance como un manchurrón en un planeta
inmaculado, y a los progresistas ultraescépticos, incapaces de asumir que todo avance es gradual y genera
nuevos dilemas. «Los progresistas, como los populistas, odian el progreso. Y eso que gran parte de su
agenda se ha cumplido: los derechos de las minorías, la mejora de los servicios públicos, la libertad de
expresión…»
De su discurso se desprende que vivimos en una sociedad tan avanzada que ha olvidado cómo afrontar los
problemas. En vez de verlos como desafíos, los pintamos como amenazas existenciales e irresolubles.
Es
como si la Humanidad se hubiera convertido en una joven caprichosa como Paris Hilton
, capaz
de cancelar una fiesta porque la limusina es del color equivocado.
Al leer su libro, todo parece limpio, ordenado, bajo control. Pero la vida real resulta cada vez más compleja,
amenazante y caótica. Ante la avalancha de datos de En defensa de la Ilustración,
la sencillez de un
eslogan como el
‘Make America Great Again’
[https://es.wikipedia.org/wiki/Make_America_Great_Again] de Donald Trump resulta más atractivo
para millones de votantes asustados
. «Eso es tan cierto como frustrante», admite. «En vez de
solucionar los problemas, existe la tentación de culpar a un enemigo exterior: los burócratas, los banqueros,
los inmigrantes… Así no resolvemos nada, pero aumentamos nuestra autoestima».
P . ¿Es algo intrínseco al ser humano?
Sí, por dos razones. La primera, que tendemos a la nostalgia: recordamos los acontecimientos positivos y
borramos de nuestra memoria lo desagradable. Pero, también, porque criticar la sociedad es una forma indirecta de
atacar a tus rivales profesionales, sobre todo si eres un periodista o un intelectual y no tienes la responsabilidad de
que la sociedad funcione. Pueden permitirse el lujo de decir que el mundo es un desastre y no hay solución posible.
Los pesimistas tienen buena prensa, pero se equivocan.
R .
P .
Quizá deberíamos ponerlos durante unos meses en el puesto de los políticos y los empresarios…
(Ríe) Desde luego, así dejarían de decir que todos son unos inútiles. Porque, puestos en su situación, actuarían
de una forma similar a los burócratas que tanto critican.
R .
P .
¿Ocurre lo mismo con el nacionalismo?
Si está basado en la tribu, la religión, la etnia, se convierte en un populismo autoritario que puede llevar a la
fricción, el conflicto e, incluso, a la guerra.
R .
P .
¿El nacionalismo catalán es un ejemplo de este populismo?
R . Puede serlo. Aunque no conozco todos los detalles, sí que tiene ramalazos de populismo autoritario.

R . Puede serlo. Aunque no conozco todos los detalles, sí que tiene ramalazos de populismo autoritario.
P . Pero usted cree que el populismo está en retirada.
Sí, creo que ha tocado techo con Trump, pese al triunfo de los populistas en Italia. Por tres motivos. Primero, es
más popular entre la gente mayor, que por definición morirá antes y dejará el poder a los jóvenes. Segundo, abunda
entre la gente sin formar y la gente tiende a educarse cada vez más. Y, finalmente, es un fenómeno rural, cuando
existe una tendencia global a la urbanización. No es una garantía, pero sí un indicio sólido de su declive
R .

Este mismo entusiasmo aplica al otro gran coco de nuestra era: la posverdad. Para él,
directamente, no existe: siempre hemos convivido con propaganda, conspiraciones y rumores interesados.
De hecho, el mayor peligro de la posverdad es que sea una profecía autocumplida: «Si la gente sensata deja
de creer en la verdad y los datos empíricos, la reacción razonable es combatir sus mentiras con nuestras
mentiras, su propaganda con nuestra propaganda… Pero la única forma de combatir la mentira es ser aún
más transparentes, más objetivos y rigurosos».
Cierto, la propaganda siempre ha existido, pero no contaba con un altavoz tan potente como las redes. Aquí,
de nuevo, Pinker se muestra como un optimista -perdón, posibilista- irredento: «
Antes nos quejábamos de
lo contrario: de que un puñado de medios controlaban toda la opinión pública al servicio de
las élites.
Ahora, hemos superado ese problema con las redes sociales y han surgido otros problemas,
como su uso por propagandistas. Pero no entremos en pánico: es un fenómeno novedoso que requiere
nuevas soluciones, pero no dudes que las encontraremos».
Ante tal habilidad para encontrar el lado positivo a cualquier situación, uno se pregunta si Pinker vive en un
éxtasis permanente o, por el contrario, también sucumbe al derrotismo alguna vez.
«¡Claro que tengo que
hacer un esfuerzo para mantener la perspectiva! Al ver las noticias, me deprimo como todo el
mundo»
.

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