VERDI EN SEVILLA

En una reserva para indígenas pobres, Los Pajaritos, aquí en Sevilla con el azahar estallado de los naranjos, han asesinado anteanoche a Flor, 44 años, recién salida del penal para mujeres. Unas puñaladas. Un ajuste de cuentas. Una deuda de droga.

Abogados pro bono,  hoy recibimos en la reserva mientras suenan horrísonas sirenas policiales de una redada contra traficantes y un pájaro de alas circulares sobre su cuerpo aturde a unos y otros en rasante de exhibición deportiva.

Ocho personas esperan sentadas en el austero banco del local parroquial. Seis no perciben ingreso alguno. Dos parados de larga duración, un ex presidiario que acaba de pagar su condena y le resta la condicional, dos mujeres con hijos sin convenio regulador y, por eso, sin salario social; el sexto un faltusco al que no alcanza el grado de dependencia para que le den una paguita. Tiene que esperar más deterioro para que lo revisen. Es la ley. La del oeste aquí en la reserva. 

Mientras, en el hemiciclo donde los diputados nacionales miran a Cañamero con la camiseta litúrgica que el santoral revolucionario del día preceptua y su cartel,  el señor ministro del Interior, ex alcalde de esta reserva con mayoría absoluta, explica a sus señorías que su antiguo concejal y amigo, que ahora está con él en su paraíso como director general de Tráfico (!por España, zolo por España!), no ha ocupado un piso de la Guardia Civil, sino que se le estaba adaptando uno y mientras tanto se le pagan dietas para que se quede en un hotel en Madrid pues tiene casa y familia en Sevilla y la movilidad tiene sus riesgos como saben los emigrantes  de Andalucía en Inglaterra a los que el gobierno español no les da dietas para pagarse el piso en Norwich. Al director general de Tráfico con sueldo mensual de 6.000 euros, si. Son amores distintos y además no está en una reserva para pobres.

Este caballero, exconcejal recidivo guardia de la porra de todo el Estado, hace un par de años intermedió benévola y benéficamente entre una empresa contratante con el Ayuntamiento y la comandancia de la Benemérita en Sevilla para que, gratis total, instalará un parque de juegos infantiles, para los hijos de los guardias. La empresa está hoy empapelada en la Audiencia Nacional. La jueza de plantilla encomendó la investigación a la UCO del ecológico Instituto. Cuando se hizo público la intermediación de huésped hotelero del señor ministro del Interior en Madrid, no se tuvo en cuenta aquella inocente aventura pues todo el mundo entiende que un parquecito infantil es, como cuenta Guareschi en «don Camilo» un bello gesto, pese al Pepote de turno.

Y aquí estamos hoy. Ocho ciudadanos sin un punto euro de ingresos para vivir, recibiendo vales de comida de la caritas parroquial y también de ella el pago del agua y del alquiler. Y los diputados de izquierdas, de centro y de derechas encantados de estar en un país aconfesional y de hacer bromas a costa de los memos que seguimos creyendo. Y el señor ministro del Interior que paga el hotel de su amigo sevillano en Madrid le concede una cruz policial a un hermano mayor de una cofradía malagueña. Pero durante su alcaldada aquí dejó las reservas indígenas de pobres tal como están ahora y perdió la mayoría absoluta sin enterarse de que sevillanos de las reservas no ven un euro ni de dietas ni de los  seis mil que cobra el director general de Tráfico. Por esa ineficacia congénita el señor presidente del Gobierno lo hizo ministro. 

Y Pedro Manuel, Rivera, Javier Fernandez y Rajoy et reliqua encantados de haber visto a Diego Cañamero reivindicando a Bódalo.

Aquí en esta reserva de Los Pajaritos, como en las 3000 y en el Vacíe, resuena por encima del rotor del helicóptero policial esta maña de azahar, azul brillante y olor a incienso cofradiero de martes santo ya mismo, la música y el  canto de Verdi : «Cortigiani vil razza dannata, per qual prezzo vendeste il mio benne…?». No vuela la policia con rotor, es el Cisne de Busseto.

Alberto Revuelta.

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