OPINIÓN DEL EDITOR DEL 17/09/2022

El combate – porque ese término describe lo que ocurre – entre feminismos de una base de análisis y de otra, al que estamos asistiendo entre partidos de la coalición gubernativa española, puede estudiarse desde perspectivas diversas. Rechazar la discriminación por género, luchar contra la herencia esclavista, denunciar los daños de las fobias… ¿quién estaría en contra? Los wokes – denominación que representaría la ideología que sostienen políticas profesionales de izquierdas varias – perturban el orden mental establecido. Un ejemplo de esos análisis: Para el filósofo Jean-François Braunstein, profesor emérito de filosofía en la Universidad Paris-I-Panthéon-Sorbonne, este movimiento no es ni una moda política ni una ideología, sino, estrictamente hablando, una religión. ¿Por qué llamar a la religión esta efervescencia multiforme? Primero por su negación del cuerpo, su rechazo a la realidad física y sus límites. De hecho, el ideal de una “fluidez” de género opuesta a las identidades inestables , la creencia de que basta con declarar lo que uno desea ser para convertirse en él supone un poder de la mente superior a las limitaciones de la naturaleza. Nuestras conciencias fabrican el mundo. El orgánico, este es el enemigo. Nuestros cuerpos biológicos no serían determinantes, sólo lo serían nuestras decisiones íntimas. La biología, que distingue entre los ­machos y las hembras, no sería una ciencia, sino un mito destinado a imponer la binaridad, una farsa a deconstruir. (Síntesis a cargo de Alberto Revuelta)

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