El totum revolutum del espionaje institucional en España

Publicado originalmente en La República de las Ideas

JOSÉ LUIS MANZANARES | ACTUALIZADO: 04.05.2022

Decíamos hace una semana, a propósito del posible espionaje a líderes independentistas catalanes por parte del CNI, que ya habíamos tenido los rastreos, supuestamente aleatorios, del general Manglano, en los que se habían oído por pura casualidad las comunicaciones del Rey. Creo que aún no había un magistrado del Tribunal Supremo al que pedir autorización para tales diligencias pero, en todo caso, mal cabría pensar siquiera en pedirla para espiar precisamente al Jefe del Estado. Aunque el control judicial, que no jurisdiccional, es una cierta garantía, la consulta se resolvería conforme a los datos aportados por el propio CNI.

En fin, hasta ahora hablábamos exclusivamente del pretendido espionaje, no sólo telefónico, a personalidades próximas a la todavía reciente sedición en Cataluña. ¿Existió realmente? Y si fuera cierto ¿se habría obtenido la preceptiva cobertura judicial?

Pero el panorama del espionaje en España experimentó un inesperado y repentino cambio cuando el lunes por la mañana, a primera hora, el ministro de la Presidencia nos informó de que los teléfonos del presidente Pedro Sánchez y de la ministra de Defensa, Margarita Robles, habían sido espiados un par de veces muchos meses atrás. Las intervenciones habrían sido externas -no se afirma, sin embargo, su origen en el extranjero (Rusia, Nigeria o Andorra por ejemplo)- e ilícitas, pero ya se habría presentado la correspondiente denuncia ante la Audiencia Nacional para el esclarecimiento de los hechos e identificación y castigo de los responsables.

Las preguntas surgen en cadena. ¿Estamos insinuando que ese alguien desconocido sería también el autor del espionaje en Cataluña? ¿No nos habríamos enterado hasta ahora de que el Gobierno fue espiado? ¿Cómo se explica esta precipitada comparecencia y la denuncia en paralelo ante la Audiencia Nacional? Veremos cómo y hasta dónde se aclara lo ocurrido en el doble frente de Cataluña y de la Moncloa. Uno es poco optimista y teme que de nuevo acabaremos conociendo parte de lo sucedido pero no toda la verdad. La comparecencia del señor Bolaños parece confiar en la investigación judicial, pero la Audiencia Nacional no dispone de muchos más medios que el Ejecutivo.

De otro lado, retornando la queja de los golpistas radicales, ¿qué quiso decir la ministra de Defensa al referirse a “lo que tiene que hacer un Estado cuando alguien declara la independencia”?. Tal vez que los seguimientos existieron pero contaron con todas las garantías legales. Convendría saberlo porque es una hipótesis perfectamente defendible.

Por lo demás, el doble escándalo requiere un tratamiento con transparencia máxima dentro de lo posible y asimismo una exigencia de responsabilidades políticas y penales si las hubiere. Cautela y buen pulso, pero también voluntad sincera de encontrar respuestas razonables y razonadas. Y sin olvidar, por último, que un espionaje no debe servir para tapar el otro. Son dos cuestiones distintas y, hoy por hoy, sin vinculación alguna.

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