SITUACIÓN EN SUDÁN DEL SUR

Amelia Estévez ha preparado esta síntesis informativa

Sudán del Sur, el país más joven, legitimó su independencia de Sudán el 9 de julio de 2011 como resultado de un acuerdo de 2005 que puso fin a la guerra civil más prolongada de África. Sin embargo, el país cayó de nuevo en una guerra civil dos años más tarde, en diciembre de 2013, cuando fuerzas leales al entonces Vicepresidente Riek Machar se enfrentaron con las fuerzas gubernamentales. Dichos enfrentamientos condujeron a una larga y prolongada guerra civil que ha dejado a miles de desplazados causando una de las mayores crisis de refugiados del mundo.

A pesar de que ambas partes firmaron un acuerdo de paz en agosto de 2015, el conflicto se reanudó en julio de 2016, lo cual ha seguido causando grandes desplazamientos y hambruna en las zonas más afectadas por la violencia.

El presidente sursudanés, Salva Kiir, el 22 de mayo de este año ha anunciado un alto el fuego unilateral con el objetivo de reducir la violencia en el país, después de que se hayan incrementado las hostilidades entre las fuerzas gubernamentales y la oposición armada en los pasados meses.

Este acuerdo ha sido anunciado en Yuba y reúne a representantes del Gobierno y de la oposición, exceptuando al ex vicepresidente Riek Machar, líder de la principal facción opositora y con el que Kiir sigue enfrentado desde finales de 2013, después de acusarle de urdir un golpe de Estado contra él. De hecho, el mandatario ha instado a “cualquier persona” de la oposición a que se sume al diálogo nacional, exceptuando a Machar, por considerar que su presencia “causaría problemas”.

A dichas conversaciones  asistieron el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, y representantes de la Unión Africana y de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo de África Oriental (IGAD), organismo que supervisó el acuerdo de paz de 2015 entre Kiir y Machar.

Las autoridades de la región de Yei River (sur), han alcanzado acuerdos de paz, con un grupo de rebeldes leales al ex vicepresidente Riek Machar, en conversaciones   mantenidas entre ambas partes en  Kampala (Uganda).

La agencia Efe ha difundido copia del acuerdo, según el cual, las autoridades y los rebeldes se comprometen a facilitar el tránsito por las carreteras principales de la región y garantizar la llegada de ayuda humanitaria a los civiles que sufren hambruna en esta zona del país.

Asimismo, el Gobierno se compromete a retirar todas las milicias progubernamentales del estado y a sustituirlas por tropas oficiales, aprovechando esta situación, el Presidente ha ordenado la liberación de todos los presos políticos del país, aunque la aplicación de esta disposición podría es imposible en el actual clima de enfrentamiento y de inestabilidad.

En este marco de actuaciones seis grupos de la oposición armada y política sursudanesa , acusaron a Kiir de intentar “aniquilar” a la población no descendiente de la tribu dinka a la que él pertenece, en las regiones del Alto Nilo, Ecuatorial y en el oeste de Bahr al Gazal.

Asimismo, la ONU comparte esta acusación, y ha alertado en varias ocasiones en los pasados meses de los abusos y crímenes que se están cometiendo en el Estado africano, que según la comisión del Consejo de Derechos Humanos para Sudán del Sur, en el país se está llevando a cabo un “proceso de limpieza étnica”.

Washington lleva meses intentando sin éxito que el Consejo de Seguridad endurezca las sanciones contra Sudán del Sur e impongan un embargo de armas para proteger a la población, embargo que no se hace efectivo debido a la oposición de países como Rusia.

Los informes  de la FAO alertan de que Las catástrofes naturales y la inestabilidad política han desembocado en situaciones de vulnerabilidad e inseguridad alimentaria para gran parte de la población de estas regiones, ya que las medidas para proteger a los grupos vulnerables y mejorar los medios de vida han sido difíciles de aplicar o ineficaces.

Cuando el catálogo de atrocidades sobre los civiles parece insuperable, el Gobierno y los rebeldes vuelven a batir sus índices de crueldad. Human Rights Watch ha informado de casos de -ejecuciones por aplastamiento bajo las cadenas de un tanque-, torturas hasta la muerte o personas quemadas vivas en el interior de sus hogares. Según esta misma asociación, hay brigadas del ejército cuya única labor es violar mujeres; y lo hacen cumpliendo órdenes de sus superiores. -Llevan meses sin cobrar y la violación y el saqueo se considera su salario-.

La paradoja es que mientras se suceden todos estos crímenes de guerra, se paraliza la propia guerra. Es decir, se trata de matar civiles y de amedrentar a los trabajadores humanitarios  para que abandonen el país. El frente de batalla, en cambio, no se mueve un centímetro. Así lleva meses, ambos ejércitos están exhaustos y no tienen armamento moderno,

En este caos de  coyunturas enfrentadas, el presidente Kiirha destituido al jefe del ejército, el supremacista dinkaPaul Malong, autor intelectual de muchas de las masacres ocurridas en Sudán del Sur desde 2013, un criminal de guerra que puede rebelarse contra su presidente y que tiene fuerzas leales que lo secundan. Por su parte, Kiir está manejando la posibilidad de mover la capital del país desde Juba, donde ya no se siente seguro, hasta Lankien, en plena nación dinka, un lugar donde se siente mucho más respaldado. Todos los grupos opositores estan en desacuerdo.

Mientras, la hambruna avanza más rápido de lo esperado por zonas que no estaban afectadas hace un mes como el Estado de Aweil, donde la población civil ya está comiendo hojas de los árboles; Cinco millones de personas ya están en riesgo de morir de hambre y dependen solamente de la ayuda humanitaria. Los accesos están cortados por los soldados del Gobierno, que han creado enormes bolsas de territorio desabastecido para que no hagan falta las balas.

Los datos del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y de la Alta Comisaría para los Refugiados (Acnur) indican que desde que comenzó el conflicto, en 2013, en Sudán del Sur ya han sido asesinados más de mil niños y alrededor de 1,4 millones han sido desplazados internamente. Cerca de tres cuartas partes de los niños y niñas del país, no van a la escuela, lo que representa el porcentaje más alto de menores de edad no escolarizados a nivel mundial.

Así, cada día que pasa, el país o lo que queda de él, se va consumiendo en una guerra atroz, de espaldas a la opinión pública internacional. Esta es una guerra de pobres donde nadie cuenta con armas químicas ni aviones para lanzarlas, pero sí con machetes, hachas y armas cortas, instrumentos ya probados en Ruanda para cometer genocidios. Coincidiendo con el aniversario de la masacre tutsis ocurrida hace 23 años en este país, Naciones Unidas  ha advertido hace meses de la posibilidad de un genocidio en Sudán del Sur “como el de Ruanda”.

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